Administración de suplementos de vitamina D para mejorar los resultados terapéuticos en niños diagnosticados de infección respiratoria
Fundamento biológico, conductual y contextual
Las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores, principalmente la neumonía, son responsables de la muerte de más niños menores de cinco años en todas las regiones del mundo1 que ninguna otra causa. De los aproximadamente nueve millones de fallecimientos de niños ocurridos en todo el mundo en 2007, cerca del 20% (1,8 millones) fueron atribuibles a la neumonía. Se ha observado que la desnutrición aumenta la gravedad y la prevalencia total de las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores y constituye un factor importante para determinar las tasas de mortalidad de las formas graves de infección respiratoria1–4.
Un estado nutricional deficiente es una causa bien conocida de susceptibilidad a las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en la primera infancia. También lo son un bajo nivel socioeconómico, el origen étnico, una vacunación subóptima, la exposición al tabaco, la contaminación del aire y otras enfermedades crónicas subyacentes o la prematuridad5-7. Se han propuesto varias intervenciones relacionadas con micronutrientes para proteger a los niños y evitar que contraigan infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores. Se ha determinado una estrecha asociación de la carencia de vitamina D en niños con el riesgo de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en distintos entornos8-13. En Etiopía, por ejemplo, los investigadores observaron que el 42% de los niños hospitalizados por neumonía presentaban raquitismo, una carencia grave de vitamina D14.
La vitamina D constituye un grupo de moléculas liposolubles que son micronutrientes importantes para la salud. Tanto la vitamina D2 como la vitamina D3 pueden obtenerse de los alimentos15, 16, aunque en cantidades relativamente pequeñas. Únicamente los pescados grasos como el salmón, el atún, las sardinas o el aceite de hígado de bacalao contienen cantidades significativas de vitamina D3. La mayor parte de la vitamina D3 se sintetiza en la piel tras la exposición a la radiación UVB procedente del sol. Los alimentos enriquecidos, como cereales, queso y leche representan una fuente importante de vitamina D para los niños en algunos países, aunque estos productos contienen cantidades pequeñas y a menudo variables de vitamina D15, 16, 17. La alimentación contribuye solo en un 10%–20% a las reservas de vitamina D de los adultos y, muy probablemente, este porcentaje es aún menor en niños18.
Durante los meses de invierno, cuando la síntesis de vitamina D disminuye de forma natural por el menor número de horas de luz solar, el menor ángulo de la radiación solar y la menor superficie de piel expuesta, aumenta la incidencia de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en adultos y niños19, 20. Se cree que la vitamina D desempeña una función importante en la regulación del sistema inmunitario, y es posible que proteja contra las infecciones21, 22, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y trastornos autoinmunitarios como la diabetes de tipo 123–26. Según se constata, la administración de suplementos de vitamina D reduce la incidencia y las consecuencias adversas de estas afecciones y de otras como las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores, disminuyendo así la mortalidad por todas las causas27, 28.
Hasta ahora se han publicado muy pocos artículos sobre intervenciones nutricionales dirigidas al tratamiento o la prevención de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores. En un ensayo comparativo aleatorizado realizado en el Afganistán, una dosis elevada de vitamina D3 administrada (junto con antibióticos) a niños de 1 a 36 meses hospitalizados por neumonía redujo su recidiva en niños que vivían en una zona con gran carencia de vitamina D28.
No obstante, es necesario llevar a cabo nuevos estudios en diferentes entornos para confirmar estos resultados, especialmente en poblaciones de niños de entornos con recursos abundantes que no sufren carencia de vitamina D. Los niños de latitudes más septentrionales, con menor exposición solar, y los niños de piel oscura son los que presentan mayor riesgo de carencia de vitamina D y de contraer formas más graves de infección aguda de las vías respiratorias inferiores29, 30. Sin embargo, los umbrales que determinan la carencia de vitamina D y la ingesta diaria recomendada para niños siguen siendo objeto de debate13, 31, 32. La American Academy of Pediatrics (Academia Estadounidense de Pediatría) recomienda actualmente la administración de un suplemento de 400 UI (unidades internacionales) de vitamina D al día desde poco después del nacimiento y durante toda la infancia y adolescencia22. Las recomendaciones de incrementar la exposición al sol para aumentar la síntesis de vitamina D3 en zonas en las que no se administran suplementos deben sopesarse frente a los riesgos de una exposición excesiva a la radiación UV33. Se necesitan más datos sobre la influencia de la vitamina D en las infecciones y en la función inmunitaria durante la infancia34.
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