Directora General

Los mejores días de la salud pública aún están por llegar, declara la Directora General de la OMS

Dra. Margaret Chan
Directora General de la OMS

Alocución a la 65.ª Asamblea Mundial de la Salud
Ginebra, Suiza

21 de mayo de 2012

Señora Presidenta, excelencias, honorables ministros, distinguidos delegados, señoras y señores:

Por sexta ocasión me dirijo a la Asamblea de la Salud como Directora General y todavía me pongo nerviosa. Pero lo que tengo que decirles es importante.

En el ámbito de la salud pública las décadas a veces reciben un nombre determinado. Los años setenta del pasado siglo, por ejemplo, fueron una década de esperanza que culminó en el movimiento de salud para todos bajo la conducción del doctor Halfdan Mahler. En poco tiempo, la esperanza se desvaneció a causa de una crisis del petróleo, otra de la deuda, una recesión económica y la imposición de programas de ajuste estructural que obligaron a los gobiernos a recortar el presupuesto de los servicios sociales, el de la asistencia sanitaria entre ellos.

A los años ochenta se los llamó «la década perdida del desarrollo». Al cabo de un dilatado periodo de progresos sostenidos, extensas partes del mundo en desarrollo cayeron en una pobreza aún más profunda. Privados de financiación, los servicios de salud comenzaron a venirse abajo.

Los daños se prolongaron al siguiente decenio. Salvo contadas excepciones, en los años noventa los progresos en el campo de la salud pública fueron escasos, y la salud colectiva llegó a considerar-se un gasto en vez de una inversión.

La primera década del siglo XXI también ha recibido un nombre: muchos la describen como «la época dorada del desarrollo sanitario», y con toda la razón. Por vez primera, la salud ha pasado a ocupar el primer lugar en el programa de desarrollo socioeconómico, gracias a la labor de la doctora Gro Harlem Brundtland, en particular el informe sobre macroeconomía y salud que mandó elaborar.

Al comienzo de la década, los Objetivos de Desarrollo del Milenio pusieron de manifiesto cuánto ha cambiado la manera como se concibe la salud pública, que ya no es una supuesta fuga de recursos sino un motor del progreso socioeconómico.

En esa década de oro, los gobiernos, tanto de los países donantes como de los beneficiarios, hicieron del programa de desarrollo sanitario una prioridad. El dinero destinado a tal fin ha aumentado más del triple y con ello se han logrado resultados de envergadura, con efectos particularmente intensos en las defunciones causadas por el sida, la tuberculosis, el paludismo y las enfermedades propias de la infancia.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio representaron un acicate para poner de manifiesto lo mejor del ingenio y la capacidad creativa del ser humano, dejando una gran herencia de innovaciones.

En una lista extensa de estas, sobresalen las vacunas, los medicamentos y los medios de diagnóstico nuevos; las nuevas formas de estimular la investigación y el desarrollo en relación con las enfermedades de los pobres; y los nuevos mecanismos de financiación del desarrollo sanitario, como la Alianza GAVI, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y el UNITAID.

El decenio ya pasó, y habrá observadores que digan que con él llegó a su fin la época dorada del desarrollo sanitario. Los más acerbos dirán lo que para muchos puede ser verdad: una crisis financiera vino a arruinar la mejor oportunidad que jamás tuvimos de aliviar la pobreza y conseguir que este mundo tan desigual lograra mayor equidad y equilibrio. Estoy en total desacuerdo con semejante afirmación. Creo firmemente que la mejor época de la salud pública aún está por venir y que no es cosa del pasado.

Bien es verdad que el dinero escasea y que el futuro de la situación económica mundial se ve dudoso. Los funcionarios sanitarios, los asociados para el desarrollo y la OMS están vigilando estrechamente los fondos. Nadie le resta importancia al dinero, pero hay muchos otros factores que impulsan el progreso en nuestro campo.

En mis visitas recientes a varios países, he observado ejemplos de éxito muy estimulantes; los logros extraordinarios que se registran sobre el terreno me infunden optimismo. El impulso sin precedentes que a principios del presente siglo se dio al mejoramiento de la salud continúa; en condiciones distintas, es verdad, pero incluso más sólidas.

Señoras y señores: la importancia del sentido de propiedad y el liderazgo nacionales se nos re-vela constantemente. La India no habría podido mejorar extraordinariamente las perspectivas de erra-dicar la poliomielitis sin la apropiación total del programa por parte del Gobierno. El Gobierno de la India merece nuestras felicitaciones por este logro colosal.

La firme decisión de Ghana de erradicar la dracunculosis ha encajonado esta parasitosis en su último reducto, el Sudán del Sur. En el primer trimestre de 2012, el número de casos de esta enferme-dad disminuyó el 67% por comparación con el año anterior, y actualmente apenas sobrepasa los 100 casos.

Estuve en Namibia en abril, donde el ministro de salud, que es un experto en la lucha antivectorial, encabeza un grupo de ocho países africanos vecinos que han aunado esfuerzos para eliminar el paludismo en pocos años. Para apoyarlos en su cometido, la OMS ha preparado una serie completa de manuales técnicos sobre las pruebas diagnósticas, el tratamiento y la vigilancia de la enfermedad. Es-tos países son ambiciosos, están decididos y tienen muy claro el problema con que se enfrentan, y tienen muchas probabilidades de lograr lo que se han propuesto.

El mes pasado también pasé por Omán, donde conocí los resultados de una iniciativa conjunta de la Unión Europea y la OMS para fortalecer la capacidad del país para responder a los brotes epidémicos y los desastres naturales. Se trata de un ejemplo espléndido de un enfoque que engloba a la totalidad del Gobierno, pues más de 30 sectores y departamentos de este colaboran para aumentar la capacidad de respuesta.

En su lucha por hacer que un producto mortífero se presente en un envase sin adornos, Australia encabeza la resistencia frente a la arremetida más reciente de tácticas agresivas de la industria tabacalera. Ningún gobierno que se proponga implantar medidas para proteger la salud de los ciudadanos debería sentirse intimidado por una industria, menos aún por un sector con tan mala reputación como las grandes empresas tabacaleras.

Con motivo de las negociaciones en torno a la preparación para hacer frente a la gripe pandémica, Indonesia, con la adhesión de muchos otros países, impulsó un sistema más justo y equitativo para compartir las responsabilidades y el acceso a los beneficios en pie de igualdad. El resultado ha sido un marco precursor que amplía la cooperación tradicional en los sectores públicos relacionados con la salud a fin de incluir contribuciones anuales y compromisos firmes de la empresa privada en nombre de la salud colectiva.

Habida cuenta de mi dedicación a las mujeres, agradezco a los países nórdicos y el Canadá la promoción infatigable que hacen del empoderamiento de las mujeres, la igualdad entre los sexos y los derechos humanos, y por predicar con el ejemplo.

En varios estudios recientes se ha aconsejado a la comunidad internacional que dirijan la mirada a los países del grupo BRICS —el Brasil, la Federación de Rusia, la India, China y Sudáfrica— como una forma de mantener el impulso en pro de una mejor salud. Estos países se han convertido en los mayores proveedores de medicamentos esenciales, bajo la forma genérica asequible, para beneficio del mundo en desarrollo. Además, representan un modelo alternativo de desarrollo sanitario en el que sobresale la transferencia de tecnología basada en alianzas igualitarias y no en el patrón tradicional de donante y receptor.

Algunos de estos países necesitan ayuda para mejorar las normas de control de calidad y la reglamentación farmacéutica. La OMS los está apoyando; el año pasado, al cabo de una extensa colaboración técnica, la OMS otorgó la precalificación a la Dirección General de Alimentos y Medicamentos de China. En cuanto la OMS precalifique las distintas vacunas, la capacidad del país para producirlas en grandes cantidades y a precios bajos vendrá a revolucionar el suministro y la adquisición de estos productos.

Otro motivo de aliento lo encuentro en el lugar privilegiado que se está concediendo a la salud en muchas organizaciones regionales de índole política y económica, y en los organismos internacionales.

En noviembre pasado tuve la oportunidad de dirigir la palabra al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para señalar a su atención la amenaza que plantean las enfermedades emergentes y las epidemiógenas. Al mismo tiempo, les aseguré que la OMS se vale de un complejo sistema de vigilancia electrónica que permite reunir información epidemiológica especial al instante. Es raro que algo nos tome por sorpresa. La OMS puede poner en marcha una respuesta internacional en un plazo de 24 horas. Esto puede hacerse gracias al apoyo de todos ustedes mediante la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos, pero también a la capacidad de nuestras oficinas en los países para gestionar visados, desaduanar suministros y coordinar cada paso con los ministerios de salud. Ningún otro organismo puede hacer esto.

Tienen ante ustedes un informe sobre los progresos realizados en la creación de las capacidades básicas necesarias para aplicar el Reglamento Sanitario Internacional (2005). Les pido que nos orienten y asesoren para lograr la aplicación cabal del Reglamento.

Señoras y señores: es así como se manifiesta el liderazgo de la OMS, que a menudo logra resultados enormes con inversiones pequeñas pero acertadas.

La nueva vacuna contra la meningitis, desarrollada gracias a un proyecto coordinado por la OMS y PATH, se está empezando a aplicar y entraña la promesa de poner fin a las epidemias estacionales en el cinturón de la meningitis de África. El rendimiento económico puede ser enorme, pues un solo caso de meningitis puede costar a una familia el equivalente de tres a cuatro meses de ingre-sos. Y organizar una campaña de vacunación de emergencia para atajar una epidemia puede absorber hasta un 5% del presupuesto sanitario total de un país.

Gracias al liderazgo de la OMS, las enfermedades tropicales desatendidas pasaron de la oscuridad al primer plano. Estas enfermedades «cenicientas», por mucho tiempo arrinconadas y menospreciadas, son un ejemplo de ascenso espectacular.

En enero, una empresa farmacéutica prometió multiplicar por diez su contribución al tratamiento preventivo de la esquistosomiasis, y alcanzar los 100 millones de tratamientos al año en 2016.

La OMS administra la distribución de la mayoría de los medicamentos donados para controlar las enfermedades tropicales desatendidas. Gracias al compromiso mencionado, la Organización puede ahora proteger de la esquistosomiasis a todos los niños de África en edad escolar.

Podemos saturar esa parte del mundo con medicamentos que eliminarán de todos los escolares los gusanos parásitos y los huevecillos que entorpecen su capacidad de aprendizaje, dañan su desarrollo cognoscitivo y menoscaban su estado de nutrición. Se trata de un regalo para la salud infantil, pero también para los sectores de la educación y de la nutrición.

El año pasado, la OMS recomendó que se prohibieran las pruebas sanguíneas comerciales inexactas y caras para diagnosticar la tuberculosis activa. Hace una semana, el país donde se practicaba el mayor número de estas pruebas, especialmente por médicos privados, dio a conocer una ley que prohíbe estas pruebas a nivel nacional. Cada año se realizan más de un millón de estas pruebas sanguíneas engañosas, a menudo con gran peligro y a un costo elevado para los pacientes, quienes pueden llegar a pagar hasta US$ 30 por la prueba. Consideren lo que estamos ahorrando.

A raíz de la publicación del Informe sobre la salud en el mundo de 2010, sobre la financiación de los sistemas de salud, más de 60 países han acudido a la OMS en demanda de apoyo técnico para apoyar sus planes de lograr la cobertura universal.

Lo que estamos atestiguando va en contra de los antecedentes históricos, cuando los servicios sociales se recortaban cuando el dinero escaseaba. Estoy segura de que esta tendencia a aumentar la cobertura representa una señal muy poderosa. A pesar de la intensificación de la austeridad fiscal, prevalece la voluntad de hacer lo justo y lo correcto por la salud de los pueblos.

Todos estos ejemplos y todas mis experiencias personales en los cinco últimos años me llevan a una conclusión ineludible: la cobertura universal es el concepto más poderoso que la salud pública puede ofrecer. La cobertura universal atañe a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Es un poderoso igualador que borra las distinciones entre ricos y pobres, entre privilegiados y marginados, entre jóvenes y viejos, entre distintos grupos étnicos, entre mujeres y hombres.

La cobertura universal representa la mejor manera de consolidar los adelantos logrados en la década precedente. Es la mayor expresión de equidad, el fundamento de la labor de la OMS a medida que seguimos adelante.

Señoras y señores: estos ejemplos hacen que me sienta optimista en estos momentos que para muchos son especialmente desalentadores. También sirven de orientación sobre las estrategias y los enfoques que ayudarán a mantener el impulso a favor de la salud en los años por venir.

Permítanme mencionar tres grandes áreas de orientación.

En primer lugar, es necesario volver a los principios básicos, como la atención primaria de salud, el acceso a los medicamentos esenciales y la cobertura universal. Es preciso cambiar para prosperar, desarrollar una sed de eficiencia y una intolerancia del desperdicio. Cuando un gobierno se compromete a lograr la cobertura universal, examina atentamente lo que se desperdicia y las ineficiencias.

A escala internacional, cambiar para prosperar significa aprovechar las iniciativas como la Alianza Sanitaria Internacional o la Armonización para la Salud en África. Significa también simplificar e integrar los programas sanitarios, como se está haciendo en el caso de los planes para garantizar que los recién nacidos no se infecten con el VIH. Esto significa poner a los países a la cabeza de las actividades, hacerlos dueños plenos de lo que se está haciendo para mejorar la salud de sus pueblos. De esa manera el gobierno se gana la confianza de sus ciudadanos, los votantes. Esto significa, en fin, usar las oficinas sobre el terreno de la OMS como un recurso para fomentar el diálogo y la coordinación de políticas, a fin de procurar que la ayuda para el desarrollo sanitario ayude al país a lograr la autosuficiencia. La ayuda positiva se canaliza de manera de fortalecer la infraestructura y las capacidades existentes. La mejor ayuda es la que se propone eliminar la necesidad de más ayuda.

En segundo lugar, a medida que aumentan las expectativas del público, se disparan los costos y se reducen los presupuestos, debemos recurrir a la innovación como nunca lo hemos hecho antes. Y con esto me refiero al tipo correcto de innovación, es decir la que logra los mejores resultados porque responde a las necesidades e inquietudes de la sociedad y no busca tan solo obtener ganancias. En esta época, el verdadero genio de la innovación es la simplicidad. No es algo complejo, es la innovación estratégica y frugal que tiene como finalidad desarrollar una intervención que cambie todas las reglas del juego y que tenga como metas explícitas la facilidad de uso y un precio asequible. Estamos viendo una nueva ola de innovaciones que, me parece, los miembros de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud acogerán con sumo agrado, puesto que no solo examina las causas directas de las muertes evitables sino que también ahonda en los factores subyacentes. Permítanme transmitir mi re-conocimiento por los resultados de la reunión sobre los determinantes sociales de la salud que tuvo lugar el año pasado en Río de Janeiro.

Por ejemplo, el parto obstruido es una causa importante de mortalidad en las mujeres jóvenes y las adolescentes. Sin embargo, las verdaderas causas subyacentes son la pobreza y los sistemas de salud deficientes por falta de medicamentos, equipo, personal competente y transporte. El dispositivo Odón, cuyo desarrollo cuenta con el apoyo de la OMS y que en estos momentos se encuentra en la fase de ensayos clínicos, ofrece una solución sencilla y de bajo costo para asistir los partos y proteger a las parturientas cuando se prolonga el periodo expulsivo, además de la posibilidad de transferir la capacidad de salvar vidas a los puestos sanitarios rurales, que casi nunca cuentan con las instalaciones o el personal para practicar una cesárea. Si supera los ensayos, el dispositivo Odeón será el primer instrumento nuevo que se inventa para asistir el parto desde que hace cientos de años se empezaron a usar los fórceps y, posteriormente, los extractores al vacío.

A medida que promovemos la atención primaria de salud y la cobertura universal, no debemos permitir que el deterioro de las perspectivas económicas menoscabe la calidad de la atención clínica. La atención primaria de salud es costosa y no podemos permitir que se convierta en una versión de calidad inferior de lo que las personas reciben cuando pagan para recibir atención privada. No debemos olvidar nunca la importancia de la atención clínica de buena calidad y en este caso también ayuda la innovación frugal.

Hace unos pocos años, la OMS calculaba que cerca de un millón de personas moría cada año en todo el mundo a causa de errores quirúrgicos. Para solucionar este problema, adaptó una lista de verificación muy sencilla que habitualmente utilizan los pilotos en la industria de la aviación, una de las industrias más seguras del mundo. En 2008 se introdujo la lista de verificación de la seguridad quirúrgica de la Organización y, desde entonces, se la utiliza ampliamente, lo que ha permitido reducir de manera significativa los errores quirúrgicos.

Algunos estudios indican que, de aplicársela plenamente, se podría evitar casi la mitad de ese millón de muertes. Aprovechando estos resultados alentadores, la OMS ha elaborado una lista de verificación de la seguridad del parto para hacer frente al gran número de muertes maternas y neonatales evitables, en especial en los entornos de ingresos bajos.

¿De qué sirve ofrecer atención materna gratuita y lograr que una gran proporción de los partos se atiendan en establecimientos de salud, si la atención es de una calidad tan deficiente que puede incluso tornarse peligrosa?

En un estudio piloto de la lista de verificación, realizado en la India y publicado la semana pasada, se registró un aumento de 150% en el cumplimiento de las prácticas clínicas adecuadas de atención materna y perinatal en un entorno institucional. No hizo falta invertir más recursos; se trataba simplemente de una lista de verificación como la que utilizan los pilotos. Se está llevando a cabo un estudio aleatorizado controlado con el objeto de medir los efectos sobre la reducción de la morbilidad y la mortalidad, pero aún será necesario que transcurran algunos años para obtener los resultados. Mientras tanto, la OMS pronto publicará esta lista de verificación como parte de un llamamiento a la investigación colaborativa.

Hay otra muy buena razón para promover la innovación frugal. A diferencia de otros ámbitos del desarrollo tecnológico, como las computadoras o la telefonía móvil, los adelantos en los productos médicos casi siempre son más complejos y mucho más costosos. La complejidad hace que aumente el preció aún más, puesto que se necesita personal sumamente capacitado.

En algún punto chocamos contra una pared cuando proporcionar atención para las enfermedades no transmisibles, en particular el cáncer, o para los trastornos mentales, en particular los adultos mayo-res con demencia, se torna inasequible, incluso en los países más ricos. Para hacer frente a esta situación, la OMS ha puesto en marcha una iniciativa para desarrollar dispositivos adecuados de asistencia para la población en rápido envejecimiento, como los teléfonos celulares adaptados para personas con dificultades visuales y los dispositivos auditivos resistentes de bajo costo.

La asequibilidad es importante, pero también lo son la simplicidad y la facilidad de uso, puesto que permiten aliviar parte de la presión que se ejerce sobre la atención especializada y reducir aún más los costos. Imaginen ustedes las consecuencias para el bienestar y la calidad de vida. En los países en desarrollo, la OMS calcula que casi un 40% de los mayores de 65 años tienen alguna dificultad auditiva discapacitante.

Mi consejo a este respecto es breve: aprovechen la investigación, saquen partido de la ciencia. Adapten el programa de investigación y aprovechen cada una de las oportunidades que ofrecen los nuevos descubrimientos. La OMS lo hace de manera visible cuando examina las políticas y la orientación técnica sobre la infección por el VIH/sida, la tuberculosis y el paludismo. A modo de ejemplo, las pruebas científicas indican que la eliminación de la transmisión maternoinfantil del VIH es absolutamente posible, por lo que esta es ahora nuestra nueva meta operativa. Todo esto se hace para lograr la eficiencia: la ciencia realiza los avances y la salud pública los pone en práctica y los desarrolla aún más.

Señoras y señores: en este último año recibimos algunas buenas noticias para la salud y tenemos razón en sentirnos alentados. Sin embargo, nos quedan al menos dos grandes zonas peligrosas por delante.

Nuestros donantes financieros tradicionales están sometidos a una intensa presión nacional para demostrar que la asistencia oficial dirigida al desarrollo se está invirtiendo de una manera sensata. Los contribuyentes y los legisladores quieren ver resultados tangibles, rápidos y medibles que demuestren que el dinero está teniendo un buen rendimiento. Esto puede resultar peligroso, en particular en el caso de enfermedades como la infección por el VIH/sida.

En cierto sentido, nunca hemos estado en una mejor situación para hacer frente a esta devasta-dora epidemia y dejar atrás su pesada carga. Cada vez son más las pruebas de que el tratamiento antirretrovírico no solo salva vidas, sino que también sirve como una poderosa arma de prevención, puesto que reduce la transmisión sexual del VIH hasta en un 96%.

Lamentablemente, es poco probable que se alcance la meta establecida de lograr el acceso universal al tratamiento antirretrovírico. Tenemos buenas razones para creer que no se podrá cumplir el objetivo de las Naciones Unidas de que 15 millones de personas se encuentren en tratamiento para el año 2015.

En estos difíciles momentos económicos, veo una tendencia sumamente peligrosa: medir cuánta salud se puede comprar por un monto determinado de dinero. Sin duda es mucho más barato e inmediato salvar una vida mediante una vacuna que mantener viva a una persona que tiene sida. También representa una exigencia mucho menor para los servicios de salud.

En mi opinión, no se puede dar un valor monetario a la vida humana, ni se la puede devaluar o pretender lograr descuentos de esta manera.

Estos medicamentos son esenciales de por vida y la única alternativa éticamente aceptable es evitar de entrada las nuevas infecciones. Tenemos esa posibilidad, una posibilidad que aumenta a medida que se acumulan las pruebas científicas de la eficacia de los preservativos para hombres y mujeres, de los programas de reducción de daños, de los cambios en el comportamiento y de la circuncisión masculina. La pregunta crucial es si vamos a aprovechar esta oportunidad o la vamos a dejar pasar.

La segunda zona peligrosa debería ser obvia para todos los que siguen de cerca la vigilancia de las tendencias sanitarias mundiales que hace la OMS. Esta vigilancia nos indica no solo en qué temas estamos logrando un avance sino también cuáles son las mayores amenazas para la salud que empañan ese avance. Y la mayor amenaza de todas, la sombra que más oscurece el panorama, es el aumento incesante de las enfermedades no transmisibles.

El informe sobre las estadísticas sanitarias mundiales publicado la semana pasada causó una conmoción, y con toda razón. Los datos de la OMS muestran que de 1980 a 2008 la tasa de obesidad se ha duplicado en casi todas las regiones del mundo. A escala mundial, uno de cada tres adultos padece hipertensión arterial y uno de cada diez es diabético. Estas son las enfermedades que llevan al sistema de salud al borde del colapso, las enfermedades que harán saltar la banca. Estas son las enfermedades que anulan los beneficios de la modernización y el desarrollo, y que pueden hacer retroceder la mitigación de la pobreza y empujar a millones de personas por debajo de la línea de pobreza cada año.

En la Declaración Política de la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General sobre la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles adoptada el año pasado se delegaron algunas responsabilidades en la OMS y tienen ante ustedes un informe sobre los distintos pasos que hemos dado para responder a estas expectativas. Les aseguro que estamos dando la mayor prioridad a estas enfermedades, al igual que a nuestro papel en su prevención y control.

Señoras y señores: quisiera hacer un último comentario sobre este proceso de reflexión que llevamos adelante juntos sobre la reforma de la OMS.

Creo que la OMS está llamada a convertirse en un guardián de la salud mundial, un protector y defensor de la salud, especialmente del derecho a la salud. La Organización cuenta no solo con los conocimientos y experiencia técnicos sino también con los valores necesarios, como la justicia y la equidad social, incluida la equidad de género.

No debemos olvidar nunca nuestros valores; no debemos olvidar nunca a las personas. La salud pública se sustenta en la compasión y está impulsada por la pasión. Esta será siempre nuestra verdadera fortaleza, nuestra ventaja comparativa real. Lograr que otros compartan estos valores es una manera más de seguir promoviendo una mejor salud.

Un ejemplo reciente es el caso de la tripanosomiasis africana, una enfermedad que en su fase tardía invariablemente causa la muerte. Se han donado medicamentos para que se pueda brindar tratamiento, pero ¿de qué sirven si cuando se detectan los casos ya es demasiado tarde? Sabiendo esto, la compañía que donó los medicamentos también le ha dado a la OMS los fondos necesarios para proporcionar apoyo a la detección sistemática activa, es decir, para pagar por los servicios, el equipo, la logística, el personal y la capacitación. El compromiso de la industria sigue en pie gracias a que nuestros funcionarios llevaron de viaje por África al gerente general y a algunos directivos de la compañía el mes pasado. Allí, estos ejecutivos tuvieron ocasión de estar en contacto con las personas, la enfermedad, las punciones lumbares debajo de los árboles de mango, los casos detectados y los medicamentos que se utilizan en el tratamiento. Ver a las personas y estar frente al sufrimiento actúa como un excelente motivador del tipo de asociación publicoprivada necesaria. Los resultados promueven la confianza y con esta aumenta el compromiso.

Para terminar, permítanme agradecer a los Estados Miembros por dirigir el proceso de cambio a medida que esta Organización se somete a la reforma más amplia de su historia. Todos sabemos que no es algo sencillo, pero que debe hacerse y debe hacerse bien.

También quiero agradecer a los directores regionales y todo el personal por su trabajo, dedicación y compromiso con la Organización, y por su apoyo a esta reforma.

Hago además extensivo mi agradecimiento a las misiones permanentes en Ginebra y sus embajadores por el enorme tiempo que dedican a apoyar la labor de esta Organización. Creo firmemente que la OMS hace mucho bien en este mundo. Al mejorar nuestra eficacia operativa y adoptar una posición estratégica para encarar nuestra labor podremos hacer más.

Es lo que el mundo espera, y necesita, de parte de la OMS.

No los defraudaremos.

Muchas gracias.

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