El ebola en primera persona: conseguir que las cosas funcionen en una situación desesperada

Dr. Olu Olushayo, coordinador técnico

Hace un año, cuando el Dr. Olushayo llegó para coordinar la respuesta de la OMS al ebola en Sierra Leona, se encontró no solo con un brote cuyas proporciones superaban sus peores suposiciones, sino también con muchos problemas que precisaban soluciones complejas. Aun contando con fondos, en el país no había suficientes ambulancias ni se podía disponer con la rapidez necesaria de suficientes camas, enfermeros y otros trabajadores sanitarios en los centros de tratamiento. El Dr. Olushayo cuenta en primera persona lo que hizo.

OMS/C. Black

"Llegué a Freetown el 2 de agosto en un día muy lluvioso. No llevaba equipaje, tan solo una camisa que llevé durante los tres días siguientes. Me avisaron con muy poca antelación de mi partida como miembro de uno de los primeros equipos encargados de coordinar nuestras operaciones. Pensé que al llegar tendría tiempo para organizarme, pero no lo tuve. Tuve que acudir directamente a una reunión en un centro de operaciones contra el ebola que duró muchas horas y en la que se trataron numerosas cuestiones.

El brote había alcanzado enormes proporciones y había mucho miedo, incluso entre el personal de la oficina y del centro de operaciones contra el ebola. Recibíamos diferentes llamadas de distintos sitios en las que se nos indicaba que en algún lugar había cadáveres tendidos en la calle, situación que teníamos que abordar y así una y otra vez.

Así pues, los primeros días fueron bastante caóticos y las tareas que teníamos que acometer eran ingentes y numerosas. Por tanto, teníamos que trabajar muchas horas para poner en marcha sistemas, movilizar a las personas con las competencias adecuadas y desplegar los materiales que necesitábamos. Teníamos que asegurarnos de que las operaciones sobre el terreno empezaran a tomar forma y acometer otras tareas parecidas.

Un brote que superó mis peores suposiciones

Este brote era de enormes proporciones. En mis peores suposiciones, hace dos o tres años nunca hubiera pensado que tendríamos un brote de esta envergadura. También era la primera vez que esos países, especialmente Sierra Leona, sufrían un brote de tales características, por lo que carecían de conocimientos al respecto.

La situación era diferente de la de Uganda, donde la población conoce la enfermedad y sabe lo que hacer cuando aparece. Entienden la enfermedad. En cambio, en Sierra Leona se desconocía la enfermedad, lo cual supuso otro problema importante.

La cantidad de trabajo logístico y de otra índole que se precisaba era verdaderamente enorme. Y el dinero por sí solo no bastaba para sacarlo adelante. En efecto, aunque se contaba con fondos, en el país no había suficientes ambulancias y no podíamos disponer de suficientes camas, enfermeros y trabajadores de salud con la rapidez necesaria.

Cundió el pánico

Por supuesto, otro aspecto importante era el número de asociados. Para mí, que era el coordinador, esto suponía una gran responsabilidad, ya que de mí dependían su seguridad y protección. Tenía que asegurarme de que el personal sobre el terreno obtuviera todos los suministros necesarios lo más rápidamente posible.

OMS/C. Black

La mayoría de las personas que vinieron al principio estaban realmente asustadas, por lo que tuvimos que sentarnos con ellas, aconsejarlas, ayudarlas y animarlas. Nunca antes habían visto una emergencia de este tipo y estaban verdaderamente asustadas. Para mí, esto suponía un desafío considerable. Tenía que asegurarme de que las operaciones de la OMS continuaran, pero también de que el personal recién llegado estuviera bien.

La coordinación de los asociados externos también fue compleja. Había muchos asociados, y cada uno tenía su propia agenda y su propia manera de hacer las cosas. En cada situación, decían: "la OMS debería ayudarnos examinando esto, debería abordar esta cuestión". Esto conllevó numerosas dificultades y mucho estrés. Sin embargo, creo que al final del día, tras recibir un gran apoyo de los asociados, todo resultaba bastante fácil.

Días difíciles

Dos días después de llegar al país, un colega —un joven epidemiólogo muy inteligente con el que había entablado amistad— se infectó. Él fue el primer funcionario de la OMS en infectarse y la primera evacuación médica que llevamos a cabo. Fue una operación bastante difícil. Hablaba todos los días con él para tranquilizarle. No dormí durante tres días, hasta que su avión despegó.

La segunda cosa que me motivó fue sumarme al equipo de enterramiento durante un domingo en Freetown. Recorrimos la ciudad desde las 9.00 a las 17.00 horas recogiendo cadáveres. Cuando teníamos varios cuerpos en la furgoneta, los llevábamos al cementerio. Como médico no había visto tantos cadáveres juntos en mi vida. En un determinado momento conté unos 40. Entre ellos había niñas adolescentes, una mujer embarazada, un hombre de 20 años y una abuela. Pensé para mis adentros que teníamos que hacer todo lo posible para detener el brote.

Asegurarse de que esto no vuelva a pasar

Cuando miro hacia atrás, pienso que no deberíamos haber permitido nunca que esto pasase. Y cuando hablo en primera persona del plural, no me refiero solo a la OMS, sino a todo el mundo. Es una responsabilidad colectiva: Sierra Leona, Liberia, Guinea, todas las personas y el mundo entero no deberían haber permitido nunca que esto pasase.

Hemos aprendido muchas cosas de esta enfermedad. Todavía queda mucho por aprender, pero con las enseñanzas ya extraídas creo que la próxima vez o incluso antes podremos poner en marcha un sistema sólido para que un brote de ebola no provoque una enorme catástrofe como esta. Creo que la próxima vez tenemos que aplicar las enseñanzas extraídas de forma diferente y la OMS tiene un importante papel que desempeñar en este sentido".