Farmacorresistencia

Aparición y propagación de la resistencia a los antimicrobianos

El origen de la resistencia a los antimicrobianos

Durante miles de millones de años algunas bacterias y hongos vienen produciendo sustancias químicas que las protegen frente a los ataques de otros microorganismos. Las que se utilizan en la medicina clínica actual se denominan antibióticos o antimicrobianos. Como mecanismo de supervivencia, otros microorganismos han desarrollado mecanismos para resistir al efecto tóxico de los antimicrobianos. Así pues, la resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno antiguo codificado por genes de resistencia que se transmiten de una generación de microorganismos a otra.

Las cepas sensibles pueden volverse resistentes por mutación de genes ya existentes o por adquisición de genes de resistencia a partir de otro microorganismo que ya sea resistente. Este es el primer paso para la aparición de una resistencia nueva. Afortunadamente, la mayoría de los microorganismos sensibles no se vuelven resistentes fácilmente. La resistencia que observamos hoy en la práctica clínica suele haberse desarrollado en otra persona, animal o reservorio medioambiental en alguna otra parte del mundo muchos años antes.

Aunque en la mayoría de los microorganismos es rara la aparición súbita de una resistencia nueva, no es así con todos los patógenos. Por ejemplo, en pacientes con tuberculosis o infección por el VIH las cepas sensibles pueden sufrir nuevas mutaciones en un paciente, especialmente cuando su tratamiento no es óptimo. La aparición de cepas resistentes durante el tratamiento aumenta mucho el riesgo de malos resultados clínicos, e incluso de muerte. Por consiguiente, el tratamiento eficaz es absolutamente fundamental para evitar el desarrollo de resistencia durante el tratamiento.

Selección y propagación

Los principales determinantes de las tasas de resistencia no son las nuevas mutaciones, sino la presión selectiva ejercida por los antimicrobianos y la transmisión.

Presión selectiva de los antimicrobianos

La flora normal de una persona consiste en millones de cepas y especies, unas sensibles y otras resistentes a los antimicrobianos. El uso de los antimicrobianos para tratar las infecciones no afecta únicamente al patógeno concreto causante de la enfermedad, sino que diezma las poblaciones de microorganismos sensibles que hay en todo el organismo. Eso permite que las cepas resistentes medren y proliferen, haciendo que el paciente corra mayor riesgo de sufrir una infección resistente en el futuro.

Transmisión de microorganismos resistentes

Como hay movimiento de microorganismos entre pacientes, profesionales sanitarios y familiares, el uso de antimicrobianos en un paciente conlleva riesgos para la población local y, en última instancia, para la población mundial. Los microorganismos resistentes se propagan a través del contacto directo, de las superficies que nos rodean, del agua y de los alimentos.

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