Directora General

La Directora General de la OMS inaugura una reunión de la Comisión para acabar con la obesidad infantil

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso de apertura de una reunión de la Comisión de alto nivel para acabar con la obesidad infantil
17 de julio de 2014

Distinguidos miembros de la Comisión, señoras y señores:

Bienvenidos a Ginebra. Gracias por dedicarnos su tiempo. Seré breve. Todos queremos entrar en materia rápidamente.

La obesidad infantil está aumentando exponencialmente en todas las regiones del mundo, sobre todo en los países de ingresos bajos y medianos.

Por ejemplo, en el África subsahariana, el número de niños con sobrepeso aumentó de 4 millones en 1990 a 10 millones en 2012, esto es, a más del doble.

Nuestros niños engordan cada vez más, y esta tendencia me preocupa profundamente. He hablado con muchos ministros de salud que comparten mi inquietud.

Los jefes de Estado y de gobierno tienen que abordar el problema. La sociedad tiene que afrontarlo. Ninguna generación de padres quiere ver a sus hijos sufrir a causa de enfermedades relacionadas con la obesidad.

Como todos sabemos, los mecanismos biológicos que contribuyen a la obesidad son notoriamente complejos, al igual que los mecanismos que subyacen a los daños que la obesidad hace a la salud.

No obstante, tenemos que desentrañar estas complejidades, sentar las bases científicas correctas y traducir los datos científicos en orientaciones y recomendaciones que los padres y los encargados de formular las políticas puedan entender.

Durante decenios, las autoridades sanitarias han emitido un mensaje claro: comer menos y hacer más ejercicio. Esto no ha funcionado. La epidemia de la obesidad está empeorando, no mejorando.

Creé esta Comisión para reunir los mejores datos probatorios posibles sobre la manera de afrontar lo que considero una crisis.

Creé esta Comisión porque creo firmemente que la ciencia es la guía más fiable para formular políticas públicas adecuadas, especialmente en un ámbito tan complejo como el de la obesidad infantil.

Lo que espero de la Comisión es un informe de consenso sobre la situación actual en el que se propongan intervenciones específicas cuya aplicación combinada pueda resultar sumamente efectiva en diferentes contextos en todo el mundo.

A la hora de formular esas orientaciones se tendrá que tener en cuenta la complejidad de las características biológicas subyacentes a una madre y a su hijo en desarrollo, en un mundo que ha cambiado radicalmente en unas pocas generaciones.

Estoy convencida de que los padres quieren dar a sus hijos alimentos y bebidas que redunden en beneficio de su salud, no que la destruyan. Los padres quieren que sus hijos tengan lugares seguros para jugar y corretear libremente.

Sin embargo, al tomar decisiones, especialmente en lo que respecta a la alimentación, los padres están confundidos.

Los mensajes basados en datos científicos tienen que competir con mensajes generados por las industrias de la alimentación y la bebida y sus grupos de presión.

Muchos llevan a cabo sus propias investigaciones con un sesgo muy bien documentado. Muchos tienen aliados poderosos. El poder económico se traduce fácilmente en poder político.

La ciencia en que se basan las políticas y las orientaciones sensatas en materia de salud pública también se está viendo menoscabada por la forma en que los medios de comunicación informan de las investigaciones.

La calidad de la transmisión de información ha disminuido, puesto que una industria con escasez de fondos ya no puede permitirse pagar a los mejores periodistas.

Las noticias relativas a la salud aparecen en titulares, pero los resultados de las investigaciones suelen transmitirse en sentido literal, sin una evaluación crítica del diseño y la metodología del estudio o de la credibilidad de los autores.

No es de extrañar que la opinión pública esté confundida. Una semana, los huevos son tan malos para el corazón como los cigarrillos. La semana siguiente son una buena fuente de proteínas de calidad.

Una semana, lo más importante es evitar el consumo de grasa. La semana siguiente, el azúcar es el principal responsable. Más tarde, la culpa es de la falta de actividad física y del tiempo cada vez mayor que pasamos delante de los ordenadores.

Tenemos que sentar las bases científicas apropiadas y dar un asesoramiento adecuado. Tenemos que poner fin a la confusión actual basándonos en los mejores datos científicos.

Señoras y señores,

Tengo enormes expectativas en cuanto a la labor de la Comisión y su impacto.

La lucha contra la obesidad infantil es tan solo una faceta de la prevención y el control de las enfermedades crónicas no transmisibles.

Esto es probablemente lo más difícil. Si tenemos esto claro y logramos que los gobiernos adopten las medidas apropiadas, estaremos probablemente en mejores condiciones de abordar otros factores de riesgo y sus consecuencias para la salud.

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