El ebola en primera persona: primeras señales – marzo de 2014

Pierre Formenty

En los últimos 20 años, el Dr. Pierre Formenty se ha dedicado a investigar brotes de enfermedades transmisibles, incluidos muchos brotes de ebola. A mediados de marzo de 2014, mientras estaba en Kinshasa proporcionando formación a trabajadores sanitarios sobre la forma de tomar y trasladar en condiciones de seguridad muestras de sangre que puedan contener ‘agentes patógenos peligrosos’ como el virus el ebola, empezó a recibir correos electrónicos preocupantes.

En ellos se describía un grupo de casos en Guinea que se creía que habían sido provocados por el virus de Lassa. Sin embargo, las características de los casos y la forma en que ocurrieron le hicieron pensar con preocupación que en realidad no se trataba de la fiebre de Lassa, sino posiblemente de la enfermedad por el virus del ebola. En las siguientes líneas el Dr. Formenty describe qué sintió al darse cuenta de que el virus del Ebola-Zaire había llegado por primera vez al corazón de África occidental.

Laboratorio móvil en  Guinea
OMS/Stéphane Saporito

«Recibimos los primeros correos sobre los casos de Guinea el viernes 14 de marzo. Ese fin de semana viajé a la República Democrática del Congo para un curso de formación sobre la forma de tomar muestras de sangre de pacientes infectados por el virus del Ebola. Era un curso de tres días de duración.

En los primeros correos electrónicos que recibí de Guinea se mencionaban casos sospechosos de fiebre de Lassa. En los primeros correos solo se daban cifras (9 casos, de los cuales 8 habían sido mortales), pero el 18 de marzo recibimos una descripción más detallada. Yo estaba un poco molesto porque en la descripción se hablaba de transmisión asociada a entierros y entre trabajadores sanitarios, algo que ocurre con el virus del Ebola pero que es inhabitual con el virus de Lassa.

Así que pensé: ¿qué está pasando aquí? Tal vez no se trate de fiebre de Lassa sino de otra cosa. Tenemos que ser prudentes y seguir la evolución de la situación. Volví a Ginebra pero continué haciendo un estrecho seguimiento de este asunto.

Podía tratarse de ebola

MSF envió a Francia las muestras tomadas por la OMS y el Ministerio de Salud de Guinea para la realización de pruebas de diagnóstico. Así pues, llamé a París y les dije que por favor hicieran las pruebas para el virus de Lassa pero también para los virus de Marburgo y Ebola debido al historial de infecciones de médicos y enfermeros y de personas que habían asistido a entierros. En circunstancias normales, la fiebre de Lassa no se propaga tan rápido, y en todo caso más lentamente que las enfermedades provocadas por los virus del Ebola y de Marburgo.

A primera hora de la mañana del viernes 21 de marzo recibí la respuesta: las muestras habían dado positivo para filovirus. Por tanto, se trataba del virus de Marburgo o del Ebola. El virus de Marburgo no era mi primera opción porque existe el virus del Ebola de la especie Cote d’Ivoire (la cepa de la selva Tai había provocado un caso en Cote d’Ivoire en 1994). Asimismo, para el virus de Marburgo se tienen que dar muchas circunstancias específicas (en particular, grandes colonias de murciélagos Rousettus que viven en cuevas), y el tipo de minería a cielo abierto de Guinea no es compatible con este tipo de colonias grandes de murciélagos. Por tanto, desde el principio me decanté más bien por el virus del Ebola.

Creo que fue el viernes 21 de marzo en torno a las 19.00 horas cuando se confirmó que se trataba del virus del Ebola, pero no fue hasta el sábado por la noche cuando recibí el texto que confirmaba que se trataba de la especie Zaire. Estaba en un restaurante, y recuerdo que pensé que se trataba del peor escenario para el país. Nadie quería que fuese ebola y, de ser ebola, todo el mundo habría preferido que se tratase de la cepa Cote d’Ivoire, ya que el único caso de infección provocada por esta cepa sobrevivió. El Ebola-Zaire provoca mucha estigmatización.

Aunque era el peor escenario posible para el país, la buena noticia era que en principio teníamos buenas medidas de control que habían sido eficaces en muchos países.

Dr. Pierre Formenty  de la OMS
OMS/Marie-Agnès Heine

Primera respuesta

El domingo nos pusimos manos a la obra. A resultas de la reunión en la República Democrática del Congo, habíamos elaborado numerosos documentos, materiales de formación y listas de equipamiento relacionados con las investigaciones sobre brotes de ebola. Transmitimos todo este material a las autoridades del país, junto con procedimientos operativos normalizados para luchar contra el ebola.

El viernes 21 de marzo, cuando supimos que se trataba de un filovirus, adoptamos disposiciones para el envío de equipos de protección personal (EPP). El lunes decidimos quién iba a viajar para ayudar en la investigación y el control del brote, y esa semana llegaron al país dos equipos internacionales de laboratorio: uno, del Instituto Pasteur Dakar, fue desplegado en Conakry, y el segundo, del consorcio para el laboratorio móvil europeo (European Mobile Laboratory Project), fue desplegado en Guéckédou. El 27 de marzo se detectaron los primeros casos en Conakry.

Desde el primer día sabíamos que teníamos que proteger a Sierra Leona y Liberia. Ambos países fueron informados en tiempo real de la situación y las conclusiones de laboratorio, y participaron en todas las teleconferencias con Guinea.

Había algo diferente en este brote

Este brote siempre me pareció un poco raro. Las cifras reflejaban una situación un poco diferente: el brote se mantenía y no se reducía rápidamente. Algo iba mal, especialmente en lo tocante al número de casos: en pocas semanas había aumentado en Conakry hasta llegar a más de 50, una cifra demasiado alta para una capital. Y en el 30% de los casos se trataba de trabajadores sanitarios. Este brote era diferente.