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Las plaquetas se utilizan para evitar las hemorragias en pacientes aquejados de enfermedades que reducen su número o eficacia. Los glóbulos blancos se suministran a los pacientes aquejados de infecciones graves provocadas por bacterias u hongos, especialmente las que surgen a raíz de un transplante de médula ósea o de la terapia del cáncer.
