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Office of the Director-General

World Health Organization
Organisation mondiale de la Santé

UPDATED: Mon Feb 18 16:59:04 2002

Dr. Gro Harlem Brundtland        
Directora General
Organización Mundial de la Salud

México DF,
5 de junio de 2000

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Quinta Conferencia Mundial de Promoción de la Salud

Excelentísimo Señor Presidente Ernesto Zedillo,
Señor Secretario de Salud, José Antonio González Fernández,
Dr. Alleyne,
Distinguidos participantes,
Colegas, miembros de la prensa:

El miércoles pasado estuve en una reunión multitudinaria en Bangkok. De pie sobre una plataforma, veía un mar de gorras azules y camisetas blancas. Como olas se sucedían los eslóganes contra el tabaco. Diez mil voluntarios sanitarios procedentes de aldeas de toda Tailandia se habían desplazado a pie o en bicicleta hasta la ciudad para celebrar el Día Mundial sin Tabaco. Se estaba promoviendo la salud a una escala gigantesca. Del nivel local al regional, del regional al nacional, la población estaba movilizada.

Los discursos, por su parte, no consistían simplemente en decir que no hay que fumar. No trataban de asuntos locales o incluso nacionales. Se aludía en ellos a niveles de impuestos, a prohibiciones mundiales de la publicidad y al convenio marco para la lucha antitabáquica. Estas respuestas mundiales sustentan un movimiento nacional creciente en Tailandia: un movimiento contra un desastre de salud pública que en nuestro mundo de hoy acaba con la vida de un ser humano cada ocho segundos.

Lo ocurrido ese miércoles por la mañana puso de relieve la esencia de la promoción de la salud. Promover la salud es habilitar a las personas para que mantengan la mente y el cuerpo en condiciones óptimas durante el tiempo más largo posible. Eso significa que las personas saben mantenerse sanas. Significa que viven en condiciones tales que los modos de vida sanos son viables. Significa que está en sus manos el hacer elecciones saludables. En efecto, la promoción de la salud tiene que ver con la adopción de decisiones: en la familia, en la sociedad y en el Estado. Tiene que ver con la adopción de decisiones en las instituciones internacionales, ya se ocupen éstas del desarrollo, del comercio, de la salud o de las finanzas.

Muchas cosas han pasado desde la última Conferencia Internacional sobre Promoción de la Salud, celebrada en Yakarta en 1997. El paisaje sanitario internacional está cambiando de manera radical. Es cada vez mayor el número de personas que comprenden los beneficios que trae aparejada la buena salud. Sabemos qué hay que hacer, en nuestra vida y en nuestro entorno. Entendemos ahora más claramente que nunca los vínculos existentes entre la salud, la política y la economía. Para aquellos de nosotros reunidos aquí en México DF que estamos dedicados a promover la salud, éste es realmente un momento lleno de posibilidades.

Es un momento lleno de posibilidades porque sabemos sacar provecho de la interdependencia creciente de nuestro mundo. Sí, la mundialización atemoriza a algunos y causa incertidumbre a muchos más. Pero también nos ofrece a todos genuinas oportunidades. Siguen apareciendo nuevas oportunidades de solidaridad mundial. Hay una gran convergencia: de valores, de ideas y de acción.

Al mismo tiempo, la búsqueda de la equidad y la justicia en el ámbito de la salud supone ahora la participación de más personas que nunca en una acción efectiva a nivel local, reflejando así nuestra diversidad cultural y lingüística.

Reuniendo ambas tendencias, reconocemos el potencial que implica vincular los valores mundiales con la acción local. Ésta es nuestra responsabilidad como trabajadores en favor de la salud, como promotores de la salud. Ningún grupo está en mejor posición para conseguir que la mayor integración económica aporte beneficios a quienes más lo necesitan. Alentando la solidaridad mundial al tiempo que nutrimos la diversidad, ayudamos a modelar los acontecimientos conforme a los valores de equidad y justicia.

Y un segundo motivo por el que éste es un momento lleno de posibilidades. La salud está en el candelero, en todas partes. Interesa a más y más personas. La salud ya no es una preocupación de los profesionales únicamente. Moviliza a un público mucho más amplio.

Reflexionemos sobre lo que está ocurriendo:

  • Las cuestiones de salud, tanto de carácter nacional como internacional, ocupan un lugar destacado en el programa cuando los Jefes de Estado, incluidos los líderes del G8, debaten los grandes problemas políticos de nuestro tiempo. La semana pasada, sin ir más lejos, la salud mundial fue uno de los elementos destacados en las discusiones de la reunión cumbre europea-estadounidense.
  • Hace un mes, los Jefes de Estado de África evaluaron las repercusiones económicas del paludismo en el continente y sus poblaciones. Asumieron la responsabilidad de emprender una acción en todo el continente para ayudar a las personas a reducir a la mitad las consecuencias del paludismo en su vida. Se comprometieron a fomentar una serie de intervenciones de demostrada eficacia, poniéndolas a disposición de los interesados en los propios hogares, cuando fuera necesario.
  • Son cada vez más los gobiernos que consideran la buena salud un elemento decisivo de la seguridad humana. En algunos países, esta combinación de desarrollo humano y seguridad nacional constituye la base de la política exterior. No es de sorprender, pues, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se haya ocupado de un problema de salud: el VIH/SIDA en África.
  • La movilización de recursos para mejorar las actividades nacionales encaminadas a promover la salud figura en el programa de los ministros de finanzas cuando examinan el tema del alivio de la deuda con el Banco Mundial y el FMI.

  • El mejoramiento sostenido de la salud a nivel internacional es un tema clave del informe del milenio del Secretario General de las Naciones Unidas.

La salud ya ocupa un lugar central en los programas de desarrollo nacionales e internacionales. Se reconoce cada vez más que la buena salud es un requisito previo para que las comunidades estén en condiciones de luchar contra la pobreza.

Aquéllos de nosotros que promovemos la salud ¿de qué manera podemos aprovechar este momento lleno de posibilidades? Tenemos una oportunidad sin igual para realizar un verdadero cambio. Nuestra misión está clara. Debemos dotar de medios a las personas para que hagan elecciones saludables para sí mismas y para sus familias.

Cuando hace 50 años la Organización Mundial de la Salud se puso en marcha para mejorar la salud, se esperaba que los antibióticos, las vacunas y la tecnología médica fueran los medios para conseguir la salud para todos.

Sin embargo, décadas de desarrollo sanitario han mostrado claramente que las tecnologías no bastan para garantizar la salud de la población. Hay que ocuparse también de toda una serie de condiciones de orden civil, cultural, económico, político y social.

Muchos de los determinantes principales del mejoramiento de la salud son ajenos al sistema sanitario: conocimientos, puestos a disposición de la población; medio ambiente no contaminado; acceso a servicios básicos; sociedades justas; respeto de los derechos humanos; buen gobierno; habilitación de las personas para que adopten decisiones pertinentes para su vida y las hagan efectivas.

Pongámonos de acuerdo en los puntos clave: para que una persona pueda decidir estar sana, primero necesita conocimientos. Conocimientos precisos, fiables sobre cómo alcanzar un buen estado de salud, y sobre los riesgos para la salud que se presentan en su vida cotidiana. Necesita conocimientos que la ayuden a hacer las mejores elecciones posibles y a ponerlas en práctica. Necesita saber de qué manera puede disfrutar de una buena salud personal, y qué hace falta para que la familia se mantenga sana. Como lo revelan las recientes tendencias a la reducción de las enfermedades cardiacas y los cánceres en varios países industrializados, los conocimientos prácticos, actualizados, son un requisito previo para mejorar la salud.

El conocimiento es necesario, pero no suficiente. Para que una persona pueda decidir estar sana, debe estar en condiciones de elegir una salud mejor. Esto significa hacer las elecciones adecuadas y ponerlas en práctica. Si la persona no puede proceder así, los nuevos conocimientos conducen a la frustración. Éste es el motivo por el que la promoción de la salud se ha centrado en gran medida en la temática de las ciudades sanas, escuelas sanas, lugares de trabajo sanos y hogares sanos. Entornos en los que las personas puedan elegir estar sanas y poner en práctica sus elecciones en la vida diaria. Un buen ejemplo es esta ciudad que a lo largo de la pasada década ha dado grandes pasos para mejorar su medio ambiente.

No obstante, la combinación del conocimiento y un entorno sano a veces no es suficiente. Puede que muchos no sientan aún que tienen en sus manos la posibilidad de elegir una vida sana. El tercer elemento es facilitarles los medios para que hagan las elecciones sanas que los benefician, y las respeten. Esto supone contar con políticas locales, nacionales, e incluso internacionales, que den libertad a las personas para hacer lo que quieran, y necesiten.

  • Promover la salud sexual entre los adolescentes requiere a menudo que las autoridades locales o nacionales adopten políticas opuestas a creencias profundamente arraigadas.

  • Habilitar a las personas expuestas para que se protejan a sí mismas y protejan a sus familias de los riesgos del paludismo puede exigir la liberación del acceso a los mosquiteros, a los insecticidas para impregnarlos y al tratamiento de los afectados por la enfermedad.

  • Capacitar a los jóvenes para que eviten el consumo de tabaco implica una acción a escala mundial encaminada a limitar los intentos de la industria tabacalera por inducir con empeño a los niños y los jóvenes al hábito de fumar: el conocimiento y la exhortación, por sí solos, son insuficientes para proteger a los menores de 20 años de la adicción a la nicotina.

Promover la salud significa ir más allá de la estrecha casilla tradicionalmente denominada «promoción de la salud». Por ello, cuando me preguntan quién está a cargo de la promoción de la salud en la OMS, respondo «yo misma». Todo el personal de los departamentos, ya se encuentre en Ginebra, en las oficinas regionales o en las oficinas de país, tiene responsabilidades explícitas respecto de la promoción de la salud.

Promover la salud significa reducir los riesgos que la amenazan y modificar los comportamientos que la afectan. Está claro cuál es nuestra contribución. Ayudamos a facilitar conocimientos sobre los determinantes de la salud, y velamos por que se difundan ampliamente. Ayudamos a crear consenso sobre la manera en que esos conocimientos pueden aplicarse, en diferentes situaciones, entre diferentes comunidades. Fomentamos políticas públicas que ayuden a los propios interesados a tomar las medidas necesarias para poner en práctica esos conocimientos.

Reconocemos que esta labor plantea importantes retos:

  • ¿Cómo equilibrar la función de los gobiernos de aplicar políticas públicas que promuevan la salud, con la simultánea habilitación de los individuos para que elijan lo que quieren para sí mismos, en la medida en que su elección no perjudique a los demás?

  • ¿Cómo podemos cerciorarnos de que los complejos debates acerca de la interacción entre los diferentes riesgos para la salud humana son comprensibles para la mayoría de las personas carentes de conocimientos especializados, donde quiera que vivan, y cualesquiera sean sus circunstancias?

  • ¿Cómo podemos contribuir a que los sistemas de salud se transformen en organizaciones que trabajen en beneficio de todos, reflejen la compleja interacción de los riesgos para la salud humana, y brinden un asesoramiento a los individuos, a las comunidades y a las autoridades locales, que fomenta comportamientos positivos respecto de la salud y la atención sanitaria?

  • ¿Qué mecanismos son apropiados, y eficaces, para llevar a cabo intervenciones transnacionales contra las amenazas a la salud mundial, como lo es el tabaco?

  • ¿Qué medios podemos utilizar para favorecer el acceso a los bienes públicos, como los medicamentos esenciales, cuando las personas no pueden acceder a ellos a causa de deficiencias sistemáticas del mercado?

  • ¿Cómo hacer efectivo el cumplimiento de normas mínimas ambientales, laborales y sanitarias en un mundo en que los inversores mueven los bienes en cuestión de meses y el capital en pocos segundos para obtener ganancias máximas en un corto plazo?

Ustedes examinarán estas interrogantes en el transcurso de los próximos días. Los Estados Miembros y la Secretaría de la Organización Mundial de la Salud tienen una función primordial que desempeñar ayudando a encontrar respuestas.

La estrategia general de la OMS ayuda a establecer prioridades. Señala cuatro orientaciones estratégicas: reducir el exceso de mortalidad y discapacidad, reducir los riesgos para la salud humana, desarrollar sistemas de salud que permitan mejorar de manera equitativa los resultados sanitarios, y colocar la salud en el centro de la política económica y de desarrollo.

Estas cuatro orientaciones contienen elementos de promoción de la salud. Cada una nos lleva a ocuparnos de la difusión de los conocimientos, la creación de consenso sobre la manera de aplicarlos, y el fomento de políticas de salud pública que alienten a las personas a aplicar los conocimientos en su provecho.

En su carácter de organismo técnico internacional para la salud, la OMS cumple varias funciones básicas que permiten seguir esas orientaciones.

La OMS establecerá normas y presentará las pruebas científicas pertinentes. Veamos, por ejemplo, la cuestión de la inocuidad de los alimentos. Nuestra función básica es actuar como proveedor independiente de conocimientos y pruebas científicas.

Sin embargo, no basta con proporcionar conocimientos. Las comprobaciones científicas deben traducirse en acción. Debemos hablar públicamente de la información que poseemos. Debemos ampliar el ámbito de las organizaciones que están en condiciones de actuar. Debemos crear coaliciones de diferentes asociados, en el plano nacional y en el internacional. La colaboración con otros interesados permitirá plasmar las ideas y los compromisos en mejores y más eficaces sistemas de salud.

Asimismo, debemos ayudar a los decisores, los órganos de reglamentación y a órganos que se ocupan del comercio a adoptar las mejores decisiones posibles. Cuanto más difícil es el problema para la sociedad, mayor es la necesidad de que la OMS ayude a los decisores a formarse una opinión bien fundamentada.

En la OMS, hemos aprendido que los programas y las políticas tienen mayores probabilidades de continuidad y éxito si las personas a las que están destinados participan en su formulación y ejecución. Las iniciativas que se basan en un solo sector tienen menos probabilidades de ser eficaces que las actividades multisectoriales. Las iniciativas locales, por su parte, tienen más probabilidades de ser eficaces cuando son apoyadas por acciones mundiales.

La cuestión del tabaco es ilustrativa a este respecto. Actualmente, el tabaco provoca 4 millones de muertes en el mundo entero, cifra que se elevará a 10 millones de aquí al año 2030. El 70% del aumento perjudicará a los países en desarrollo. El convenio marco de la OMS para la lucha antitabáquica será uno de los instrumentos más poderosos para promover la salud.

Las negociaciones pormenorizadas sobre este particular comenzarán en octubre, y ya vemos despuntar un respaldo mundial sin precedentes a una acción firme. La adopción del convenio, y su aplicación, serán un paso decisivo de los países del mundo hacia la adopción de políticas públicas promotoras de la salud.

Señor Presidente,

Promover la salud es una noble empresa, pero ¿es un fin en sí mismo? Muchos de ustedes dirán que sí, y yo comparto esa opinión. No obstante, quisiera que ampliáramos nuestras ambiciones. La salud es importante no sólo por cuanto prolonga la vida y mejora su calidad; es también un importante factor coadyuvante del desarrollo económico y social.

La pobreza perpetúa la mala salud.

En todas nuestras actividades tenemos que prestar especial atención al desafío de reducir la pobreza. El premio Nobel de Economía Amartya Sen define la pobreza como «privación de capacidad». Sostiene que las personas son pobres no sólo porque sus ingresos son bajos, sino también porque carecen de acceso a los servicios básicos, como la salud y la educación, que les hubieran dado mayor libertad. La pobreza, dice este autor, priva gravemente a las personas de una serie de elecciones que deberían poder hacer para vivir una vida satisfactoria.

Ahora bien, el mejoramiento de la salud reduce la pobreza y hace posible el crecimiento.

Como en la Europa de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, hemos visto que los países en desarrollo que invierten relativamente más, y bien, en la salud, tienen probabilidades de lograr un mayor crecimiento económico.

En Asia oriental, por ejemplo, la esperanza de vida aumentó en más de 18 años en los dos decenios que precedieron al más espectacular despegue económico de la historia.

En un reciente análisis para el Banco Asiático de Desarrollo se llegaba a la conclusión de que por lo menos una tercera parte del fenomenal crecimiento de Asia entre 1965 y 1997 obedecía a la inversión en la salud de la población.

Hay pruebas convincentes de que una acertada inversión en la salud ayudará al mundo a dar un paso gigantesco en la lucha contra la pobreza. Podemos reducir radicalmente la carga de morbilidad mundial. Si lo logramos, cientos de millones de personas estarán en mejores condiciones de desarrollarse plenamente, disfrutar de sus legítimos derechos humanos y ser una fuerza propulsora del desarrollo. Se beneficiarán las personas, se beneficiará la economía y se beneficiará también el medio ambiente.

Nuestra tarea no es nada menos que ésta. Es difícil, pero en este momento lleno de posibilidades, aquí en México, podemos comprometernos a cumplirla.

Gracias.

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