Preservemos nuestra arma más potente para el tratamiento del paludismo
Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud
Señoras y señores:
En el informe que hoy presentamos se expone un plan de alto nivel para preservar el arma más potente de que disponemos para el tratamiento del paludismo: las artemisininas. Estos fármacos son el componente esencial de los tratamientos combinados basados en las artemisininas, o TCA.
Los TCA se consideran el referente, puesto que constituyen la terapia de mayor eficacia contra el paludismo por Plasmodium falciparum, la forma más letal de la enfermedad.
El tratamiento combinado es una estrategia concebida expresamente para retrasar la aparición de la farmacorresistencia, inevitable cuando cualquier antipalúdico se utiliza ampliamente y, sobre todo, de forma imprudente.
Los TCA desencadenan un doble ataque contra el parásito causante del paludismo. Al combinar fármacos con distintos mecanismos de acción y períodos de actividad, los TCA aumentan la probabilidad de que, si el primer fármaco no mata todos los parásitos, sea el segundo el que acabe con ellos definitivamente.
La utilidad de estos tratamientos se está viendo amenazada.
En 2008 surgieron en la frontera entre Camboya y Tailandia las primeras sospechas de resistencia a las artemisininas, que quedaron confirmadas en 2009. En la subregión del Gran Mekong se han detectado otros focos sospechosos que aún no se han confirmado.
Esta zona del mundo es el epicentro histórico de la aparición de plasmodios resistentes a los fármacos. La historia nos enseña qué podemos esperar.
Durante las últimas décadas hemos perdido un antipalúdico de primera línea tras otro: la resistencia aparecía, se arraigaba y luego se propagaba rápidamente por todo el mundo, haciendo que esos fármacos resultasen inútiles.
Hoy, poniendo en marcha este plan mundial, la OMS, junto a los asociados de la Alianza para Hacer Retroceder el Paludismo, está tratando de acabar con ese patrón histórico. Por eso instamos a la comunidad internacional a no desaprovechar una oportunidad sin precedentes.
Nos hemos fijado un objetivo sumamente ambicioso: detener en seco la resistencia a las artemisininas en cuanto aparece y, de ese modo, evitar, o al menos retrasar significativamente, su propagación internacional.
¿Por qué tenemos ahora esta oportunidad sin precedentes en la historia del control del paludismo?
Gracias al reciente aumento de las investigaciones, hemos logrado comprender mucho mejor el paludismo y los mecanismos de la farmacorresistencia. Permítanme dar las gracias a los investigadores que trabajan en cientos de instituciones de todo el mundo, incluso en los países donde el paludismo es endémico.
Gracias a la labor de todos ellos la OMS ha podido recopilar, examinar y estandarizar a fines de análisis la mayor colección nunca vista de estudios sobre la eficacia de los antipalúdicos.
La vigilancia ha alcanzado proporciones nunca vistas. Desde 2001 lleva funcionando en la frontera entre Camboya y Tailandia un sistema de seguimiento intensivo de la eficacia de los tratamientos. Además, se ha elaborado un protocolo de investigación estandarizado para contribuir a ese tipo de vigilancia en otros lugares.
Nunca antes se habían detectado con tanta antelación las pequeñas variaciones iniciales en la sensibilidad del parásito. Nunca antes se había contado con los instrumentos y estrategias necesarios para tratar de detener la aparición y propagación de la farmacorresistencia en su origen.
Nunca antes habíamos contado con un compromiso de tan alto nivel para lograr ese propósito, para estar un paso por delante antes de que se produzcan algunos de los contratiempos que la historia nos ha enseñado a esperar.
Creemos que el plan tiene muy buenas posibilidades de prosperar y, sobre todo, la comunidad internacional tiene el deber de aprovechar esta oportunidad. Si fracasamos, es demasiado lo que está en juego.
No creo que exagere si afirmo que las consecuencias de una propagación generalizada de la resistencia a las artemisininas serían catastróficas.
Después de décadas de estancamiento en la lucha contra el paludismo, los renovados esfuerzos están produciendo finalmente resultados impresionantes, como una llamativa reducción de las tasas de transmisión y del número de defunciones. Estos resultados son alentadores y vienen a sumarse al creciente impulso dado a la reducción de la enorme carga de paludismo, especialmente en el África subsahariana.
La propagación de la resistencia a las artemisininas y la pérdida de eficacia de los TCA podrían hacer que se pierdan muy rápidamente unos logros tan arduamente alcanzados y socavar la convicción de que el paludismo puede ser derrotado.
Si los TCA comienzan a fallar, muchos países endémicos no tendrán nada con qué reemplazarlos. La mayoría de los antipalúdicos más antiguos han perdido totalmente su eficacia a causa de la farmacorresistencia. Pese a los grandes esfuerzos desplegados para desarrollar nuevos tipos de antipalúdicos, no disponemos de productos que puedan sustituirlos en un futuro inmediato.
El número estimado de casos de paludismo, pese a estar disminuyendo, sigue siendo de 223 millones al año. Dejar a un número tan grande de personas sin tratamiento eficaz sería una tragedia inconcebible.
Señoras y señores:
Voy a tratar otras dos cuestiones.
La primera es que el plan de contención no desvía recursos ni energías. Básicamente, las recomendaciones destinadas a contener la resistencia representan lo que hay que hacer para luchar contra el paludismo en todos los países endémicos.
Tenemos que seguir reduciendo la transmisión, ya sea mediante la difusión de mosquiteros tratados con insecticida o aumentando la fumigación de interiores con insecticidas de acción residual.
Los países tienen que dejar de dispensar TCA a todos los niños con fiebre. Esos tratamientos deben manejarse como si fueran productos valiosos y frágiles, y suministrarse sólo después de haber realizado una prueba que confirme el diagnóstico.
Esta recomendación es totalmente factible. En la actualidad existen pruebas de diagnóstico rápidas, económicas y de calidad garantizada que pueden utilizarse incluso a nivel comunitario.
Debemos garantizar que todos los pacientes con un diagnóstico confirmado de paludismo reciban los mejores fármacos de calidad garantizada. Debemos esforzarnos más para impedir la venta de medicamentos falsificados o de calidad inferior a la norma. Debemos impedir que ciertos mercachifles sigan vendiendo pastillas sueltas en lugar de suministrar tratamientos completos.
Tenemos que prohibir la comercialización de tratamientos que contengan solo artemisinina y que, por tanto, carecen del doble poder que caracteriza los tratamientos combinados.
Estas prácticas deben evitarse porque aceleran el desarrollo de la farmacorresistencia y además socavan las buenas prácticas generales de control del paludismo.
La segunda cuestión que deseo tratar es la siguiente. Aunque estemos poniendo en marcha un plan mundial a comienzos de 2011, eso no significa ni mucho menos que no se hayan adoptado ya toda una serie de medidas enérgicas.
Las medidas de contención comenzaron inmediatamente en la frontera entre Camboya y Tailandia a finales de 2008, incluso antes de que se confirmara la aparición de la farmacorresistencia. Casi el 100% de los hogares disponen de mosquiteros tratados con insecticida.
Para diagnosticar y tratar el paludismo se han creado centros de salud que prestan servicios las 24 horas del día de forma gratuita y pueden dispensar TCA de calidad garantizada. El seguimiento intensivo de la eficacia terapéutica sigue su curso.
Lo que se pretende conseguir con el plan mundial es añadir una nueva salvaguardia ampliando la vigilancia y las medidas preventivas a todos los países endémicos.
La aparición de la resistencia a las artemisininas ha sido una llamada de atención que nos ofrece otra razón de peso para reforzar con la mayor urgencia las medidas de control ya en vigor.
En el plan mundial se explica claramente lo que hay que hacer. Albergo el sincero deseo de que la comunidad internacional no deje de aprovechar esta oportunidad sin precedentes.
Gracias.