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Tratamiento vermífugo para combatir los efectos de los helmintos transmitidos por el suelo sobre el estado nutricional y la salud

Fundamento biológico, conductual y contextual

Marzo de 2012

Los helmintos transmitidos por el suelo —el áscaris (Ascaris lumbricoides), el tricocéfalo (Trichuris trichiura), la uncinaria (Necator americanus y el anquilostoma Ancylostoma duodenale) – figuran entre las causas más frecuentes de infestación en los países en desarrollo. La OMS calcula que más de 270 millones de niños en edad preescolar y más de 600 millones de niños en edad escolar viven en zonas con tasas de transmisión altas de estos parásitos y precisan intervenciones de prevención y tratamiento (1).

Estos helmintos se transmiten mediante huevos expulsados en las heces humanas, que contaminan el suelo en zonas carentes de un saneamiento adecuado. Las personas se infestan por la ingestión de huevos o larvas infestantes que contaminan los alimentos, las manos o los utensilios, o bien por la penetración en la piel de larvas infestantes presentes en el suelo. Estos parásitos no se multiplican en el ser humano, por lo que la reinfestación se produce únicamente mediante el contacto con fases infestantes presentes en el entorno.

Los helmintos transmitidos por el suelo causan múltiples alteraciones del estado nutricional de las personas infestadas. Por ejemplo, al alimentarse de la sangre y otros tejidos del hospedador provocan una pérdida de hierro y proteínas (2, 3). y obstaculizan la correcta absorción de los nutrientes. Además, es posible que el áscaris compita por la vitamina A en el intestino (4). Algunos helmintos transmitidos por el suelo también producen pérdida del apetito y, con ello, una reducción de la ingesta de nutrientes y un empeoramiento del estado físico (5). En concreto, T. trichiura provoca diarrea y disentería (6).

El deterioro nutricional debido a los helmintos transmitidos por el suelo afecta considerablemente al crecimiento y al desarrollo físico (7). Además de los efectos nutricionales, la infestación por estos helmintos también frena el desarrollo cognitivo (8, 9), limita el progreso en la enseñanza y obstaculiza el desarrollo económico (10).

Las medidas recomendadas para controlar la morbilidad debida a infestaciones por helmintos transmitidos por el suelo son sencillas y, en niños, deben aplicarse sin necesidad de un diagnóstico individual previo (11).

  • La administración periódica de fármacos vermífugos a todos los niños que viven en zonas endémicas (una vez al año si la prevalencia de estas infestaciones en el entorno supera el 20% o dos veces al año si supera el 50%). Esta intervención reduce la morbilidad al reducir la cantidad de helmintos (12).
  • La educación en materia de salud e higiene disminuye la transmisión y la reinfestación al fomentar unos hábitos saludables (13).
  • El suministro de un saneamiento adecuado también es importante, pero no siempre es posible en entornos con pocos recursos.

Los fármacos recomendados (400 mg de albendazol y 500 mg de mebendazol) son eficaces y de bajo precio, y pueden ser administrados por personal no médico (p. ej., maestros) (14). Han superado exhaustivos controles de seguridad, han sido utilizados por millones de personas y sus efectos secundarios son escasos y leves.

Un metanálisis reciente indica que, si la prevalencia de helmintos transmitidos por el suelo supera el 50%, el tratamiento vermífugo genera aumentos significativos del peso, la estatura, el perímetro mesobraquial y el grosor de los pliegues cutáneos en comparación con los controles no tratados; no se observaron indicios de un efecto inmediato sobre la concentración de hemoglobina (15). No obstante, debe tenerse en cuenta que estas mejoras de las medidas antropométricas no se producen únicamente como consecuencia del tratamiento vermífugo y que, si no se dispone de los nutrientes complementarios necesarios para el crecimiento de recuperación, es probable que las tasas de crecimiento no varíen (15). También se ha descrito un aumento del apetito tras el tratamiento vermífugo (16), lo que puede contribuir a un mayor crecimiento.

El tratamiento vermífugo periódico se puede integrar con facilidad en los días dedicados a la salud infantil, en los programas de suplementación para niños en edad preescolar o en los programas de salud escolar. En 2009, más de 300 millones de niños en edad preescolar o escolar recibieron tratamiento vermífugo en países endémicos, lo que corresponde al 35% de los niños en riesgo (17). El objetivo, a nivel mundial, es tratar al menos al 75% de los niños en riesgo (18). Las escuelas constituyen un punto de acceso al tratamiento vermífugo especialmente adecuado, ya que en ellas se puede proporcionar educación en materia de salud e higiene para, por ejemplo, fomentar el hábito de lavarse las manos y la mejora del saneamiento.


Bibliografía

1. PCT Databank. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2010 (http://www.who.int/neglected_diseases/preventive_chemotherapy/databank/en/, consultado el 24 de enero de 2012).

2. Solomons NW. Pathways to the impairment of human nutritional status by gastrointestinal pathogens. Parasitology, 1993, 107(Suppl):S19–S35.

3. Crompton DWT, Nesheim MC. Nutritional impact of intestinal helminthiasis during the human life cycle.Annual Review of Nutrition, 2002, 22:35–59.

4. Curtale F et al. Intestinal helminths and xerophthalmia in Nepal. A case-control study. Journal of Tropical Pediatrics, 1995, 41(6):334–337.

5. Stephenson LS et al. Physical fitness, growth and appetite of Kenyan school boys with hookworm, Trichuris trichiura and Ascaris lumbricoides infections are improved four months after a single dose of albendazole. Journal of Nutrition, 1993, 123(6):1036–1046.

6. Callender JE et al. Growth and development four years after treatment for the Trichuris dysentery syndrome. Acta Paediatrica, 1998, 87(12):1247–1249.

7. Stephenson LS, Latham MC, Ottesen EA. Malnutrition and parasitic helminth infections. Parasitology, 2000, 121(Suppl):S23–S38.

8. Nokes C et al. Parasitic helminth infection and cognitive function in school children. Proceedings of Biological Sciences, 1992, 247(1319):77–81.

9. Kvalsvig JD, Cooppan RM, Connolly KJ. The effects of parasite infections on cognitive processes in children. Annals of Tropical Medicine and Parasitology, 1991, 85(5):551–568.

10. Miguel E, Kremer M. Identifying impacts on education and health in the presence of treatment externalities. National Bureau of Economic Research Working Paper, 2001, 8481.

11. Preventive chemotherapy in human helminthiasis. Coordinated use of anthelminthic drugs in control interventions: a manual for health professionals and programme managers. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2006.

12. Albonico M et al. Intervention for the control of soil-transmitted helminthiasis in the community. Advances in Parasitology, 2006, 61:311–348.

13. Strengthening interventions to reduce helminth infections as an entry point for the development of health promoting schools. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 1996.

14. Montresor A et al. Helminth control in school-age children. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2002.

15. Hall A et al. A review and meta-analysis of the impact of intestinal worms on child growth and nutrition. Maternal and Child Nutrition, 2008, 4:118–236.

16. Latham MC et al. Metrifonate or praziquantel treatment improves physical fitness and appetite of Kenyan schoolboys with Schistosoma haematobium and hookworm infections. American Journal of Tropical Medicine and Hygiene, 43:170.

17. World Health Organization. Soil-transmitted helminthiases: estimates of the number of children needing preventive chemotherapy and number treated, 2009. Weekly Epidemiological Record, 2011, 25(86):257–268.

18. Resolución WHA54.19. Esquistosomiasis y helmintiasis transmitidas por el suelo. En: Quincuagésima cuarta Asamblea Mundial de la Salud, Ginebra, 22 de mayo de 2001. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2001.

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