Balance de la situación en el 40 aniversario del Programa Ampliado de Inmunización

Junio de 2014

La sala de espera de la clínica de la zona 3 de Meadowlands en Soweto (Sudáfrica) rebosa de niños que han venido con sus padres para que se les administre la vacuna programada. El personal médico sigue un protocolo muy bien ensayado: registran las llegadas, pesan a los bebés como parte de la revisión previa a la inmunización y vacunan a los jóvenes pacientes.

Lindiwe Khumalo, con una cartilla azul de vacunación en la mano, ha traído a su hijo Sibusiso (Bendición), de 18 meses. Lindiwe recuerda que la vacunaron de niña y que necesitó su ficha de vacunación para matricularse en la escuela. Ahora que es madre no tiene ninguna duda sobre la importancia de la inmunización.

«Mi otro hijo, de seis años, tiene que recibir pronto otra dosis de la vacuna contra el tétano y la difteria. Es fácil acordarse porque la fecha en que los niños tienen que volver está escrita en la cartilla», comenta Lindiwe, de 26 años.

Las citas para la vacunación sistemática de Lindiwe y sus hijos, y las de millones de personas en todo el mundo, arrancan de las medidas que tomó la Organización Mundial de la Salud en 1974 para poner en marcha el Programa Ampliado de Inmunización (PAI). El objetivo era abordar seis enfermedades prevenibles mediante vacunación: poliomielitis, difteria, tuberculosis, tos ferina, sarampión y tétanos. El PAI se inspiró en la campaña de erradicación de la viruela, que tan buenos resultados había cosechado, para llegar a un número elevado de personas y vacunarlas, aunque estuvieran en zonas remotas. En 1974, aproximadamente un 5% de los niños estaban protegidos contra esas enfermedades; en la actualidad lo está un 83%.

A más vacunas, más retos

La OMS, que trabaja con socios como el UNICEF y la Alianza GAVI para ofrecer apoyo técnico y financiero destinado a los programas de vacunación, calcula que el PAI evita 2,5 millones de muertes prematuras cada año y protege a millones de personas de enfermedades y discapacidad.

Tras los excelentes resultados del programa original, actualmente muchos países vacunan contra al menos 9 o 10 enfermedades, y también han extendido el programa a los adolescentes, los ancianos y la población adulta en general, comenta el Dr. Thomas Cherian, coordinador del PAI de la OMS desde 2006 hasta 2012.

«A medida que llegan nuevas vacunas se habilitan mecanismos a través de la Alianza GAVI y otras fuentes de financiación para velar por que incluso las costosas vacunas nuevas lleguen a la gente en los países más pobres», observa el Dr. Cherian. Sin embargo, añade, es necesario abordar el problema del apoyo a los países de ingresos medianos, que no son lo bastante pobres para recibir el apoyo de la Alianza GAVI ni lo bastante ricos para pagar las vacunas por sus propios medios, así como las demandas estructurales para que la cobertura sea más amplia y el número de vacunas mayor.

«Cuando se introducen más vacunas, el programa pasa a ser más complejo. El personal de salud necesita más capacitación y los padres deben asimilar más información», señala el Dr. Cherian. «Las cadenas de suministro, las redes de distribución y los sistemas de vigilancia deben reforzarse para asegurar que los sistemas de salud tengan capacidad para dar cabida a todas las vacunas y lograr los objetivos deseados».

Seguimiento de las repercusiones

Las autoridades de salud además se enfrentan a la dificultad de llegar a los 22 millones de niños que se calcula que todavía no reciben las vacunas básicas del PAI.

Con objeto de mejorar la selección de beneficiarios y la respuesta de los programas de vacunación, es necesario disponer de más y mejores datos. La OMS está en vías de elaborar sistemas, instrumentos y mecanismos para mejorar el registro y la notificación de enfermedades, así como las estimaciones de la cobertura de la vacunación a todos los niveles administrativos.

«Tenemos que aprovechar los excelentes programas de vigilancia de la poliomielitis y el sarampión, a fin de que las instancias normativas puedan realmente ver las repercusiones del programa de vacunación, y que por lo tanto estén dispuestas a invertir en él o a seguir financiándolo. Esto es especialmente importante cuando los presupuestos sanitarios se recortan o se suspende el apoyo externo», subraya el Dr. Cherian.

De nuevo en Meadowlands, Lindiwe y Sibusiso son llamados a la consulta donde la enfermera le pone al niño con destreza dos inyecciones: en un brazo una vacuna combinada contra la difteria, la tos ferina, el tétanos, el Haemophilus influenzae tipo B (Hib) y la poliomielitis; en el otro una segunda dosis de la vacuna contra el sarampión. Sibusiso llora, la cartilla de vacunación se pone al día, y la visita termina hasta la siguiente cita. Todo muy normal…pero verdaderamente excepcional.

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