Administración de suplementos de zinc para mejorar los resultados terapéuticos en niños diagnosticados de infección respiratoria
Fundamento biológico, conductual y contextual
El zinc es un oligoelemento necesario para el mantenimiento de las células intestinales, el crecimiento óseo y la función inmunitaria. Los niños que viven en entornos de ingresos bajos suelen presentar desnutrición y carencia de zinc1, 2. Según se ha comprobado, una carencia grave de zinc puede producir retraso del crecimiento, alteraciones inmunitarias, afecciones cutáneas, problemas de aprendizaje y anorexia3, 4. La carencia puede derivar de una ingesta insuficiente de alimentos con zinc o de su absorción deficiente. La mayor parte de los alimentos ricos en zinc son de origen animal, como la carne, el pescado y los productos lácteos. En poblaciones con ingresos bajos, el acceso a estos alimentos puede ser más difícil. La fibra alimentaria y unas sustancias denominadas fitatos, que suelen encontrarse en los cereales, los frutos secos y las legumbres, se unen al zinc y reducen su absorción5, 6. La diarrea frecuente, que suele acompañar a la desnutrición crónica, puede contribuir al agotamiento de las reservas orgánicas de zinc7, 8.
Los niños con carencia de zinc presentan un mayor riesgo de retraso del crecimiento, enfermedades diarreicas e infecciones del aparato respiratorio (por ejemplo, infecciones agudas de las vías inferiores) 9, 11. Los trastornos diarreicos y las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores, en especial la neumonía, son las dos causas principales de mortalidad en lactantes y niños de los países de ingresos bajos12. Se considera que la causa subyacente de aproximadamente la mitad de estas infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores con resultado de muerte es la desnutrición11. Solo la neumonía mata cada año a más de dos millones de niños, más que el sida, el paludismo y el sarampión conjuntamente13. En algunos estudios se ha observado que, posiblemente, el aporte de suplementos de zinc reduce el número de episodios y la gravedad de la bronquiolitis y la neumonía9, 14-19 en niños. La administración de suplementos de zinc junto con una solución de rehidratación oral constituye la base de la recomendación de la OMS y el UNICEF para el tratamiento de niños con diarrea20.
Se cree que el zinc contribuye a reducir la susceptibilidad a las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores mediante la regulación de diversas funciones inmunitarias, como la protección de la salud y la integridad de las células respiratorias en caso de inflamación o lesión pulmonar21. Los estudios de la administración de suplementos de zinc para el tratamiento o un mejor control de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores como la neumonía han obtenido resultados diversos14, 22-27. Por ejemplo, según una reciente revisión y metanálisis de los estudios realizados, ha sido en Asia meridional donde se han demostrado con mayor claridad los efectos beneficiosos de los suplementos de zinc en niños (se les administraban 70 miligramos de zinc por semana como mínimo)19. Sin embargo, en esta revisión no se pudo determinar si el aporte de suplementos de zinc sería menos eficaz si se utilizaran dosis más bajas o si el efecto de este aporte sobre la incidencia de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores sería menor en otras regiones geográficas. Además, resulta complicado determinar la carencia de zinc en entornos con recursos limitados, por lo que puede ser difícil definir con precisión las poblaciones de mayor riesgo10, 28, 29. En otra revisión sistemática se observó una relación significativa entre el aporte de suplementos de zinc y la reducción de la incidencia de neumonía, y se recomendó la suplementación en poblaciones con carencia de zinc18.
También se han evaluado distintas dosis de suplementación, de 15 a 140 mg por semana, siendo las dosis más altas mayores que la ingesta diaria recomendada para niños (2 mg al día en niños menores de un año y hasta 7 mg al día en niños de 1 a 3 años)30. Es importante estudiar más a fondo la dosificación óptima de los suplementos de zinc, porque se ha observado que unas dosis elevadas de zinc y el aporte de suplementos a largo plazo pueden inhibir la absorción de otros nutrientes como el cobre y el hierro14, 23, 31, 32 y reducir las tasas de supervivencia de los niños con VIH33. También debe tenerse en cuenta el efecto de la alimentación sobre la absorción de micronutrientes, pues se ha sugerido que la biodisponibilidad del zinc aumenta en los regímenes alimenticios urbanos, con mayor presencia de alimentos refinados27, 34. Además, el aporte de suplementos no es la única manera de combatir las carencias de nutrientes que podrían favorecer la susceptibilidad de los niños a las infecciones. También deben investigarse otras opciones, como la reducción del consumo de alimentos que inhiben la absorción, la diversificación alimentaria y el enriquecimiento de alimentos26.
Varios autores han confirmado que mediante el aporte sistemático de suplementos de zinc durante más de tres meses se consigue reducir la duración de las infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en niños de países en desarrollo11, 19, 35, 36. Estos efectos observados podrían traducirse en una disminución sustancial de la morbimortalidad infantil, dado el número de niños que mueren cada año a causa de estas infecciones9. No obstante, es importante comprender mejor el modo en que la administración de zinc conjuntamente con los antibióticos en el tratamiento de niños con infecciones agudas y graves de las vías respiratorias inferiores puede reducir la mortalidad infantil por neumonía.
Bibliografía
1 Gibson RS, Ferguson EL. Assessment of dietary zinc in a population. American Journal of Clinical Nutrition, 1998, 68:430S–434S.
2 Bhutta ZA et al. Prevention of diarrhea and pneumonia by zinc supplementation in children in developing countries: pooled analysis of randomized controlled trials. Zinc Investigators' Collaborative Group. Journal of Pediatrics, 1999, 135(6):689–697.
3 Black RE. Zinc deficiency, infectious disease and mortality in the developing world. Journal of Nutrition, 2003, 133:1485S–1489S.
4 Brown KH et al. International Zinc Nutrition Consultative Group (IZiNCG) Technical Document no. 1. Assessment of the risk of zinc deficiency in populations and options for its control. Food and Nutrition Bulletin, 2004, 25:S94–S203.
5 Ruel MT et al. Impact of zinc supplementation on morbidity from diarrhea and respiratory infections among rural Guatemalan children. Pediatrics, 1997, 99(6):808–813.
6 Black RE. Therapeutic and preventive effects of zinc on serious childhood infectious diseases in developing countries. American Journal of Clinical Nutrition, 1998, 68:476S–479S.
7 Castillo-Duran C, Vial P, Uauy R. Trace mineral balance during acute diarrhoea in infants. Journal of Pediatrics, 1988, 113:452–457.
8 Naveh Y, Lightman A, Zinder O. Effect of diarrhea on serum zinc concentrations in infants and children. Journal of Pediatrics, 1982, 101:730–733.
9 Aggarwal R, Sentz J, Miller MA. Role of zinc administration in prevention of childhood diarrhea and respiratory illnesses: a meta-analysis. Pediatrics, 2007, 119(6):1120–1130.
10 Shakur MS et al. Serum and hair zinc in severely malnourished Bangladeshi children associated with or without acute lower respiratory infection. Indian Journal of Pediatrics, 2009, 76(6):609–614.
11 Roth DE et al. Acute lower respiratory infections in childhood: opportunities for reducing the global health burden through nutritional interventions. Boletín de la Organización Mundial de la Salud, 2008, 86:356–364.
12 Bryce J et al. WHO estimates of the causes of death in children. The Lancet, 2005, 365:1147–1152.
13 Wardlaw TM et al. Pneumonia: the forgotten killer of children. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2006.
14 Brooks WA et al. Effect of weekly zinc supplements on incidence of pneumonia and diarrhoea in children younger than 2 years in an urban, low-income population in Bangladesh: randomized controlled trial. The Lancet, 2005, 366:999–1004.
15 Jones G et al. How many child deaths can we prevent this year? The Lancet, 2003, 362:65–71.
16 Bhutta ZA et al. Prevention of diarrhea and pneumonia by zinc supplementation in children in developing countries: pooled analysis of randomized controlled trials. Journal of Pediatrics, 1999, 135:689–697.
17 Bhutta ZA et al. What works? Interventions for maternal and child undernutrition and survival. The Lancet, 2008, 371:417–440.
18 Haider BA et al. Zinc supplementation for the prevention of pneumonia in children aged 2 months to 59 months. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2006, Issue 2 Art. No.: CD005978.
19 Roth DE, Richard SA, Black RE. Zinc supplementation for the prevention of acute lower respiratory infection in children in developing countries: meta-analysis and meta-regression of randomized trials. International Journal of Epidemiology, 2010, 39(3):795–808.
20 OMS/UNICEF. Tratamiento clínico de la diarrea aguda. Ginebra, Organización Mundial de la Salud, 2004.
21 Bao S, Knoell DL. Zinc modulates airway epithelium susceptibility to death receptor- mediated apoptosis. American Journal of Physiology – Lung Cellular and Molecular Physiology, 2006, 290:L433–L441.
22 Bose A et al. Efficacy of zinc in the treatment of severe pneumonia in hospitalized children less than 2 years old. American Journal of Clinical Nutrition, 2006, 83:1089–1096.
23 Chang AB et al. Zinc and vitamin A supplementation in Indigenous Australian children hospitalized with lower respiratory tract infection: a randomized controlled trial. Medical Journal of Australia, 2006, 184:107–112.
24 Mahalanabis D et al. Randomized, double-blind, placebo-controlled clinical trial of the efficacy of treatment with zinc or vitamin A in infants and young children with severe acute lower respiratory infection. American Journal of Clinical Nutrition, 2004, 79:430–436.
25 Bhandari N et al. Effect of routine zinc supplementation on pneumonia in children aged 6 months to 3 years: randomised controlled trial in an urban slum. BMJ, 2002, 324:1358–1362.
26 Richard SA et al. Zinc and iron supplementation and malaria, diarrhea, and respiratory infections in children in the Peruvian Amazon. American Journal of Tropical Medicine, 2006, 75:126–32.
27 Long KZ. A double-blind, randomized, clinical trial of the effect of vitamin A and zinc supplementation on diarrheal disease and respiratory tract infections in children in Mexico City, Mexico. American Journal of Clinical Nutrition, 2006, 83:693–700.
28 Doherty CP et al. Zinc and rehabilitation from severe protein-energy malnutrition: Higher dose regimens are associated with increased mortality. American Journal of Clinical Nutrition, 1998, 68:742–748.
29 Gibson RS et al. Higher risk of zinc deficiency in New Zealand Pacific school children compared with their Maori and European counterparts: a New Zealand national survey. British Journal of Nutrition, 2010, 1–10.
30 Institute of Medicine. Institute of Medicine dietary reference intakes: the essential guide to nutrient requirements. Washington D.C., National Academies Press, 2006.
31 Prasad AS et al. Hypocupremia induced by zinc therapy in adults. Journal of the American Medical Association, 1978, 240:2166–2168.
32 Dekker LH, Villamor E. Zinc supplementation in children is not associated with decreases in hemoglobin concentrations. Journal of Nutrition, 2010, 140(5):1035–1040.
33 Tang AM et al. Effects of micronutrient intake on survival in human immunodeficiency virus type 1 infection. American Journal of Epidemiology, 1996, 143:1244–1256.
34 Rosado JL et al. Bioavailability of energy, nitrogen, fat, zinc, iron and calcium from rural Mexican diets. British Journal of Nutrition, 1992, 68:45–58.
35 Sazawal S et al. Zinc supplementation reduces the incidence of acute lower respiratory infections in infants and preschool children: a double-blind, controlled trial. Pediatrics, 1998, 102:1–5.
36 Poole C. Commentary: Learning from within-study and among-study comparisons – trials of zinc supplementation and childhood acute lower respiratory illness episodes in the developing world. International Journal of Epidemiology, 2010, 39(3):809–811.