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Administración de suplementos de aceites marinos para mejorar los resultados del embarazo

Fundamento biológico, conductual y contextual

abril de 2011

Los ácidos grasos ω-3 (omega-3) son ácidos grasos esenciales poliinsaturados de cadena larga, necesarios para una buena salud y un desarrollo adecuado. A diferencia de los ácidos grasos omega-3 de origen vegetal, como los de los aceites de linaza o de colza, los aceites de origen marino (de pescado o de algas) contienen ácidos docosahexaenoico (DHA) y eicosapentaenoico (EPA), de cadena más larga, denominados ácidos grasos "esenciales" porque el organismo no puede producirlos por sí mismo, por lo que se deben ingerir en cantidad suficiente.

En el período prenatal aumenta el riesgo de carencia de ácidos grasos omega-3, ya que las reservas de los tejidos maternos suelen disminuir1 al utilizarse para el desarrollo del feto2, 3. A menudo se recomienda a las embarazadas que consuman suplementos de aceites marinos para cubrir sus necesidades de estos ácidos grasos.

La administración de suplementos de aceites marinos durante el embarazo se ha evaluado como posible método para prevenir la prematuridad (o aumentar la edad gestacional) y la eclampsia y para incrementar el peso al nacer. Otras posibles ventajas de su uso son un mayor desarrollo cerebral del feto y un menor riesgo de parálisis cerebral y de depresión puerperal4-7. El origen de las teorías en las que se basan los estudios sobre desenlaces del embarazo radica en la observación de que, en comunidades con un gran consumo de pescado, el peso al nacer es elevado y la gestación, prolongada8-10

Los ácidos grasos DHA y EPA presentes en los aceites marinos son precursores de las prostaglandinas, que influyen en la constricción de los vasos sanguíneos. Se ha recomendado el consumo de aceites marinos por la población adulta en general y, en particular, por las embarazadas para tratar la hipertensión11. Al impedir la producción de prostaglandinas, que provocan la maduración del cuello del útero, estos mismos componentes de los aceites marinos también pueden retrasar el parto y prolongar así, en potencia, el embarazo y aumentar el peso al nacer12

Sin embargo, los estudios que han investigado estos mecanismos y sus posibles beneficios para la salud de madres e hijos han obtenido resultados dispares4, 5, 10, 13, 14. Las conclusiones más alentadoras de una reciente revisión sistemática indican que, aunque no se dispone aún de pruebas científicas suficientes para avalar la administración sistemática de suplementos de aceites marinos durante el embarazo para reducir el riesgo de preeclampsia, prematuridad o insuficiencia ponderal al nacer, sí pueden resultar útiles para prolongar la gestación 12

Las recomendaciones de limitar el consumo total de pescado pueden complicar el asesoramiento nutricional a embarazadas sobre el consumo de aceites marinos. Aunque el pescado constituye una fuente importante de ácidos grasos omega-3, muchos tipos de peces pueden estar contaminados con metilmercurio o bifenilos policlorados (PCB), que pueden ser nocivos para el desarrollo fetal15-16 Estos contaminantes potencialmente perjudiciales tienden a acumularse más en el músculo del pescado que en las partes grasas. No obstante, el consumo de preparaciones de aceite de pescado sin refinar podría dar lugar a problemas de toxicidad, ya que es posible que contengan plaguicidas y residuos de PCB17 .

Las dosis de DHA y EPA de aceites marinos necesarias para conseguir efectos beneficiosos para la madre y el hijo varían. En los estudios se han empleado dosis de 133 miligramos a 3 gramos al día. La mayoría de las mujeres recibieron una dosis aproximada de 2,7 gramos de EPA y de DHA al día12. Para que una embarazada reciba esta dosis a través de la alimentación tendría que ingerir 300 gramos de salmón cocinado, una cantidad que no necesariamente alcanzaría la correspondiente a posibles restricciones en el consumo de pescado durante la gestación por la presencia de contaminantes. Sin embargo, aparte del problema menor de su sabor desagradable, no parece que los suplementos de aceite de pescado provoquen efectos secundarios graves que puedan influir en la observancia del tratamiento, como complicaciones hemorrágicas o malestar12, 18, 19.


Bibliografía

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11 Morris MC et al. Does fish oil lower blood pressure? A meta-analysis of controlled trials. Circulation, 1993, 88:523–533.

12 Makrides M et al. Marine oil, and other prostaglandin precursor, supplementation for pregnancy uncomplicated by pre-eclampsia or intrauterine growth restriction. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2006, Issue 3, Art. No.: CD003402.

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14 Williams MA et al. Omega-3 fatty acids in maternal erythrocytes and risk of preeclampsia. Epidemiology, 1995, 6:232–237.

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16 Buck GM et al. Maternal fish consumption and infant birth size and gestation: New York State angler cohort study. Environmental Health, 2003, 2:7–16.

17 Rawn DFK et al. Persistent organic pollutants in fish oil supplements on the Canadian market: polychorinated biphenyls and organochlorine insecticides. Journal of Food Science, 2008, 74:T14–T19.

18 Makrides M. Is there a dietary requirement for DHA in pregnancy? Prostaglandins, Leukotrienes and Essential Fatty Acids, 2009, 81:171–174.

19 Akabas SR, Deckelbaum RJ. Summary of a workshop on n-3 fatty acids: current status of recommendations and future directions. American Journal of Clinical Nutrition, 2006, 83:1536S–1538S.