El ebola en primera persona: de la negación y el miedo a la acción

Leticia Linn

Cuando Leticia Linn llegó a Monrovia el 13 de julio de 2014, la mayoría de los habitantes de Liberia no se tomaban en serio el ebola, y la negación del brote era un fenómeno generalizado. Leticia, una experta en comunicación, colaboró con el equipo del Ministerio de Salud para servir de enlace con los medios de comunicación e informar a la opinión pública acerca de la enfermedad. Cuando el ebola se propagó a Nigeria y a los Estados Unidos de América y el número de casos se triplicó en Liberia, la negación del ebola se convirtió en miedo.

El ebola en Liberia: en las emisoras de radio se hablaba de la enfermedad, de cómo prevenirla y de las medidas que estaba adoptando el Gobierno.
El ebola en Liberia: en las emisoras de radio se hablaba de la enfermedad, de cómo prevenirla y de las medidas que estaba adoptando el Gobierno.
OMS

«Ya no nos abrazamos. Nos saludamos así, con el codo, para prevenir el contagio del virus», me explicó una mujer cuando llegué al Ministerio de Salud de Liberia para mi primera reunión sobre el brote; en efecto, nadie me abrazó hasta que me marché del país tres semanas después.

Entre marzo y principios de julio del año pasado, en Liberia se registraron unos 140 casos de ebola, de los que más de 80 fueron mortales. El brote se concentró en Monrovia y en la prefectura de Lofa, cerca de la frontera con Guinea y Sierra Leona. Sin embargo, el ebola iba a repercutir enormemente en la vida cotidiana de la población: miles de personas seguían abarrotando todos los días los mercados callejeros, las iglesias estaban llenas y los taxis continuaban trasladando a pasajeros.

Los rumores complican la situación

Había oído que muchas personas, si no todas, se negaban a aceptar que efectivamente había un brote de ebola. Pero fue al llegar cuando empecé a entender el verdadero significado de esto. Durante mi primera semana en Monrovia, el brote apenas se mencionaba en los programas de radio, salvo en la emisora de las Naciones Unidas, que dedicada un espacio diario a la enfermedad. Los periódicos informaban de los debates políticos y de una gran variedad de temas, incluidas las supuestas «curas» para el ebola, pero no parecía que hubiera interés en hablar sobre el brote propiamente dicho. Recuerdo haber visto un letrero en el hotel y otro en el edificio de las Naciones Unidas en los que se proporcionaban consejos sobre la forma de prevenir el ebola.

Algunas emisoras de radio empezaron a reproducir dos canciones grabadas por artistas locales con el mensaje de que el «ebola es real», y varios voluntarios visitaban todas las casas con folletos en los que se explicaba cómo prevenir la enfermedad. Con todo, se seguía negando el ebola. En las reuniones que se celebraban en el Ministerio de Salud, los voluntarios informaban de que la población no quería creerlos o simplemente no les prestaba atención. La preocupación y la frustración eran palpables entre los miembros del equipo de lucha contra el ebola del Ministerio y los trabajadores de otros organismos y organizaciones que realizaban tareas de apoyo. Claramente, los mensajes para prevenir la enfermedad no parecían estar calando en la población, y los rumores agravaban aún más la situación.

Mi primera tarea consistió en responder a preguntas de periodistas pero, durante mis primeras dos semanas, la atención de los medios de comunicación se centraba no ya en Liberia, sino en Guinea y Sierra Leona. Me sumé a los esfuerzos de otros colegas para reforzar la preparación de otras prefecturas de Liberia que todavía no se habían visto afectadas por el virus, intensificando la coordinación con los asociados que ya se encontraban sobre el terreno y buscando otras formas de velar por que los mensajes de prevención de la enfermedad llegaran a la población.

Los jefes de los pueblos implican a sus comunidades

Leticia Linn (izquierda), una experta en comunicaciones de la OMS, en Liberia.
Leticia Linn (izquierda), una experta en comunicaciones de la OMS, en Liberia.
OMS

Una forma era recurrir a los testimonios de personas que habían sobrevivido al ebola, con el fin de demostrar que la prestación oportuna de atención sanitaria podía salvar vidas y que la enfermedad existía. Estos testimonios que expusieron a los jefes tribales en una reunión entre las autoridades liberianas y representantes de la OMS. Los jefes recibieron los testimonios con sorpresa y confirmaron la utilidad de escuchar a supervivientes. Les formularon muchas preguntas, especialmente sobre el modo de responder a las dudas planteadas por sus comunidades sobre la enfermedad.

Con la ayuda de Radio ONU, los jefes convinieron en grabar mensajes en sus propios dialectos para advertir a las comunidades acerca del ebola. Posteriormente volverían a sus regiones para hablar directamente con cada comunidad.

Con todo, los acontecimientos empezaron a evolucionar muy rápidamente en el país. En esas semanas, un hombre viajó de Liberia a Nigeria y murió de ebola. Unos días más tarde se confirmó que dos trabajadores sanitarios americanos se habían contagiado tratando a pacientes de ebola. Esto dirigió la atención mundial sobre Liberia, y los periodistas internacionales empezaron a hacer llamamientos.

De repente, el ebola estaba en todas partes

La gravedad de la situación de Liberia se acentuó por la muerte de un conocido médico local a causa del ebola. El Gobierno canceló la celebración del Día de la Independencia de Liberia el 26 de julio para evitar que miles de personas viajaran desde diferentes partes del país a la capital, lo que aumentaría la probabilidad de que los casos se multiplicaran. El comienzo del nuevo año escolar también se pospuso. Todas las administraciones estatales recibieron el encargo de colaborar con el Ministerio de Salud en la respuesta al ebola.

De repente, el ebola estaba en todas partes. Las emisoras de radio empezaron a hablar casi exclusivamente de la enfermedad, de cómo prevenirla y de las medidas que estaba adoptando el Gobierno. Las compañías aéreas consideraron la posibilidad de interrumpir sus vuelos a Liberia. Todos los lugares públicos —como oficinas estatales, hoteles, restaurantes e iglesias— disponían de recipientes enormes para el lavado de manos con cloro Las pocas personas que caminaban por las calles de Monrovia llevaban guantes de látex y máscaras.

De la negación y el miedo a la acción

La negación dio paso al miedo. Empezó a resultar difícil rastrear a los contactos de los pacientes de ebola, ya que muchos de ellos tenían miedo y habían huido. En Monrovia se estaban realizando obras para ampliar el centro de tratamiento porque se preveía la llegada de un mayor número de pacientes. Sin embargo, los vecinos tenían miedo y se oponían a que el centro se levantara cerca de sus casas. Vi a un grupo de residentes que habían cortado una calle y que pedían a las autoridades que les mostraran a un supuesto paciente de ebola.

A principios de agosto, cuando me fui de Liberia, el número de casos se había triplicado en tres semanas hasta alcanzar los 470, de los que 220 habían sido mortales. La negación del ebola dio paso al miedo al ebola. Sin embargo, el miedo movió a la acción, y la acción cambió el curso de la epidemia. La situación empeoró mucho más antes de mejorar.

El 9 de mayo de 2015, la OMS declaró que Liberia estaba libre de transmisión del virus del Ebola».