Oficina del Director General

Las emergencias sanitarias constituyen uno de los mayores riesgos para la economía y seguridad mundiales

Alocución del Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus ante el G20

Hamburgo (Alemania)
8 de julio de 2017

Gracias. Muchas gracias, Canciller Merkel.

Es para mí un privilegio estar hoy con ustedes para debatir las graves amenazas sanitarias a las que se enfrenta el mundo actual. Y le doy las gracias, Canciller Merkel, por el liderazgo de que ha hecho gala al situar la salud en la agenda del G20 y por el excelente ejercicio de simulación de emergencias al que asistimos junto con los ministros de salud en Berlín el pasado mayo.

La simulación –ya se ha comentado– puso de relieve en mi opinión dos cuestiones importantes, entre otras: primero, que las pandemias de enfermedades infecciosas y otras amenazas para la salud, como la resistencia a los antimicrobianos, trascienden fronteras e intereses nacionales, por lo que la vulnerabilidad de uno es la de todos. Los virus en realidad no saben de fronteras, ni las respetan.

Lo segundo que aprendimos con la simulación es que no estamos bien preparados. Que con gran frecuencia actuamos como reacción a los hechos más que adelantándonos a ellos. Por tanto, necesitamos una vigorosa respuesta mundial: debemos permanecer conectados en este mundo interconectado.

Por ello les pedimos apoyo para la salud mundial, porque queremos apoyarles a ustedes, los líderes, a lograr sus objetivos. Porque las pandemias, las emergencias sanitarias y los sistemas de salud débiles no solo se cobran vidas, sino que se encuentran entre los mayores riesgos para la economía y seguridad mundiales a los que nos enfrentamos hoy en día.

Y ya sabemos lo que ocurrió con la gripe española en 1918: murieron más de 50 millones de personas.

Y el brote de SARS supuso para la economía mundial costos por unos US$ 60 000 millones.

Hemos sido testigos de lo ocurrido con la gripe aviar, el MERS, el zika. Y ahora el cólera y la fiebre amarilla vuelven con fuerza. La OMS detecta unas 3000 señales cada mes, pero son muy pocas las que llegan a ser de dominio público.

No sabemos dónde ocurrirá la próxima pandemia mundial, ni cuándo, pero sabemos que tendrá un alto costo humano y económico. Con los viajes aéreos (3000 millones de viajeros anualmente) la propagación mundial de cualquier nuevo patógeno sería cuestión de horas. Además del indecible sufrimiento humano, las pérdidas económicas se medirían en billones: pérdidas para el turismo, el comercio, la confianza de los consumidores, además de los problemas y retos políticos. Habrá dos epidemias: una provocada por el virus y otra por el miedo.

Durante el brote de ebola de 2014 en África occidental, la OMS y la comunidad internacional tuvieron que hacer frente a una dura realidad para la que el mundo no estaba preparado –lo que Jim Kim, Presidente del Banco Mundial, denomina el ciclo del pánico y el abandono. En el punto álgido de los brotes, reaccionamos hacia la acción, pero muy pronto perdemos la perspectiva. El mundo no puede permitirse que continúe este ciclo vicioso.

Además, del brote de ebola hemos aprendido otra cosa. Nuestro sistema mundial tiene la fortaleza del eslabón más débil. Debemos abordar las causas fundamentales del problema: la falta de acceso de las personas más vulnerables a la atención de salud, especialmente a la atención primaria.

La cobertura sanitaria universal y la seguridad sanitaria son las dos caras de la misma moneda. Este año, 400 millones de personas en todo el mundo, es decir 1 de cada 17, la mayoría de ellas pobres, mujeres y niños, seguirán sin acceso a la atención de salud. Los sistemas de salud robustos no solo serán nuestra mejor defensa: también serán cruciales para lograr los ODS.

Así pues, proponemos cuatro vías de avance ya conocidas por todos.

La primera es la financiación sostenible de los sistemas mundiales de seguridad sanitaria para prevenir, detectar y responder a amenazas emergentes, ya sea naturales o de origen humano. Garantizar un nivel adecuado de financiación para contingencias en caso de brotes y emergencias sería un excelente comienzo.

La segunda es determinar todas las capacidades de que disponemos y que pueden ayudarnos a avanzar; determinar todas las capacidades de los países y utilizarlas de forma coordinada, con arreglo a su ventaja comparativa, para reforzar la preparación.

La tercera recomendación es apoyar el objetivo de la cobertura sanitaria universal, en consonancia con los ODS. Esta es, en realidad, la solución estratégica para prevenir las epidemias y ofrecer atención de calidad a la población: fortaleciendo los sistemas de salud de los países, especialmente en las regiones más frágiles y vulnerables del mundo.

En cuarto lugar, dar prioridad a la investigación y al desarrollo de nuevas contramedidas médicas a través del Proyecto de Investigación y Desarrollo de la Organización Mundial de la Salud. La OMS apoya firmemente la propuesta alemana de establecer el centro de colaboración mundial de investigación y desarrollo sobre la resistencia a los antimicrobianos.

Para hacer realidad estas prioridades se necesitará dinero, pero solo una fracción de lo que costaría no prepararse.

La OMS está dispuesta a asumir plenamente su liderazgo. Y juntos debemos asumir la responsabilidad de hacer de este mundo un lugar más sano y seguro. Es posible y está en nuestras manos.

Muchas gracias. Vielen Dank.