El ebola en primera persona: hacer lo que sea necesario

Christopher Lane, Epidemiólogo Principal, Sierra Leona

Chris Lane, ingeniero de recursos hídricos y especialista en control de contaminación del agua, trabajó para el Departamento de Salud Pública desde 1995, como especialista en infecciones por salmonella y respuesta a los brotes. En 2000, la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) lo envió a Gulu, en la región septentrional de Uganda, para colaborar con la OMS durante el brote de ebola es esa zona. Esa experiencia le proporcionó valiosos conocimientos sobre los brotes de ebola, por lo que, una vez más, fue enviado por la GOARN para trabajar con la OMS en Sierra Leona. Pero cuando llegó a Kenema (Sierra Leona), se encontró ante un brote tan amplio y complejo que requería mucho más que epidemiología y vigilancia.

OMS/P. Desloovere

“El viaje hasta Kenema fue interesante. Las carreteras eran difíciles de transitar y cuando llegué a Kenema me sorprendió bastante el gran tamaño del hospital en el que estaban aislados el dispensario y los pacientes de ebola. El centro de aislamiento recientemente construido ya estaba en funcionamiento y acogía a unos 20 pacientes. Kenema tenía graves carencias de recursos para afrontar ese problema.

Mi primer día en el “despacho” fue frenético. Lo pasé mayormente en reuniones. Quería obtener de primera mano la información necesaria para evaluar cuál sería la mejor manera de utilizar mis conocimientos. Visité al responsable médico del distrito y al alcalde; me reuní con personas que trabajaban en el laboratorio. Creo que asistí a unas cinco reuniones ese primer día. Mi día comenzó a las 7:30 y acabó casi a las 23:00 horas. Por la noche recibí una llamada de bienvenida del Dr. Zabulon Yoti, coordinador de la OMS y epidemiólogo en Kailahun, al norte de donde estábamos, que fue la primera zona afectada por el ebola en Sierra Leona. Su “bienvenida” fue de hecho un pedido para que me trasladara a Kailahun, porque deseaba tener a otro epidemiólogo esa ciudad. Pero mi propia evaluación de riesgo en Kenema, donde acababa de producirse la primera defunción de un profesional sanitario, me hizo permanecer allí.

Rumores, secretos y tragedia

La población local no tenía gran entusiasmo por permanecer aislada. Pronto me enteré de los rumores que circulaban en la comunidad.”La enfermedad estaba provocada por el Gobierno para deshacerse de la oposición”, “el hospital estaba recolectando sangre y órganos para venderlos en Europa”, “la admisión en la sala de aislamiento es una sentencia de muerte, nadie sale de allí salvo para ser enterrado”. Todos estos y muchos otros rumores ocasionaban importantes problemas a medida que el brote evolucionaba.

En la primera semana notamos que había problemas en el rastreo de contactos. Solo contábamos con dos funcionarios de vigilancia del distrito y cinco funcionarios para rastreo o seguimiento de contactos en una población de 150.000 habitantes. Las personas que se ocupaban de estas tareas no podían ver físicamente a tantas personas por día. Creo que en mi tercer o cuarto día salí con algunos colegas de vigilancia para ver lo que hacían los equipos de rastreo de contactos y les presté ayuda.

Probablemente, el momento más conmovedor fue cuando una noche estaba ayudando a la jefa de enfermeras. Después de haber ayudado a otros médicos, quiso sentarse fuera y entonces la ayudé. A la mañana siguiente supe que había tenido ebola y había muerto. En determinado momento se me hizo muy difícil aceptar el hecho de que algunos profesionales de la salud se infectaran y murieran.

Era el responsable de logística, epidemiología y coordinación sobre el terreno

Mi trabajo consistía en ser un epidemiólogo sobre el terreno, ayudar a rastrear personas o casos sospechosos, detectar activamente a personas enfermas, determinar la causa de la enfermedad y frenarla. En realidad, esto requería mucho más que una sola persona; más de uno o dos funcionarios.

Nos faltaban tantos recursos humanos sobre el terreno que en un momento fui responsable de logística, epidemiología y coordinación sobre el terreno para la OMS. De esa manera, solo estuve realmente sobre el terreno unas ocho o nueve veces, cuando debería haber estado allí todo el tiempo. Pero si yo hubiese permanecido sobre el terreno no habríamos tenido una buena organización. Hacia el final del período de mi despliegue las cosas mejoraron. Creo que durante unas dos semanas antes de mi partida tuvimos un coordinador sobre el terreno; en un momento tuvimos dos encargados de logística y cuatro médicos clínicos en la unidad de tratamiento del ebola, mientras que al iniciarse el brote teníamos uno, o sea un médico clínico trabajando en la sala.

Aunque estaba satisfecho con mi trabajo allí, no estaba totalmente convencido de que mi presencia hubiese contribuido a mejorar la situación, si bien me dijeron lo contrario. Y el motivo es que sentía que demasiadas personas habían muerto. Pero con el tiempo lo superé. Pienso que probablemente sentí que solo podía contribuir a cambiar las cosas estando allí para ayudar a otras personas que no sabían exactamente lo que estaban haciendo, y dando apoyo moral a todos.

Tengo la sensación de que ciertamente hemos hecho algo bueno”.