Directora General

Las enfermedades no transmisibles minan la salud, incluida la salud económica

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Alocución pronunciada en la Reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre enfermedades no transmisibles.
Nueva York, Estados Unidos de América

19 de septiembre de 2011

Excelencias, Jefes de Estado, Jefes de Gobierno, Ministros, señor Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, señor Secretario General, Su Alteza Real la Princesa Dina Mired, distinguidos delegados, señoras y señores:

En primer lugar, quisiera elogiar el liderazgo y valor que están demostrando en la lucha contra las enfermedades no transmisibles. Tengo el honor de dirigirme a ustedes, y lo hago con la firme convicción de que esta reunión ha de servir de toque de alarma.

Pero no para los profesionales de la medicina y la salud pública. Nosotros estamos ya muy alertas, y hondamente preocupados. Conocemos las estadísticas y las tendencias ominosas que se ciernen hoy sobre todo el planeta. Sabemos lo que nos espera.

En este mismo momento, profesionales médicos y sanitarios atienden a pacientes, dispensan atención crónica, manejan complicaciones y discapacidades, expiden facturas médicas y constatan con desesperación los enormes gastos que han de sufragar las familias y la sociedad. Abogamos por la introducción de cambios en los modos de vida y por una regulación estricta del tabaco.

Sin embargo, los ministerios de salud por sí solos no pueden transformar la sociedad en la medida necesaria para proteger a poblaciones enteras de los riesgos, bien conocidos y fácilmente modificables, que conducen a esas enfermedades. Y eso es precisamente lo que debería ocurrir. Esta reunión debe ser una llamada de alerta para los gobiernos al máximo nivel.

Este evento ha de ser decisivo, con un antes y un después claramente diferentes. La ignorancia, la complacencia y la inercia deben dar paso a la sensibilización, la alarma, y la adopción de medidas idóneas e inmediatas.

Y esa responsabilidad corresponde a los jefes de Estado, porque el problema es tan vasto y tiene tantas facetas que no puede ser afrontado por un solo ministerio.

Porque el incremento de estas enfermedades está determinado por fuerzas universales muy poderosas, como la rápida urbanización y unos modos de vida malsanos. Porque la respuesta a esas tendencias debe ser igualmente poderosa, en forma de acción de alto nivel que dirija las políticas de protección adecuadas en todos los sectores gubernamentales.

Señoras y señores,

El aumento mundial de las enfermedades no transmisibles es un desastre a cámara lenta, pues la mayoría de estas enfermedades se gestan a lo largo de muchos años. Pero los modos de vida malsanos que dan lugar a estas enfermedades se están propagando muy rápida y ampliamente.

Comprendo que algunos países en desarrollo se consideren embestidos por sorpresa por estas enfermedades, concentradas inicialmente en sociedades prósperas que cuentan con una gran capacidad de I+D para desarrollar tratamientos cada vez mejores.

Cuando se dispone de medicamentos para reducir la tensión arterial, disminuir el colesterol y mejorar el metabolismo de la glucosa, la situación parece de alguna manera controlada. Pero esa sensación es engañosa y oculta la necesidad urgente de un cambio de política.

No se están abordando las causas últimas de estas enfermedades, una muestra reveladora de lo cual es el problema generalizado de obesidad que estamos observando. A nivel mundial, las tasas de obesidad se han casi duplicado desde 1980.

En este mundo hay más de 40 millones de niños en edad preescolar que son obesos o tienen exceso de peso. En este mundo, más del 50% de la población adulta de algunos países presenta obesidad o exceso de peso.

La obesidad es una señal de que hay algo que se está haciendo muy mal en el plano normativo. Un problema generalizado de obesidad en una población no es el reflejo de una falta de voluntad de los individuos, sino del fracaso de las políticas adoptadas al máximo nivel.

Los alimentos elaborados, con alto contenido de sal, grasas trans y azúcares, se han convertido en el nuevo alimento básico en casi todo el mundo. Fácilmente accesibles y ampliamente comercializados, para un número creciente de personas esos alimentos son la opción más barata para calmar el hambre.

El mundo debe sin duda alimentar a sus casi 7000 millones de habitantes, pero no necesariamente con comida basura.

Al igual que no se puede ocultar la obesidad, es imposible ocultar el enorme costo de estas enfermedades para la economía y la sociedad.

Estas son las enfermedades realmente arruinadoras. Si no se les pone freno, pueden contrarrestar los beneficios del progreso económico. En algunos países, por ejemplo, solo la atención dispensada contra la diabetes consume nada menos que un 15% del presupuesto nacional dedicado a la salud.

En un estudio reciente del Foro Económico Mundial y la Universidad de Harvard se estima que en los próximos 20 años las enfermedades no transmisibles le costarán a la economía mundial más de US$ 30 billones, lo que representa el 48% del PIB mundial en 2010.

En muchas partes del mundo en desarrollo, estas enfermedades crónicas se detectan tardíamente, cuando los pacientes necesitan una intensa y muy costosa atención hospitalaria por complicaciones graves o eventos agudos. La mayor parte de la atención dispensada contra estas enfermedades se sufraga mediante pagos directos, que desembocan en gastos médicos catastróficos.

Por todas estas razones, las enfermedades no transmisibles asestan un doble golpe al desarrollo. Causan pérdidas de miles de millones de dólares en los ingresos nacionales, y empujan a millones de personas por debajo del umbral de pobreza, un año tras otro.

Señoras y señores,

Estas enfermedades nos arruinan, pero son en gran parte prevenibles si se aplican medidas costoeficaces, y con algunas se puede recuperar con creces la inversión.

Por ejemplo, la plena aplicación del Convenio Marco para el Control del Tabaco sería el máximo azote para las cardiopatías, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias.

Hago desde aquí un llamamiento a los jefes de Estado y de Gobierno a fin de que muestren la máxima firmeza ante los viles esfuerzos desplegados por la industria tabacalera para subvertir este tratado. Debemos oponer resistencia a todas sus tácticas, patentes y sumamente agresivas.

En cuanto a la reducción de la demanda, el aumento del precio del tabaco y de los impuestos correspondientes es la medida más eficaz. No solo protege la salud, sino que además genera ingresos considerables. Lo mismo ocurre con los impuestos sobre el alcohol.

La sal que contienen los alimentos elaborados es una de las principales razones de que la ingesta diaria de sal supere el nivel recomendado por la OMS en la mayoría de los países. La reducción de la sal es una de las intervenciones de salud pública más costoeficaz, factible y asequible. A nivel individual, es posible proteger a las personas con alto riesgo de enfermedad cardiovascular con un régimen de medicamentos genéricos de muy bajo costo.

Señoras y señores,

Como he señalado antes, esta reunión de alto nivel sobre las enfermedades no transmisibles ha de ser un acontecimiento decisivo.

Si no actuamos urgentemente, el creciente costo financiero y económico de estas enfermedades alcanzará niveles que superarán incluso la capacidad de respuesta de los países más ricos del mundo.

Excelencias, está en su mano contener e invertir la tendencia del desastre que suponen las enfermedades no transmisibles. Está en su mano proteger a la población y mantener bien encaminadas las actividades en pro del desarrollo.

Muchas gracias.

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