El ebola en primera persona: Movilización de la ayuda en condiciones desesperadas

Ian Norton, médico especializado en emergencias

Ian Norton, médico especializado en emergencias, se desplazó a África occidental con el fin de ayudar a movilizar y coordinar equipos médicos extranjeros para prestar tratamiento a los afectados por la enfermedad por el virus del Ebola. La OMS ha preparado, bajo su orientación, un registro mundial de equipos médicos extranjeros capaces de intervenir rápidamente contra el ebola, pero también en otras emergencias de salud.

OMS/R. Holden

Yo ya había trabajado anteriormente en varios desastres de gran magnitud, como el tifón Haiyan en Filipinas, las inundaciones del Pakistán y otros brotes epidémicos. Pero esto era casi como entrar en zona de guerra. La operación de respuesta al ebola no podía arrancar debido a un elemento fundamental: la falta de capacidad de tratamiento. Cualquier país del mundo se habría visto desbordado si el ebola hubiese azotado a la capital, campando a sus anchas por sus calles, como lo hizo en Monrovia, Conakry y Freetown.

Cuando llegamos a Monrovia, nos encontramos con que se aconsejaba a la gente que llevara a sus seres queridos a los centros de salud para que recibieran tratamiento; la idea era dar a los afectados una posibilidad de supervivencia y reducir el riesgo de que transmitieran la enfermedad al resto de la familia. Había en la ciudad uno o dos establecimientos donde se les podía atender, pero a su llegada, la gente se encontraba con que estaban llenos a rebosar y que tenía que regresar a casa con los enfermos.

El mensaje era contradictorio: muchos acudían con sus seres queridos, pero luego no tenían a dónde ir.

Esto estaba menoscabando nuestra intervención de respuesta por completo. La gente se acercaba a los centros de salud porque la radio no paraba de decir lo grave y peligrosa que era la enfermedad. Pero luego sus amigos y familiares acababan muriéndose a su lado en un colchón, a veces en pequeñas chabolas situadas en el medio de una ciudad abarrotada y anegada día tras día por intensas lluvias.

Solo unos pocos equipos médicos sabían cómo tratar el ebola

Existe una larga tradición de participación por parte de organizaciones no gubernamentales, gobiernos y equipos militares en las acciones de respuesta a catástrofes repentinas. Llevan décadas aportando su ayuda, pero la cuestión era la siguiente: ¿podíamos traer equipos médicos extranjeros para luchar contra el ebola? Aunque ya habían participado anteriormente en acciones de respuesta a brotes epidémicos, nunca se habían enfrentado a una crisis de esta magnitud y menos aún a un brote de ebola.

El único equipo que había demostrado saber gestionar eficazmente este tipo de emergencias, en particular en relación con el ebola —y ello durante dos décadas— era Médicos Sin Fronteras. Pero, al igual que nosotros, no podían actuar solos.

Así que hicimos un llamamiento para la colaboración de otros equipos. Lo más desalentador fue estar esperando de brazos cruzados en Monrovia a que alguien respondiera a nuestra petición y ver cómo el mundo permanecía en silencio... comprobar que nadie, absolutamente nadie, acudía a nuestra llamada. Eso fue realmente horrible.

También fue horrible tener que regresar al Ministerio de Salud de Liberia y telefonear al Ministerio de Salud de Sierra Leona para decirles: «Mire, lo siento, no puede venir nadie; nadie es capaz de echarnos una mano». Tuve que pararme a pensar: tenía que haber una forma de conseguir que esos equipos acudieran en nuestra ayuda.

Habíamos pedido a los equipos que fueran totalmente autosuficientes en cuatro esferas: personal, suministros, instalaciones y sistemas. Así que me puse a desgranarlas para ver dónde estaba el fallo. El primer problema eran las instalaciones: no sabían cómo construir unidades de tratamiento del ebola. Así que construimos equipos para ellos, y en varios casos encomendamos esa tarea a los gobiernos del Reino Unido y de los Estados Unidos de América. El segundo escollo era la capacitación. Los equipos tenían el personal necesario, pero este no estaba suficientemente capacitado. De modo que preparamos un módulo formativo específico para ellos.

Ian Norton, médico de la OMS especializado en emergencias, se desplazó a África occidental para encargarse de la coordinación de los equipos médicos extranjeros.
OMS

Un acto de fe

La primera organización a la que nos dirigimos directamente fue la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna (IFCR). La organización International Medical Corps (IMC) también se movilizó rápidamente, junto con varias otras ONG sin experiencia previa en el manejo del ebola.

Para nosotros, el hecho de que los equipos respondieran con esa valentía constituyó un acto de fe por su parte y nos sirvió de fuente de inspiración. Nada más instaladas las estructuras y establecidos los módulos formativos y las cadenas de suministro, se presentaban para hacerse cargo de una unidad de tratamiento del ebola, aunque ello no formara parte de su cometido ni de su experiencia habitual.

Poco a poco, con un gran esfuerzo de persuasión por nuestra parte, y promoviendo nuestra causa a través de los gobiernos y los grandes donantes del mundo para que movilizaran equipos gubernamentales y ONG, pasamos a contar con un total de 58 equipos médicos extranjeros: una respuesta increíble.

Nuestra verdadera función dentro de la unidad de equipos médicos extranjeros consistía en mejorar las capacidades de los equipos para que, además de participar en la gestión de esta emergencia de salud pública, pudieran trabajar sobre el terreno atendiendo a los pacientes.

Un registro para futuras emergencias

Ha llegado el momento de no limitarnos a analizar esta crisis del ebola sino de mirar también hacia el futuro. ¿Cuáles de estos equipos podrían participar en la respuesta a una emergencia de MERS, de SARS o de dengue? Es evidente que necesitamos un pre-registro y un registro de equipos del mundo entero con la suficiente capacidad para intervenir en el exterior, primeramente en los lugares más cercanos.

La OMS se encargará de coordinar ese registro, de modo que los gobiernos afectados podrán escoger los equipos, a su mejor criterio, de una especie de menú internacional a la carta. Algunos equipos son más eficaces en la respuesta a emergencias que requieren atención traumatológica, a otros se les dan mejor las respuestas a emergencias de salud pública y brotes epidémicos, y otros destacan por diversas competencias especializadas. Gracias a este registro, los países y las poblaciones que acojan a los equipos podrán tener además la certeza de que estos reúnen una serie de condiciones mínimas.

¿Qué enseñanzas podemos extraer de esta experiencia? Ahora contamos con múltiples organizaciones que ya han intervenido anteriormente en acciones de respuesta a brotes epidémicos, en particular el del ebola. Contamos con un nutrido número de equipos que han extraído enseñanzas de esas acciones y que ahora están mejor preparados para combatir el ebola en el futuro, con menos temores, con una mayor capacidad en materia de prevención y control de infecciones y con más medios organizativos.

Sin embargo, lo más reconfortante es comprobar que, al margen de los equipos médicos extranjeros, ahora son los equipos nacionales los que, con el apoyo, la logística y la asistencia financiera necesarios, han tomado las riendas de la respuesta al ebola.