Directora General

La Directora General de la OMS interviene en una reunión de alto nivel sobre las enfermedades no transmisibles

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Discurso de apertura de la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca del estudio y la evaluación generales de los progresos logrados en la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles
10 de julio de 2014

Excelencias, honorables ministros, distinguidos delegados, representantes de las organizaciones de la sociedad civil, señoras y señores,

La declaración política de 2011 sobre la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles constituyó un punto de inflexión. Los jefes de Estado y de gobierno reconocieron formalmente estas enfermedades como una importante amenaza para la salud, las economías y las sociedades y las situaron en un lugar prioritario en el programa de desarrollo.

Las tendencias previstas suscitaban una gran preocupación, especialmente porque las poblaciones pobres —las menos capacitadas para hacer frente a estas enfermedades— eran las más afectadas. Se expresó la ambiciosa determinación de actuar en múltiples frentes. La prevención se presentó como la piedra angular de la respuesta mundial.

El Secretario General les transmitió mi informe sobre los progresos realizados el pasado mes de diciembre. Nos hemos reunido aquí para hacer balance de estos progresos y lograr un consenso acerca de los próximos pasos, esto es, las medidas prioritarias que hay que tomar para acelerar los progresos.

En la declaración política se encomendó a la OMS un papel de liderazgo, así como varias tareas que se habían de realizar en un plazo determinado. Estas tareas, que ya se han completado, consistieron en el establecimiento de mecanismos mundiales y la elaboración de una hoja de ruta para la adopción coordinada de medidas multisectoriales y el seguimiento de los resultados.

Los progresos realizados en los países son especialmente importantes. Una encuesta realizada por la OMS el pasado año puso de manifiesto algunos logros notables.

De los 172 países encuestados, el 95% cuenta con una unidad o departamento responsable de las enfermedades no transmisibles en su ministerio de salud. La mitad de ellos tiene ahora un plan operativo integral con una línea presupuestaria específica. El número de países que realizaron estudios recientes de los factores de riesgo aumentó del 30% en 2011 al 63% el pasado año.

En otras palabras, cada vez más países están sentando las bases para afrontar el problema. Tal y como muestra el informe sobre los progresos realizados, algunas intervenciones muy costoeficaces y asequibles han funcionado bien en muchos países.

Con todo, en el informe se concluye que los progresos generales son insuficientes y muy desiguales. Esto no debería sorprendernos.

No veo falta de compromiso. Lo que veo es una falta de capacidad para actuar, especialmente en los países en desarrollo. Nuestros últimos datos muestran que el 85% de las muertes prematuras por enfermedades no transmisibles se producen en países en desarrollo.

Los desafíos que plantean estas enfermedades son enormes. Requieren algunos cambios fundamentales en la forma de medir los progresos sociales, en el modo de trabajar de los gobiernos y en la manera de atribuir responsabilidades y de definir los límites de los distintos sectores gubernamentales.

El hecho de que las enfermedades no transmisibles hayan superado a las enfermedades infecciosas como la principal causa mundial de morbilidad y mortalidad tiene consecuencias profundas. Se trata de un cambio radical que hace necesaria la introducción de cambios de gran envergadura en la propia mentalidad del sector de la salud pública.

La mayoría de los sistemas de salud de los países en desarrollo se diseñaron para gestionar eventos breves, como partos o infecciones graves. No se concibieron para gestionar a largo plazo afecciones crónicas y sus costosas y apremiantes complicaciones.

La salud pública ha de desviar su centro de atención desde el tratamiento a la prevención, desde la gestión a corto plazo a la gestión a largo plazo, desde la asistencia en partos y la administración de vacunas y antibióticos a la modificación de los comportamientos humanos, desde las intervenciones en solitario a la acción concertada con varios sectores y asociados.

La dinámica del progreso socioeconómico ha cambiado. Gran parte de la historia humana quedó configurada por la lucha contra las enfermedades infecciosas, que gradualmente perdieron preponderancia a medida que mejoraron los ingresos y los niveles de vida.

Hoy en día sucede lo contrario. El progreso socioeconómico está creando las condiciones que propician el aumento de las enfermedades no transmisibles.

El crecimiento económico, la modernización y la urbanización han dado amplio paso a la globalización de modos de vida poco saludables. Los factores de riesgo asociados a las enfermedades no transmisibles se están convirtiendo en parte de la propia estructura de la sociedad moderna.

En lugar de mejorar, la epidemia de la obesidad está empeorando desde hace más de tres decenios. Las prácticas de las industrias, en particular la comercialización de alimentos y bebidas poco saludables para niños, están contribuyendo a ello.

El artículo de la declaración política donde se hace un llamamiento para que se colabore con el sector privado no se ha aplicado totalmente. Las formulaciones de alimentos más saludables no son asequibles ni accesibles en gran parte de los países en desarrollo. Desafortunadamente, los alimentos menos saludables suelen ser los más baratos y accesibles.

Otra cuestión que suscita preocupación es que las medidas altamente eficaces para reducir el uso nocivo del alcohol, como el aumento de los impuestos sobre el alcohol y el control del cumplimiento de las prohibiciones de publicidad, están ampliamente infrautilizadas en los países.

Señoras y señores,

El sector de la salud soporta las peores consecuencias de estas enfermedades pero tiene escaso control sobre sus causas. Los profesionales sanitarios y médicos pueden abogar por una legislación más estricta en materia de tabaco y alcohol, por que se haga más ejercicio y por dietas más saludables. Podemos tratar las enfermedades y facturar los servicios, pero no podemos reestructurar los entornos sociales para promover modos de vida saludables.

Este es otro cambio que hay que introducir. Los gobiernos no pueden dar por sentado que las enfermedades no transmisibles son un problema de salud que el sector sanitario puede afrontar por sí solo. No podemos.

Para mejorar la prevención, que es la piedra angular de nuestra respuesta, los gobiernos deben asumir una función y una responsabilidad primordiales. Los entornos sociales tienen que cambiar, y ello ha de afectar a toda la población de los países. Esto no sucederá sin el compromiso político de las más altas instancias gubernamentales.

Los ministros de cultura seguirán preocupados principalmente por la abundancia y la inocuidad de los alimentos y por los medios de vida de los agricultores.

Los ministros de educación no mejorarán automáticamente las comidas en las escuelas, ni retirarán las máquinas expendedoras de refrigerios poco saludables ni emprenderán programas para incluir la actividad física en los planes de estudio escolares.

Los ministros de comercio seguirán promoviendo los acuerdos de inversión extranjera directa que permiten a la industria tabacalera demandar a los gobiernos que ponen en marcha medidas estrictas para luchar contra el tabaco.

Solo un compromiso político de alto nivel puede articular el tipo de colaboración de amplia base necesario para realizar progresos sustanciales, especialmente en el ámbito de la prevención. Los jefes de Estado y de gobierno gozan de una situación óptima para poner en práctica políticas públicas coherentes, coordinar intervenciones y presionar para obtener apoyo legislativo.

Los desafíos sin precedentes precisan compromisos sin precedentes.

Gracias.

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