El ebola en primera persona: Cuando todos se ponen manos a la obra

Stéphane Hugonnet

Marzo de 2015

El Dr. Stéphane Hugonnet, Jefe de equipo del Departamento de Capacidad, Alerta y Respuesta Mundiales (GCR) de la Organización Mundial de la Salud, fue uno de los primeros expertos de la OMS en desplazarse a Guinea para investigar los casos de Ebola notificados a finales de marzo de 2014. Este médico, que llevaba los últimos 20 años trabajando para la OMS, MSF y otras organizaciones en tareas de control de brotes – de cólera, sarampión, fiebre amarilla, fiebre de Lassa, ebola y meningitis –, se encontró a su llegada a Guinea con un tipo de epidemia muy diferente a los que había conocido hasta entonces.

El Dr. Stéphane Hugonnet, Jefe de equipo del Departamento de Capacidad, Alerta y Respuesta Mundiales (GCR) de la Organización Mundial de la Salud, fue uno de los primeros expertos de la OMS en desplazarse a Guinea para investigar los casos de Ebola notificados a finales de marzo de 2014.
OMS/C. Taylor-Johnson

«Estábamos investigando un rumor según el cual se habían producido en Guinea una serie de muertes por causas desconocidas. Algunos pensaban que podría tratarse de la fiebre de Lassa, pero el patrón de transmisión coincidía más bien con el de la enfermedad por el virus del Ebola (EVE). Cuando llegaron los resultados del laboratorio, pudimos confirmar que había aparecido en África Occidental el virus del Ebola de la especie Zaire. Era la primera vez que esto sucedía.

Nos pusimos inmediatamente manos a la obra: el 25 de marzo pasé a formar parte de un equipo integrado por especialistas en logística, un antropólogo de la medicina, técnicos de laboratorio, virólogos y especialistas en prevención y control de infecciones. Mi trabajo consistía en evaluar rápidamente la situación de los cuatro distritos afectados, mejorar la vigilancia y prestar apoyo en la creación de un laboratorio móvil.

El mismo día en que abandonamos Conakry para ir a Guékédou, se confirmó el primer caso en Conakry. No tardamos en percatarnos de que este brote no tenía nada que ver con los demás. Conakry se encuentra a más de 1000 kilómetros de Guékédou. Los brotes de ebola suelen estar muy localizados. El virus, mediante transmisión de persona a persona, se había propagado rápidamente de una zona rural a una gran ciudad, lo que también resultaba poco habitual. Por último, el brote estaba cobrando una dimensión multinacional: se habían confirmado casos en Liberia y había sospechas de casos en Sierra Leona.

Los brotes son más difíciles de controlar si se vuelven transfronterizos

Ya en los casos en que hay que combatir un brote localizado en un lugar remoto, todo es un problema al principio: faltan recursos y faltan personas para encargarse de las tareas de control. Pero los brotes son aún más difíciles de manejar cuando se vuelven transfronterizos, incluso si las personas infectadas pertenecen a la misma tribu y comparten un mismo idioma. Esta situación resultaba muy preocupante.

Nos pusimos a trabajar con rapidez para establecer en Guékédou un laboratorio móvil capaz de hacerse cargo de las muestras que se habían ido acumulando y de los nuevos casos que había que examinar. Creo nuestra capacidad máxima rondaba al principio las 50 muestras diarias, lo cual ahora, a posteriori, puede parecer asombroso. Al cabo del segundo día, ya estábamos analizando muestras procedentes del epicentro. La creación del laboratorio fue un éxito.

«El antropólogo de nuestro equipo dedicó buena parte de su trabajo a persuadir al Ministerio de Salud y otras instancias de la importancia de mostrar una actitud de empatía para con las familias de los infectados y de incluirlas en el proceso funerario.»

Stéphane Hugonnet, OMS

Al poco tiempo, empezamos a ejercer también una labor de antropología social, sobre todo para asegurar la seguridad de los entierros. Ya habían estallado protestas, a veces violentas, en Guékédou y Macenta. La opinión pública acerca del brote era extremadamente inestable. Incluso había rumores de que eran los trabajadores sanitarios internacionales quienes habían traído el ebola al país.

Las protestas, a veces violentas, dificultaron nuestro trabajo

Para algunos lo único que estaba claro es que se habían llevado a sus seres queridos a los centros de tratamiento y que nunca regresaron de ellos. Había personas infectadas que se negaban a ser ingresadas; algunas incluso huyeron de los hospitales. Enseguida nos dimos cuenta de que era muy necesario adoptar un «enfoque más humano». El antropólogo de nuestro equipo dedicó buena parte de su trabajo a persuadir al Ministerio de Salud y otras instancias de la importancia de mostrar una actitud de empatía para con las familias de los infectados y de incluirlas en el proceso funerario».

La colaboración con Médicos Sin Fronteras (MSF) resultó extremadamente valiosa en esferas como la vigilancia, las pruebas de laboratorio, la movilización social y la labor antropológica. En esos momentos, MSF estaba gestionando centros de tratamiento en Guékédou y Macenta, pero los centros de Kissidougou y N'Zerekoré aún no existían.

Una de mis tareas consistió en convencer a una serie de altos funcionarios de la gravedad de este brote y lograr que permanecieran en Guékédou y tomaran las riendas de la intervención de respuesta. Era fundamental que así fuera.

En mi trabajo sobre el terreno pude constatar que, en realidad, la propagación del ebola no es tan difícil de contener. Una combinación de varias intervenciones, incluso sin que ninguna de ellas se aplique al 100% (aislamiento, participación comunitaria, movilización social, preparación de los centros de salud), puede ser suficiente para reducir e interrumpir la transmisión. Si se logra identificar el problema y actuar con prontitud, como fue el caso en los brotes posteriores registrados en Malí, Nigeria y el Senegal, es posible controlar la situación.»