El ebola en primera persona: la experiencia de brotes anteriores permite mejorar la respuesta en Guinea

Marie Claire Mwanza, experta en movilización social

Marie Claire Therese Fwelo Mwanza es experta en movilización social y lleva 27 años trabajando en la OMS. Gracias a su labor de estímulo de la participación comunitaria, ha ayudado a poner fin a cinco de los siete brotes de ebola registrados en la República Democrática del Congo. En 2014, después de contribuir a que el último brote de la enfermedad en ese país cesara en solo tres meses, se desplazó a Guinea junto con los 60 trabajadores a los que formó para reforzar la respuesta al brote.

OMS/P. Haughton

En Guinea corrían rumores de que había venta de sangre. Para nosotros, se trataba de un déjà vu. En el brote de ebola registrado en 2012 en Isiro y Dungu, en la Provincia Oriental de la República Democrática del Congo, las familias escondían a sus parientes enfermos en el bosque debido a los rumores. Estas historias generaron tanto miedo que la gente se rebeló y atacó a Médicos Sin Fronteras.

Casi el 60% de la población creía esos rumores, así que teníamos que actuar para cambiar la situación. No fue tarea fácil, ya que contábamos solo con la palabra como arma, pero sabíamos qué teníamos que hacer: entender los rumores, descubrir cómo ganarnos la confianza de la población y conseguir que nos ayudasen a disiparlos. Eso era, más o menos, lo que debíamos hacer en Guinea.

Entender a las comunidades y adaptar los mensajes

Así es cómo habíamos actuado en la República Democrática del Congo: en primer lugar, a fin de entender por qué surgían los rumores, formamos a 50 estudiantes de enfermería para que hicieran encuestas rápidas en las comunidades. Descubrimos que la gente iba diciendo lo siguiente: "Cuando vas a una unidad de tratamiento del ebola, te pinchan el corazón y te quitan 20 litros de sangre. Luego te cortan los genitales y venden tu sangre y tus órganos en el mercado negro internacional”.

Gracias a esta información, modificamos nuestros mensajes para informar mejor a la población de lo que estaba sucediendo en estas unidades, pero ¿por qué no conseguíamos que cesaran los rumores? La respuesta era que la gente necesitaba ver las cosas con sus propios ojos.

Decidimos invitar a tres líderes locales a visitar a una unidad de tratamiento del ebola. Les pusimos un equipo de protección personal y les llevamos hasta la "zona roja", donde pudieron ver por sí mismos cómo alimentábamos a los enfermos, y que no les matábamos ni les quitábamos órganos. A continuación invitamos tanto a ellos como a supervivientes de la enfermedad a que nos acompañaran para explicar de puerta en puerta lo que habían visto y vivido. Junto con sus testimonios, los pacientes que se habían curado daban también consejos: "Si acudes rápidamente, tendrás más posibilidades de sobrevivir. Lo que me salvó fue ir en seguida a la unidad de tratamiento”. Gracias a estos testimonios recuperamos la confianza de la comunidad que, además, empezó a traernos a los enfermos y a colaborar con nosotros para encontrar a sus contactos. Conseguimos que comprendieran la importancia de acudir a las unidades de tratamiento.

Lo mismo ocurría con los entierros seguros: las comunidades se negaban a hacerlos. Lo que hicimos fue convencer a un pariente para que se pusiera la ropa de protección y viniera con nosotros a enterrar a su familiar. Así, vio con sus propios ojos que no arrancábamos ningún órgano en el entierro. Fue la forma de implicar a la población para poner fin en seis meses al brote de ebola registrado en 2012 en la República Democrática del Congo.

Casi 40 años más tarde, se registra otro brote en el lugar de origen del ebola

Marie Claire Mwanza, experta en movilización social, en Guinea apoyando la respuesta al brote de ebola
OMS/P. Haughton

En 2014, la República Democrática del Congo sufrió su séptimo brote de ebola, esta vez en Boende, en la provincia de Equateur, a unos 1000 km de Isiro. Fue en esta provincia donde, en 1976, se inició el primer brote de ebola en el país centroafricano. Gracias a nuestra experiencia, conseguimos que las comunidades trabajasen codo a codo con nosotros para frenar el brote en solo tres meses. Fue muy interesante ser testigos de su contribución y ver cómo mostraban a los equipos de vigilancia dónde se encontraban los contactos y cómo colaboraban entre sí y con las autoridades para localizarlos.

En Boende hicimos hincapié en que la población participase en la búsqueda de contactos y dimos importancia a la movilización social y los equipos de vigilancia. Dialogamos con las comunidades y nos organizamos con ellas, cediéndoles desde el principio parte de la responsabilidad y el poder de decisión.

Fomentar la participación activa da resultado

Durante ese brote trajeron a una unidad de tratamiento del ebola a un niño de 7 años infectado por el virus. Cuando llegó, vio a los "astronautas", es decir, al personal vestido con el equipo de protección. Le dieron tanto miedo que tuvo que cerrar los ojos, y así se mantuvo durante su estancia allí. Tras sobrevivir a la enfermedad regresó a casa, pero seguía sin abrir los ojos. Sus padres, afligidos, acudieron a la unidad para quejarse: pensaban que se había quedado ciego. La OMS envió a un psicólogo y un equipo de movilización social para que visitase a la familia. El psicólogo habló con el chico, que le dijo que tenía miedo de abrir los ojos. Finalmente, accedió a abrirlos y todos comprobaron que veía con normalidad.

En Guinea utilizamos la misma estrategia, pero la llevamos aún más lejos. Además de convencer a las comunidades para que nos ayudaran a informar a sus vecinos sobre el ebola, les animamos a participar activamente en la vigilancia y el rastreo de los contactos. Formamos a 250 responsables de vigilancia y a 25 supervisores de la vigilancia activa del virus en sus comunidades.

Nos dirigimos a la población para que todos entendiesen los riesgos de la enfermedad y nos ayudasen a buscar a las personas que podían estar infectadas y a sus contactos, las personas que les habían visitado y las que habían fallecido, y para que nos comunicaran esta información. En primer lugar, hablamos con las familias afectadas. El mensaje era: "Un miembro de vuestra familia está enfermo o ha fallecido a causa del virus. Si queréis evitar que haya más casos, tenéis que hacer una lista completa de los contactos y encontrar dónde están. Si no lo hacéis, corréis los siguientes riesgos […]".

Es muy importante mostrar compasión durante estas conversaciones con las familias. Les hablamos siempre con tacto y conseguimos convencerles. Ellos mismos redactaron listas de contactos y ayudaron al personal a cargo del rastreo a encontrarlos, incluso a los que vivían a 50 km. Eso fue lo que marcó la diferencia.