Oficina de la Directora General

La creciente contribución de China a la salud tanto en el plano interno como en el internacional: conferencia en la Academia China de Gobernanza

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Beijing
18 de noviembre de 2016

Excelencias, distinguido Ministro Li Bin, dirigentes provinciales, directores generales de salud y planificación familiar a nivel provincial, señoras y señores:

China es percibida cada vez más como un modelo de desarrollo a diversos niveles.

La segunda mayor economía del mundo ha crecido de forma rápida, aunque constante. China abrió sus mercados al libre comercio solo cuando su propia economía estuvo suficientemente madura para competir en el plano internacional. Los países con economías frágiles que están considerando la posibilidad de concluir acuerdos comerciales deberían aprender de esta experiencia.

El país más poblado del mundo aprovechó el crecimiento económico constante de que se beneficiaba para sacar a millones de sus ciudadanos de la pobreza. El hecho de que se haya alcanzado el Objetivo de Desarrollo del Milenio relativo a la reducción de la pobreza se debió en gran medida de los resultados obtenidos por China.

En su afán por reducir las amenazas para la salud, China ha alcanzado logros espectaculares.

Gracias a los profesionales médicos, los médicos descalzos, los practicantes de la medicina tradicional china, los inspectores sanitarios y el personal médico en las fábricas, este vasto y populoso país consiguió erradicar la viruela dos decenios antes del resto del mundo. En los tres años anteriores a su último caso, China administró la vacuna contra la viruela a más de 500 millones de personas.

Ese logro hizo que la OMS adquiriera una convicción que pervive aún: China puede hacer lo que quiera si se lo propone.

En el curso de un decenio, China ha pasado de ser un país fuertemente criticado por su respuesta al comienzo del brote de SARS, en 2003, a ser un país con un desempeño excepcional, apreciado a nivel internacional por la manera en que gestionó la aparición del virus de la gripe aviar H7N9.

Al crear el mayor sistema electrónico de vigilancia de la enfermedad en tiempo real del mundo, China estableció un modelo de notificación de información inmediata, transparente y completa. Sus científicos y epidemiólogos se apresuraron a publicar informes en las revistas médicas más prestigiosas del mundo, lo que puso de relieve la capacidad de investigación de categoría mundial del país.

La respuesta del Gobierno al escándalo relacionado con la vacuna de Shandong fue igualmente rápida y radical. La magnitud del escándalo fue enorme: 2 millones de dosis de vacunas que habían sido almacenadas en condiciones inadecuadas fueron administradas a niños y adultos.

En el mes que siguió la publicación de la noticia del escándalo, el Consejo de Estado actualizó la ley relativa a la distribución de vacunas y la inmunización de tal forma que incluyera reformas que atendieran tanto las causas más inmediatas como las causas profundas del escándalo. Las autoridades sanitarias también adoptaron medidas para restaurar la confianza de la población en la seguridad de las vacunas y asegurar que apreciara la protección vital que confieren.

China valora la estabilidad social y entiende que los servicios sociales incluyentes, también en el ámbito de la salud, contribuyen a la estabilidad y la cohesión social.

En el último decenio, China ha emprendido la mayor reforma del sistema de salud de la historia, destinada a ampliar el alcance de los servicios de salud más allá de los prósperos centros urbanos del país.

A principios del siglo, menos de un tercio de la población de China tenía acceso a un seguro médico. Ahora, cerca del 100% lo tienen. Esta igualdad de acceso a los servicios de salud es el fundamento de la armonía social.

China ha proporcionado a su enorme población una red de seguridad que protege a las personas de la pobreza en que podrían caer debido a los costos de la atención sanitaria. Eso aporta una formidable contribución a la creación de una sociedad justa y próspera.

Señoras y señores:

China ocupa una posición excepcional en lo que atañe a su participación en el desarrollo internacional de la salud. Lo que el país hace bien para sí mismo, lleva una marca de prestigio cuando se exporta a otras regiones.

Para la mayor parte del mundo en desarrollo, China es un compañero de viaje que no hace tanto tiempo se enfrentó a problemas de desarrollo similares y que logró superarlos. Esta experiencia compartida crea una relación de la que no siempre se benefician los asociados para el desarrollo más ricos.

Hace varios siglos, la Ruta de la Seda posibilitó la transmisión de conocimientos acerca de la medicina tradicional china a lo largo de los caminos de China, la India, Oriente Medio y Europa. Actualmente, la iniciativa «un cinturón, un camino» perpetúa esta tradición como instrumento moderno de diplomacia económica.

Como estrategia específica para el desarrollo, esta iniciativa promueve la cooperación internacional siguiendo el espíritu de la Ruta de la Seda de «paz, cooperación, apertura, inclusión, aprendizaje y beneficio mutuos».

En lo que atañe a la salud, creo que la iniciativa posee un enorme potencial para ir más allá de los temas de que se ocupa actualmente, como la seguridad de la salud. Puede promover una cooperación más amplia, en especial en lo referente a las enfermedades cardíacas, la diabetes y el cáncer, que pueden verse fuertemente afectadas por las políticas comerciales y económicas.

Ya en 1963, los equipos médicos chinos en África se convirtieron en programas de referencia en lo tocante a la labor internacional de difusión de la salud, que al final incluían la construcción y donación de cientos de hospitales y clínicas que ahora puntean el paisaje de África subsahariana.

Si bien algunos críticos alegan que esa asistencia está destinada en gran medida a obtener los recursos naturales necesarios para el funcionamiento de la economía china, hay estudios independientes que no encontraron ningún indicio de que hubiera un vínculo entre la asistencia prestada a determinados países y el flujo de recursos naturales en el país.

En 1978, el modelo de los médicos descalzos para la formación de la población local en atención básica de salud inspiró el movimiento de atención primaria de salud que se puso en marcha mediante la Declaración de Alma-Ata y que se ha convertido en la marca de una buena parte de la labor de la OMS.

La contribución de China a la seguridad sanitaria mundial atrajo atención internacional durante el brote de la enfermedad por el virus del Ebola en África Occidental, cuando los valientes equipos médicos chinos se contaron entre los primeros en responder a mi llamado de asistencia clínica práctica que prestaron en condiciones muy peligrosas.

Al proporcionar equipos médicos bien formados y autónomos, China aprovechó la experiencia adquirida durante los decenios de presencia en África subsahariana, a la que los equipos médicos llevaron su propio equipamiento, suministros y medicamentos.

Más recientemente, la OMS evaluó las competencias de un equipo médico de emergencias procedente del Hospital de Shanghai Este y certificó que cumplían con las normas internacionales en la materia.

El equipo de Shanghai ha sido clasificado por la OMS para las operaciones de emergencia cuando se produzcan los próximos brotes de enfermedades a nivel regional o mundial.

Sobre la base de estos logros y de su actuación exitosa a nivel nacional, China ocupó un lugar central en la agenda de desarrollo mundial dos veces el año pasado.

En la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2015, el Presidente Xi Jinping anunció la creación de un fondo dotado con US$ 2000 millones, que aumentaría a US$ 12 000 millones antes de 2030, destinado a ayudar a los países menos adelantados en el marco de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

El Presidente también anunció que China anularía la deuda de los países muy pobres y pondría en marcha 600 proyectos específicos para reducir la pobreza, mejorar la educación y apoyar una mejor atención de la salud.

Como han apuntado varios observadores, el liderazgo de China fue decisivo para alcanzar un acuerdo durante la Conferencia de París sobre el Cambio Climático, celebrada el pasado diciembre.

La contaminación atmosférica es una amenaza importante para la salud en China. El país sigue dependiendo del carbón para obtener más del 60% de su electricidad, sobre todo en el corazón industrial del país, y es el país que emite más dióxido de carbono del mundo. El compromiso de China de reducir estas emisiones facilitó considerablemente las negociaciones.

El Gobierno ha adoptado diversas medidas, como el establecimiento de un mecanismo automatizado de vigilancia en tiempo real de la contaminación atmosférica, acompañado de un sistema conexo de alerta y aviso, así como importantes inversiones en el proceso de transición hacia la energía nuclear, solar y eólica, de conformidad con los compromisos adquiridos en el marco del Acuerdo de París.

Los gobernadores de las provincias tienen un papel importante que desempeñar para asegurar que las centrales eléctricas y las fábricas de cemento que funcionan con carbón se trasladen fuera de los centros urbanos.

Si cada país asumiera sus obligaciones de reducir el cambio climático de forma tan seria y enérgica, podríamos salvar el planeta y su clima.

Este año marcó otro hito importante en la historia de la reforma de la salud. En agosto, la salud se convirtió en una prioridad política nacional explícita, gracias a la aprobación del Plan para una China saludable para 2030 por el Comité Central chino.

En su discurso en la Conferencia nacional de la salud, el Presidente Xi Jinping destacó que, si la salud no es accesible para toda la población, no se podrá construir una sociedad próspera. El Presidente Xi Jinping puso la salud en el centro del proceso global de formulación de políticas del país, y aseguró que la inclusión de la salud en todas las políticas debía ser una política oficial del Gobierno.

En su discurso, el Presidente Xi también subrayó la necesidad de establecer un sistema de evaluación de la repercusión en la salud de todos los planes y políticas de desarrollo económico y social, así como de los proyectos importantes.

Esto equivale a reconocer formalmente el poder político de la salud y es una buena señal respecto del liderazgo de China a escala nacional e internacional.

Pero China, como todas las regiones del mundo, se enfrenta a nuevas y enormes amenazas. Los peligros que plantean, su costo para la salud y la sociedad son lo suficientemente importantes para hacer que los progresos recientes se estaquen o incluso se inviertan, en este país como en el resto del mundo.

Señoras y señores:

El mundo está experimentando cambios a escala planetaria, que se producen a una velocidad sin precedentes y que amenazan la salud de manera alarmante. En el mundo hay 800 millones de personas que padecen hambre crónica, pero también hay países en los que más del 70% de la población adulta es obesa o padece sobrepeso.

Si bien la adiposidad está aumentando en todos los países, la epidemiologia difiere según la edad de la epidemia de obesidad. En América del Norte y Europa, la prevalencia de la obesidad es mucho mayor en los grupos de bajos ingresos, que a menudo viven en las zonas urbanas en las que escasean los alimentos y sobran las tiendas de comida basura.

En los países en los que la epidemia de obesidad es más reciente como la región de Asia y el Pacífico, la obesidad aparece primero entre los residentes de las zonas urbanas acomodadas y, posteriormente, en las zonas rurales y los barrios urbanos pobres.

En un país en que los decenios de escasez de alimentos fueron reemplazados por la abundancia, la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso se han multiplicado por dos en los últimos decenios del siglo XX y se ha pasado del hambre a la opulencia en menos de una generación.

El aumento de peso corporal en toda la población es una señal de que se avecinan grades problemas. Toma tiempo, pero los problemas finalmente llegan en forma de ola de enfermedades crónicas relacionadas con el modo de vida, como las enfermedades cardíacas, la diabetes y algunos cánceres relacionados con los alimentos.

El crecimiento económico y la modernización, que se asocian históricamente con mejores resultados en el ámbito de la salud, han abierto la puerta a la comercialización globalizada de productos insalubres, como el tabaco, el alcohol, los alimentos preparados y bebidas azucaradas.

Si bien la rápida migración mundial de las zonas rurales a los centros urbanos conlleva muchas ventajas, también acelera a la transición de modos de vida activos a los sedentarios.

Por primera vez en la historia, el rápido aumento de la prosperidad está haciendo que muchas personas que eran antes pobres contraigan enfermedades. Esto sucede en países que carecen de recursos y de sistemas de salud capaces de responder. Si las tendencias actuales continúan, las enfermedades costosas como la diabetes, que acompaña la epidemia de obesidad, podrían socavar los avances del desarrollo económico.

La región de Asia y el Pacífico es considerada en general como epicentro de la crisis de la diabetes. En esos países, las personas contraen la enfermedad tempranamente, esta se agrava y mueren antes que sus contrapartes en los países más ricos.

En algunos de los países asiáticos más populosos como China y la India, la generación que creció en la pobreza de las zonas rurales, en las que había demasiado poco de comer y los empleos entrañaban trabajos manuales duros, ahora vive en un apartamento en un edificio alto de la ciudad, tiene un empleo sedentario, un coche barato y entornos alimentarios repletos de calorías baratas a proximidad.

Como consecuencia, en parte, de esos cambios, millones de personas que salieron de la pobreza para formar parte de la floreciente clase media ahora está atrapada en el sufrimiento de las enfermedades crónicas y todas sus costosas complicaciones. Con el 12% de su población adulta afectada, China padece la mayor epidemia de diabetes del mundo, y sigue creciendo a una velocidad aterradora.

Los datos de la OMS muestran que la prevalencia de la diabetes, de las enfermedades cardíacas y cáncer en la población china han aumentado más de nueve veces en una sola generación, es decir, mucho más rápidamente que en el resto del mundo.

Esta alarmante situación obedece en gran medida al cambio de la dieta tradicional a una dieta occidentalizada, rica en grasas, azúcar y sal, el envejecimiento de la población y el mayor consumo de tabaco y alcohol.

El aumento de las enfermedades no transmisibles tiene consecuencias profundas. Es un cambio sísmico que exige cambios radicales en la filosofía de base de la salud pública.

La mayoría de los sistemas de salud en los países en desarrollo fueron concebidos para la gestión de incidentes de breve duración, como los partos o las infecciones agudas. No fueron creados para la gestión duradera de condiciones crónicas y complicaciones exigentes que requieren medicamentos costosos e intervenciones hospitalarias.

La salud pública debe cambiar su centro de atención de la cura a la prevención, de la gestión a corto plazo a la gestión a largo plazo, de los partos, vacunas y antibióticos al cambio del comportamiento humano, de la actuación en solitario a la actuación en colaboración con múltiples sectores y asociados.

Contar con un grupo de generalistas bien formados y motivados es uno de los medios más eficaces de responder a esos cambios. Los médicos generalistas ofrecen servicios preventivos y curativos. Son los que están en mejores condiciones para detectar una enfermedad en su fase temprana, antes de que aparezcan complicaciones que requieren tratamientos costosos y prolongadas estancias en el hospital.

Los médicos generalistas son los guardianes que pueden evitar que los pacientes con afecciones relativamente leves inunden las salas de emergencia. Son conscientes de que las enfermedades tienen causas tanto sociales como médicas, y esto les confiere una enorme ventaja en lo que se refiere a la prevención primaria y la satisfacción del paciente. Son los mejor colocados para ofrecer una atención sanitaria verdaderamente centrada en el paciente.

Varios observadores externos de las ambiciosas reformas emprendidas por China han señalado que la falta de generalistas bien formados es el principal obstáculo para reducir el uso excesivo de la atención hospitalaria.

Los responsables de la salud a nivel provincial tienen un importante papel que desempeñar en la asignación de recursos. Invertir en la atención primaria de la salud permitirá ir mucho más lejos y obtener beneficios muchos más extensos y rentables que invertir en nuevos hospitales y clínicas.

El costo de las enfermedades relacionadas con el modo de vida es impresionante. La prevención es, con mucho, la mejor opción, aunque es también un reto importante por al menos dos razones.

En primer lugar, las causas profundas de las enfermedades crónicas provienen de los sectores no relacionados con la salud. La salud, que asume la carga de esas enfermedades, tiene escaso control sobre los factores de riesgo. En segundo lugar, los poderosos sectores económicos como los del tabaco, alcohol, alimentación y bebidas gaseosas, impulsan la globalización de modos de vida poco saludables. El poder económico se traduce fácilmente en poder político.

Mediante el recurso al Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco como instrumento jurídico, los dirigentes gubernamentales y provinciales pueden introducir legislación que permita reducir significativamente el consumo de tabaco. Una multitud de estudios lo demuestran.

Las políticas relativas al control del tabaco de Beijing se cuentan entre las más estrictas del mundo. Shanghai acaba de prohibir que se fume dentro de los edificios del aeropuerto y en las estaciones de tren de la ciudad. El órgano legislativo de la ciudad está estudiando la adopción de normas más estrictas que hagan extensiva la prohibición de fumar a todos los lugares públicos cerrados.

Si Beijing y Shanghai pueden hacerlo, con amplio apoyo de la población, todos los responsables provinciales pueden lograr lo mismo también.

Por desgracia, la industria del tabaco hace todo lo posible para socavar estas leyes tan necesarias. El objetivo de la industria es debilitar el texto de la ley nacional sobre el control del tabaco que se está redactando actualmente.

No dejen que la industria, conocida por sus prácticas engañosas, haga retroceder los progresos realizados por China en el ámbito de la salud. La protección de la salud pública debe tener prelación sobre la protección de los beneficios de las empresas. Cada muerte vinculada con el tabaquismo es una tragedia totalmente evitable.

Señoras y señores:

En un mundo en el que abundan las incertidumbres, las consideraciones económicas, comerciales y empresariales pueden llegar a dominar las agendas nacionales e internacionales y pasar por alto los intereses superiores de la salud pública.

Sin embargo, hay otra tendencia que requiere un cuidadoso examen. El crecimiento económico y el aumento de la prosperidad van generalmente de la mano de una creciente demanda de carne y productos lácteos.

El sistema mundial de alimentos, que se industrializó en los últimos decenios del siglo pasado, desarrolló el modelo de las granjas industriales, en las que un gran número de cerdos, vacunos y pollos viven hacinados en condiciones insalubres.

Por ejemplo, China cuenta ahora con gigantescas granjas industriales en las que se pueden criar más de un millón de cerdos por año. El sistema de confinamiento de animales de engorde responde a la demanda de grandes cantidades de carne barata, pero el precio a pagar es muy alto.

Ese sistema no es sostenible ambientalmente. Esas granjas contaminan fuertemente el medio ambiente con residuos animales y químicos, y gas metano, que contribuye al cambio climático.

La cría de un gran número de animales en condiciones de hacinamiento exige el uso de cantidades masivas de antibióticos. En varios países, se usan más antibióticos para la producción de alimentos que para la medicina humana.

Los estudios realizados en China confirman de forma más patente aún la relación directa que existe entre el uso de antibióticos en la producción de alimentos y la detección de patógenos resistentes a los medicamentos en los animales, los alimentos y los humanos.

En el mundo entero, cada vez más antibióticos de primera y segunda línea, que son de vital importancia para los seres humanos, han dejado de ser eficaces debido al desarrollo de la resistencia, que está estrechamente relacionada con el uso excesivo de estos frágiles medicamentos.

Ante la escasez de productos de reemplazo en preparación, el mundo avanza hacia una era posantibióticos en la que las infecciones comunes volverán a causar la muerte.

Como país anfitrión de la cumbre del G20 en septiembre, China pudo incluir la resistencia a los antimicrobianos en el orden del día y en el comunicado final.

China tiene la gran suerte de tener un Presidente que ha colocado la salud en el centro de todas las políticas gubernamentales. Todas las políticas que se formulan en los sectores gubernamentales deben incluir una evaluación de sus repercusiones en la salud.

Así, China podrá asegurar que su rápida modernización y progreso económico tengan por efecto que la población sea más sana, no más enferma.

Ante la voluntad de China de seguir desarrollando su iniciativa «un cinturón, un camino», les pido que tengan en cuenta los diversos factores económicos y comerciales que pueden destruir en un instante los decenios de progresos constantes en la mejora de la salud.

Reconocer y abordar esos factores permite también promover la paz y la cooperación, la apertura y la inclusión, el aprendizaje y beneficios mutuos.

Un mundo en el que existen graves desequilibrios en los niveles de ingreso, las oportunidades, el acceso a la atención de la salud y los logros en materia de salud no puede ser ni estable ni seguro.

Gracias.