Kenya: Casey Marenge

Casey Marenge, una luchadora por la seguridad vial y los derechos de las personas discapacitadas, describe las adaptaciones físicas, emocionales y psicológicas que debió hacer a raíz de sus traumatismos.

Tenía sólo 20 años cuando, de camino a la facultad, sufrí un accidente de tránsito que cambió mi vida para siempre. Me trasladaron rápidamente a un hospital de Nairobi y allí me ingresaron de inmediato en la unidad de cuidados intensivos, en la que me realizaron numerosos exámenes y radiografías y me administraron medicación.

Después de seis semanas en una cama de hospital, y gracias a los fondos recaudados por amigos y familiares, me trasladaron a Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para comenzar la segunda fase del tratamiento. Cuando llegué me informaron de la magnitud de mis lesiones. Había sufrido una sección completa de la médula espinal a la altura de las vértebras C4 y C5, y había quedado cuadraplégica desde los hombros hacia abajo. Tras dos operaciones y otras ocho semanas en la unidad de cuidados intensivos, comenzó mi proceso de rehabilitación.

Las actividades cotidianas incluyeron sesiones de fisioterapia para fortalecer mis músculos, y sesiones de terapia ocupacional en las que aprendí a utilizar el software de reconocimiento de la voz que me permite manejar con mi voz todas las funciones de la computadora. También hay sesiones de orientación que me ayudan a afrontar la situación, evidentemente traumática; y clases de educación en las que aprendo a enfrentar los nuevos retos físicos, psicológicos y emocionales.

Dado que en mi país no hay demasiada sensibilización ni recursos suficientes para abordar los problemas de las víctimas de lesiones de la médula espinal, mi regreso a casa fue, de hecho, un enorme desafío. La casa no tenía condiciones de accesibilidad, por lo que los miembros de mi familia debían esforzarse diariamente para subirme y bajarme. La fisioterapia se había convertido en una necesidad crucial y, en vista de los gastos constantes que entrañaba, mi madre asumió la función de fisioterapeuta y también de cuidadora.

El Spinal Injury Hospital de Nairobi (Kenya) es el único hospital de África oriental que dispensa atención a personas con lesiones de la médula espinal. Durante el proceso de mi rehabilitación, lograr la admisión al tratamiento en períodos de enfermedad o la utilización de los servicios de fisioterapia era casi imposible, debido al elevadísimo número de personas en lista de espera.

A diferencia de lo que ocurre en algunos países desarrollados, en los que las personas discapacitadas se reincorporan a la sociedad a través de las oportunidades de empleo y educación, en los países en desarrollo el acceso a un empleo es casi imposible. Día tras día, tuve que adaptarme a la situación y tratar de mantenerme lo más ocupada posible.

A pesar de los problemas, el período de rehabilitación fue una lección de humildad en mi vida y un proceso constante que dura hasta el presente. He aprendido que la discapacidad no es incapacidad, y que una firme disposición mental y una actitud positiva han sido muy importantes.

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