Directora General

Mejor acceso a los medicamentos genéricos

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Palabras de apertura del simposio técnico conjunto de la OMS, la OMPI y la OMC acerca del acceso a los medicamentos, la información sobre patentes y la libertad para operar
Ginebra (Suiza)

18 de febrero de 2011

Señor Pascal Lamy, doctor Francis Gurry, distinguidos expertos, señoras y señores:

Me complace ser la anfitriona de esta reunión en la OMS y darles la más cálida bienvenida a todos ustedes.

Al centrar la atención de estas discusiones técnicas en el acceso a los medicamentos, nos situamos en un terreno común al mandato y la capacidad técnica de nuestros respectivos organismos y ello nos faculta para abordar uno de los asuntos más apremiantes en el campo de la salud pública.

La salud pública necesita innovación y tener acceso a productos médicos de buena calidad. Ambas son necesidades de larga data. Pero ciertas tendencias de aparición reciente han obligado a los gobiernos de todas partes a examinar la eficiencia y la equidad de sus servicios de salud. Esto exige examinar de cerca los gastos farmacéuticos, lo que a su vez suscita las cuestiones de asequibilidad, en particular el acceso a los productos médicos genéricos.

La crisis económica le asestó un golpe repentino al mundo. El dinero escasea y la salud pública, tanto en los distintos países como en el plano internacional, está pasando estrecheces. En la nueva era de austeridad económica, las iniciativas y organismos de salud, como el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, la Alianza GAVI y la propia OMS, afrontamos graves déficit financieros.

Desde comienzos de siglo la salud pública ha conocido una racha de triunfos. En efecto, la década pasada trajo consigo notables adelantos sanitarios, gracias en gran medida a la ampliación de la distribución de bienes, especialmente medicamentos y vacunas. A guisa de ejemplo, el año pasado el número de defunciones de niños pequeños descendió en todo el mundo hasta alcanzar la cifra más baja en casi seis décadas.

Nadie quiere que el impulso actual se desvanezca. La gran pregunta que se impone en este momento es: ¿podremos mantener el terreno ganado en esta era de austeridad?

Los costos de la asistencia sanitaria están aumentando, y también están al alza las expectativas de la gente al respecto. Las ambiciones de los funcionarios de salud pública siguen el mismo camino y cada vez más gobiernos se proponen alcanzar la cobertura universal y ampliar la protección a los enfermos y los pobres.

Las exigencias aumentan a medida que las enfermedades crónicas no transmisibles desplazan la carga de los grupos de población prósperos a los pobres y desatendidos. Padecimientos como las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial, la diabetes sacarina y el cáncer representan hoy en día el 80% de la carga de morbilidad en los países de ingresos bajos y medianos. Muchos de estos pacientes necesitarán un acceso prolongado, cuando no de por vida, a los medicamentos.

¿Quién va a pagar la factura? ¿De qué manera esta tendencia afectará a la tentativa laudable de alcanzar la cobertura universal?

Habida cuenta de la concentración de las enfermedades mencionadas entre los pobres, tenemos que lograr que el tratamiento de las enfermedades crónicas sea más asequible. Son esas enfermedades las que harán saltar la banca de los sistemas de salud del mundo en desarrollo.

Hoy por hoy, la salud pública se ve atrapada entre dos fuegos: por un lado, unas expectativas y ambiciones en aumento; y por otro lado, un alza de las exigencias y los costos. Y esto sucede precisamente en un momento en que los fondos ya no aumentan o incluso disminuyen.

En el Informe sobre la salud en el mundo del año pasado se establecieron políticas y medidas prácticas para financiar los servicios de salud, haciendo un gran hincapié en avanzar hacia la cobertura universal. Casi todos los países quieren emprender ese camino pero están preocupados por los costos.

En el informe se recalcan correctamente algunas formas de mejorar la eficiencia en la prestación de la asistencia sanitaria. Permítanme darles un ejemplo destacado.

En el informe se calcula que los países podrían ahorrarse alrededor de un 60% de sus gastos farmacéuticos si en lugar de medicamentos originales comprasen productos genéricos. Pero esto solo lo hacen unos pocos países ricos y de ingresos medianos. Un problema crónico es la carencia de capacidad de compras y reglamentación en muchos países en desarrollo. En fecha más cercana, tanto la compra como la producción de productos genéricos de bajo precio se ha dificultado aun más por otra tendencia: la internacionalización de la protección de las patentes.

Con anterioridad al acuerdo sobre los ADPIC, los países estaban en libertad de no conceder patentes a los medicamentos. Los funcionarios de salud podían comprar medicamentos genéricos baratos sin tener que considerar la situación de la patente. Eso se acabó.

Hoy en día, los funcionarios de salud que aspiran a ejecutar eficientemente su presupuesto mediante la adquisición de productos genéricos de menor costo deben tener un buen conocimiento de la situación de las patentes. Esto ha creado la necesidad imprescindible de contar con capacidad para gestionar y aplicar las normas sobre propiedad intelectual en el mundo en desarrollo.

Señoras y señores:

Los asuntos que vamos a examinar hoy tienen que ver con la necesidad de que haya datos más transparentes y accesibles sobre las patentes para apoyar las decisiones sobre la libertad para operar.

La Estrategia mundial y plan de acción sobre salud pública, innovación y propiedad intelectual pide expresamente que haya acceso a bases de datos mundiales donde se concentre la información pública sobre la situación administrativa de las patentes relacionadas con la salud.

El año pasado, las regiones de Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental de la OMS publicaron conjuntamente una guía en la que se explica paso a paso la forma de realizar búsquedas de patentes de medicamentos. Más tardé tendrán la oportunidad de escuchar al autor de esta guía, Tahir Amin.

La finalidad de la guía es ayudar a los funcionarios de salud a navegar más fácilmente en un mar de información sobre las patentes que es complejo, a veces turbio y a menudo plagado de escollos. También escucharán un informe sobre la situación de las patentes de los productos incluidos en la lista modelo de medicamentos esenciales de la OMS. Aprovecho para agradecer al personal de la OMPI por haber facilitado la colaboración de la OMS con el Franklin Pierce Law Center de la Universidad de Nueva Hampshire.

La lista modelo, que empezó en 1977, ayuda a enfocar las prioridades del sector farmacéutico en su conjunto. Permiten impartir más calidad a la asistencia, mejorar la gestión de los medicamentos y usar con costoeficacia los recursos sanitarios.

El precio de los medicamentos ha sido una consideración importante para su inclusión en la lista, no así la situación de las patentes. Los pocos estudios acerca de la situación de las patentes de los medicamentos de la lista, realizados en 1991 y 2004, indicaron que entre 5% y 6% estaban protegidos de alguna manera por una patente.

En el estudio que conocerán hoy se examinó la situación de las patentes de los 58 medicamentos agregados a la lista desde 2033 en muchos países. Los resultados constituirán una guía importante para los países que pretenden comprar medicamentos esenciales a los precios más asequibles.

Señoras y señores:

Quiero hacer una observación final.

En las últimas semanas, todos los ojos se han concentrado en las escenas de disturbios civiles en el Oriente Medio. Muchos de los líderes que asistieron al Foro Económico Mundial en Davos vincularon esos disturbios y la inestabilidad consiguiente a la incapacidad de los gobiernos para mejorar la vida de la población.

Señalaron como factores la pobreza crónica, el gran número de jóvenes desempleados, el alza de los precios de los alimentos y, por encima de todo, las grandes desigualdades que hay dentro de los países y entre estos. En opinión de esos líderes, el nuevo imperativo político y económico es reducir los desequilibrios a escala mundial.

Creo que esas observaciones se extienden al sector de la salud.

Lo traigo a colación porque estoy convencida de que subraya la índole sumamente importante de la labor conjunta de nuestros tres organismos. Mejorar el acceso a los medicamentos es una forma fundamental y factible de mejorar la equidad y distribuir más uniformemente los beneficios del progreso.

Un mundo con un gran desequilibrio en materia de salud no es estable ni seguro.

Muchas gracias.

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