Biblioteca electrónica de documentación científica sobre medidas nutricionales (eLENA)

Administración de suplementos de macronutrientes a las personas infectadas por el VIH/sida

Fundamento biológico, conductual y contextual

Dra. Juana Willumsen, PhD
Consultora de la OMS, Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo
Julio de 2013

Se estima que en el mundo hay 34 millones de personas infectadas por el VIH, de las que cerca del 70% vive en el África subsahariana (1). La pérdida de peso y la desnutrición son frecuentes en los pacientes infectados por el VIH y pueden acelerar la evolución de la enfermedad y aumentar la morbilidad y la mortalidad (2). Aun cuando los pacientes hayan comenzado a recibir tratamiento antirretroviral, un estado nutricional deficiente es un factor decisivo que determina la mortalidad (3,4).

Además de las consecuencias derivadas de la inseguridad alimentaria, a menudo presente en las comunidades afectadas por el VIH, existen tres factores clínicos fundamentales que contribuyen a la desnutrición de los pacientes con VIH:

  • la ingesta insuficiente (ocasionada por falta de apetito o por dificultades para comer debidas a la presencia de úlceras en la boca);
  • la malabsorción (provocada por diarreas o por lesiones en el intestinales) (5,6);
  • y el aumento del gasto de energía (los pacientes infectados por el VIH, aunque aparentemente estén bien y no padezcan ninguna infección oportunista, tienen una metabolismo basal un 10% superior a la de los adultos no infectados) (6-10).

El tratamiento antirretroviral interrumpe la replicación del VIH, y no solo produce una mejoría clínica y un mejor funcionamiento inmunitario, sino que, además, tiene por efecto un rápido y considerable aumento de peso, siempre que la dieta proporcione al organismo energía, proteínas y micronutrientes suficientes que posibiliten la recuperación nutricional (11-14).

No obstante, la reducción del índice de masa corporal sigue siendo un factor predictivo de la mortalidad, aun cuando se administre tratamiento antirretroviral, lo cual pone de relieve la importancia de monitorizar adecuadamente la alimentación y prestar otro tipo de asistencia además de tratamiento antirretroviral (2).

Por otro lado, la reducción de la ingesta de alimentos puede mermar la eficacia de los regímenes terapéuticos antirretrovirales, ya que algunos medicamentos pueden no absorberse adecuadamente o producir importantes efectos secundarios si no se toman con los alimentos convenientes (15,16).

En una revisión realizada por la OMS en 2005, se recomendaba aumentar la ingesta de energía de los pacientes asintomáticos infectados por el VIH en un 10% en comparación con las recomendaciones dietéticas habituales, y en un 20% a 50% en pacientes que estuvieran recuperándose de infecciones oportunistas, manteniendo la proporción de proteínas en un 12% a 15% de la ingesta total de energía, ya que no hay pruebas de que un mayor aporte de proteínas sea beneficioso (17).

En los entornos donde los alimentos son escasos o su calidad es mala, puede que no sea posible lograr ese aumento en la ingesta de energía sin aportar suplementos.

Si bien no hay muchos estudios sobre la composición óptima de los suplementos de macronutrientes para los pacientes con VIH, distintas intervenciones nutricionales, como por ejemplo los paquetes de alimentos y de suplementos de macronutrientes o micronutrientes se han integrado con buenos resultados en los programas de tratamiento antirretroviral en el África subsahariana (18,19), ya sea mediante el suministro de alimentos básicos o a través del abastecimiento de alimentos sustitutivos, como por ejemplo alimentos listos para consumir (suplementos ricos en nutrientes, por lo general en forma de pastas cremosas a base de lípidos, que contienen una gran variedad de micronutrientes), alimentos a base de mezclas de maíz y soja, o alimentos compuestos enriquecidos (20).

Si bien escasos, los datos científicos, indican que los que más podrían beneficiarse del aporte de suplementos de macronutrientes son ciertas poblaciones de pacientes con desnutrición enfermedad avanzada, sobre todo en entornos donde la seguridad alimentaria puede plantear problemas (21,22). Estudios realizados en adultos infectados por el VIH en Haití, Kenya, Malawi y Zambia han puesto de manifiesto que la administración de suplementos de macronutrientes tiene efectos muy positivos en el cumplimiento del tratamiento antirretroviral, el aumento de peso y el recuento de células CD4* (23,24-26).

Otros factores que han de tenerse en cuenta son el tipo y la cantidad de suplementos, y la duración de su administración; la seguridad alimentaria de las familias y la distribución de alimentos; así como resultados de interés, tales como el peso corporal o las medidas clínicas de la infección por el VIH, y los posibles efectos en la productividad económica, la comorbilidad y la calidad de vida (27).

Algunos de los problemas que plantea la puesta en marcha de programas de administración de suplementos son: acordar los criterios para dejar de administrarlos, la sostenibilidad, evitar la dependencia y mantener la equidad en las comunidades donde la inseguridad alimentaria es frecuente entre la población general. Los análisis de costoeficacia también pueden contribuir a determinar cuáles son los grupos de población que más podrían beneficiarse del aporte de suplementos, y ayudar a organizar su distribución del modo más eficiente y sostenible (28).

Se necesitan más estudios de investigación sobre estos y otros ámbitos a fin de comprender cuáles son los beneficios de las distintas estrategias de administración de suplementos en los tratamientos antirretrovirales, en especial en entornos donde la infección por VIH y la inseguridad alimentaria se hayan generalizado y con frecuencia se solapen.

Si bien las soluciones que abarcan al conjunto de la población para mejorar la seguridad alimentaria y el estado nutricional de toda la comunidad son pertinentes, podría ser necesario administrar suplementos a los individuos infectados por el VIH de forma selectiva, no solo para mejorar el estado nutricional, sino también para mejorar el cumplimiento del tratamiento antirretroviral y los resultados.

*(Las células CD4 o linfocitos T cooperadores son un tipo de glóbulos blancos encargados de combatir las infecciones. Junto con otras pruebas utilizadas en la infección por VIH/sida, los recuentos de células CD4 indican el vigor del sistema inmunitario de un individuo y la fase en que se encuentra la enfermedad, y ayudan a predecir cómo puede evolucionar y a orientar el tratamiento.)


Referencias

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