El estigma de la enfermedad hace que sea difícil para las personas recurrir a los servicios de prevención y tratamiento. Educadores de entre los propios afectados, pertenecientes a una organización creada por personas que viven con el VIH, proporcionan preservativos, agujas limpias, jeringas y asesoramiento a personas como Tanya y Sergei que normalmente no tienen contacto con los servicios de atención sanitaria general
