El ebola en primera persona: una ardua batalla

Rob Fowler

El Dr. Rob Fowler es un médico de cuidados intensivos de Toronto (Canadá) que fue contratado por la Organización Mundial de la Salud en agosto de 2013 para que trabajara en el equipo de atención clínica de Enfermedades Pandémicas y Epidémicas. Cuando se confirmó el brote de ebola a finales de marzo de 2014, Rob formó parte del primer equipo de respuesta clínica que fue enviado a Guinea. En los meses siguientes Rob trabajó en un centro de tratamiento del ebola, donde se ocupó principalmente de tratar la deshidratación, la disfunción orgánica y el choque para reducir las tasas de mortalidad.

OMS/M.A. Heine

«Me encontraba en la sede de la OMS en Ginebra cuando se confirmó el primer caso de ebola en Guinea. En ese momento supe que en pocos días probablemente formaría parte del primer equipo de la OMS sobre el terreno.

La primera vez que entré en un ala de tratamiento del ebola fue en el Hospital Kipé de Conakry, donde había varios pacientes de ebola, la mayoría de ellos trabajadores sanitarios. Otros pacientes ya habían abandonado el hospital por miedo. En el ala solo quedaban un enfermero y un reducido número de médicos que no se habían infectado. Ninguno de ellos había tenido la suerte de recibir previamente formación sobre la prevención y el control de la infección por el virus del Ebola, y las consecuencias eran demoledoras. Por tanto, mi primera reacción al entrar al hospital fue una gran inquietud y bastante miedo porque todos los trabajadores del ala corrían riesgo de infección.

Esas primeras semanas fueron un ciclo continuo de largas jornadas de atención clínica en la unidad de tratamiento del ebola instalada improvisadamente en los terrenos del Hospital Donka y, de manera simultánea, de asesoramiento clínico en la reuniones de coordinación de la respuesta de la OMS al ebola que tenían lugar cada mañana.

Escasez de camas, tratamientos, médicos y enfermeros

Los primeros días en Conakry fueron para mí los más difíciles debido a la falta de recursos — falta de camas, medicamentos y personal. Cuando llegué por primera vez había en la capital unos cuatro médicos y enfermeros guineanos y cuatro médicos y enfermeros internacionales atendiendo a los pacientes. Había demasiados pocos clínicos para proporcionar asistencia médica a los pacientes infectados.

Gran parte de los trabajadores sanitarios locales se habían infectado por no tener suficiente experiencia previa en materia de prevención y control de infecciones, y eso diezmó al personal clínico. Teníamos más de 100 pacientes y, algunos días, solo un par de médicos y un par de enfermeros. Era muy duro trabajar en un entorno así, donde el personal caía enfermo.

Este brote planteaba muchos problemas. Los países afectados no habían padecido antes el ebola y, por consiguiente, no tenían establecidos los procedimientos básicos para hacer frente a un brote de la enfermedad. En años anteriores hubo periodos de agitación social e inestabilidad gubernamental y problemas en la infraestructura de atención sanitaria que provocaron una incapacidad para atender las necesidades básicas de salud pública y las necesidades sanitarias acuciantes de la población. Los ministerios de salud y los trabajadores sanitarios locales hacen todo lo posible, pero trabajan en un sistema que no cuenta con el apoyo suficiente.

El Dr. Rob Fowler es un médico de cuidados intensivos de Toronto (Canadá) que fue contratado por la Organización Mundial de la Salud en agosto de 2013 para que trabajara en el equipo de atención clínica de Enfermedades Pandémicas y Epidémicas.
OMS/S. Gborie

No se puede dejar de recalcar la importancia de la formación y la experiencia previas en materia de prevención y control de infecciones para mantener a salvo a los trabajadores sanitarios, los pacientes y la población. Así, en esas condiciones, cualquier brote tenía que ser difícil de afrontar.

Esta fue también la primera vez que el ebola azotaba centros urbanos y se transmitía de un lugar a otro con mucha facilidad. Normalmente los brotes de ebola se producen en zonas geográficamente delimitadas, aisladas y con frecuencia remotas. De repente ya no había un solo brote, sino varios; muchos frentes a los que había que hacer frente de forma simultánea.

Establecer la pauta de una buena atención clínica

La atención clínica de los pacientes es una pequeña parte de la respuesta. No obstante, creo que es un aspecto importantísimo. Cuando la mortalidad es muy elevada y los centros de tratamiento del ebola funcionan más para aislar a los pacientes que para proporcionales asistencia sanitaria, la población es reticente a pedir ayuda de manera voluntaria debido al miedo.

Durante el mes siguiente, creo que este equipo ayudó a establecer la pauta de un determinado estilo de atención clínica que se ha adoptado en toda África occidental, a saber: rehidratación intensa temprana, tratamientos antibióticos y antipalúdicos, y tratamiento de las anomalías metabólicas y electrolíticas en el lugar donde se presta la atención sobre la base de análisis de laboratorio.

No es muy frecuente que la OMS envíe a clínicos (médicos y enfermeros) para ayudar a los ministerios de salud a proporcionar atención clínica directa. Sin embargo, al inicio del brote la necesidad era demasiado acuciante, por lo que la facilitación de ayuda en la atención de los pacientes se convirtió necesariamente en una de nuestras prioridades».

Desde entonces hasta diciembre de 2014, Rob fue desplegado cuatro veces más, primero en Guinea en marzo, en Sierra Leona en julio, en Liberia en septiembre y de nuevo en Sierra Leona en diciembre.