El ebola en primera persona: recuperar la confianza de la población

Cristiana Salvi

Cristiana Salvi, una especialista en comunicación de riesgos de la Oficina Regional de la OMS para Europa, fue enviada a Guinea a finales de abril/ principios de mayo de 2014 para ayudar en la tarea de movilización social en el marco de la respuesta al ebola. La movilización social conlleva trabajar con las comunidades para que comprendan la necesidad de la identificación temprana de los enfermos, el tratamiento precoz y la identificación y seguimiento de todas las personas que han estado en contacto con casos confirmados de ebola. Cristiana fue uno de los primeros miembros del personal de las oficinas de la OMS distintas de la Sede y la Oficina Regional para África que proporcionaron apoyo a la respuesta sobre el terreno. La siguieron muchos otros funcionarios de toda la Organización. Viajó a Gueckedou, donde las comunidades habían empezado a esconder a los enfermos por miedo a los centros de tratamiento, ya que creían los rumores según los cuales los equipos de respuesta al ebola tenían objetivos siniestros. Esta es la situación que se encontró.

Un evento de movilización social en la Maison des Jeunes de Gueckedou, con ocasión de la visita del Ministro de Salud y el representante de la OMS en Guinea a las zonas afectadas.
OMS/C. Salvi

«Volamos en un avión minúsculo y llegamos a un lugar en medio de la nada. Había una pista de aterrizaje y poco más —amplios espacios salpicados de árboles, la sabana y algunos pequeñas construcciones aquí y allá. Eso era el ‘aeropuerto’—.

Luego tuvimos que viajar en coche durante dos horas por una carretera verdaderamente difícil hasta Gueckedou. Cuando llegamos nos pusimos manos a la obra y nos reunimos con el jefe de la unidad de salud, el Dr. Pépé Bilivogui. Era el jefe local de las labores de respuesta en aquella zona y es simplemente una de las mejores personas con las que nunca he trabajado. El ebola era totalmente nuevo para él y para todos los demás allí. No solo la población y los trabajadores sanitarios, sino también los agentes de respuesta estatales estaban totalmente desconcertados por esta enfermedad. Me dijo que necesitaban enormemente los consejos y la ayuda de la OMS.

Yo formaba parte del equipo de movilización social y comunicación que brindaba apoyo a la administración sanitaria local. Éramos un gran equipo; trabajábamos de forma eficaz, muy práctica y muy concreta, y nadie imponía nada a los demás. Los miembros del equipo pertenecíamos básicamente a la OMS, Plan Guinea, el UNICEF, la Cruz Roja, Espoir Guinea y MSF, y todos trabajábamos de consuno para ayudar al Gobierno de Guinea. Nos reuníamos cada mañana; cada uno tenía una idea clara de lo que hacer e intercambiábamos información entre nosotros. Trabajábamos verdaderamente codo con codo de forma muy eficaz. Hicimos mucho en muy poco tiempo.

Vencer la reticencia a través de las personas en las que confía la población

La principal medida que teníamos que adoptar era cambiar el enfoque de los mensajes, ya que los que transmitíamos eran demasiado generales. La mayoría de ellos eran los mismos que se habían emitido durante brotes ocurridos en otros países, como la República Democrática del Congo, y en esos materiales no se tenían en cuenta las circunstancias específicas. Lo que hicimos entonces fue determinar los comportamientos que obstaculizaban la labor de respuesta y las percepciones que los fomentaban e identificar la audiencia a la que se quería llegar. Estuve en la República Democrática del Congo en 2007 y las razones que propiciaron la reticencia allí fueron principalmente religiosas. En Gueckedou, sin embargo, se trataba principalmente de desconfianza hacia los extranjeros.

OMS/Kamal Ait-Ikhlef

Nos dimos cuenta de que los principales problemas eran la reticencia a cooperar con los equipos de respuesta, la estigmatización, la desconfianza hacia los centros de tratamiento, el recelo hacia los entierros, la ocultación de los enfermos, la falta de información, la vulnerabilidad de las mujeres y los peligrosos rumores circulantes. Una de las medidas más cruciales que adoptamos para poner fin a la reticencia fue involucrar a los sabios de las comunidades. Este era realmente el problema: la reticencia de la población hacia los equipos de respuesta.

La idea era básicamente involucrar a los sabios —aquellos miembros de la comunidad que gozan de mucho respeto y confianza— para que facilitaran la entrada de los equipos de respuesta a los pueblos. Entre ellos había una ‘sabia’, una mujer de 60 años que cada mañana recorría en moto muchos pueblos en los que había reticencia. Hablaba con los habitantes en unos términos que ellos entendían. No me refiero solo al idioma, sino al lenguaje de la tradición, la cultura y la fraternidad. Hablaba con ellos durante horas, y esto marcó verdaderamente la diferencia. Antes de que ella y otros sabios vinieran, había mucha reticencia y desconfianza debido a todos los equipos extranjeros que llegaban.

Uno de los principales problemas era que las personas no acudían a los centros de tratamiento. No decían que estaban enfermas porque creían que serían abandonadas, que nadie las alimentaría, que morirían y que, una vez muertas, se les extraerían los órganos y la sangre. Por tanto, teníamos que transmitirles que eso no era así.

También teníamos que decirles que cuanto antes fueran al centro de tratamiento, antes recibirían asistencia para luchar contra la enfermedad. Al principio del brote lo urgente era alertar a la población acerca de esta nueva y peligrosa enfermedad, por lo que se puso el acento sobre su gravedad y carácter mortal.

Esto resultó contraproducente, ya que las personas empezaron a pensar que no se podía sobrevivir al ebola, por lo que preferían morir en casa. Por tanto, adoptamos tres medidas. En primer lugar involucramos a los supervivientes para que dieran testimonio de que eso no era así. Les pedimos que explicaran que habían recibido alimentos y tratamiento y que se habían curado.

«La idea era involucrar a los sabios —aquellos miembros de la comunidad que gozan de mucho respeto y confianza— para que facilitaran la entrada de los equipos de respuesta a los pueblos».

Cristiana Salvi, OMS

Apoyo a los familiares de pacientes de ebola

Con todo, también aconsejamos vivamente que se dieran incentivos a las familias. Propusimos que se diera a todas las familias de pacientes ingresados en centros de tratamiento del ebola un teléfono para que pudieran estar en contacto con los pacientes y que estos les explicaran que estaba recibiendo tratamiento y alimentos. También propusimos que los familiares pudieran viajar gratuitamente en taxi para visitar a los pacientes en los centros de tratamiento.

Por último modificamos radicalmente el enfoque del mensaje para transmitir con claridad que se puede sobrevivir al ebola.

Nos dimos cuenta de que en esa zona dos de cada tres casos eran mujeres. Por tanto, organicé un grupo focal para comprender realmente cuál era la razón subyacente. Por ejemplo, aunque sabíamos que eran las mujeres quienes cuidaban a los enfermos, no sabíamos que en realidad era una obligación. En ocasiones no querían hacerlo, pero estaban obligadas a ello. Era su obligación por tradición, independientemente de que quisieran o no. Los hombres decidían qué medidas tomar, pero eran las mujeres quienes tenían que atender a los enfermos y preparar los cuerpos para el entierro.

Todas las personas con las que hablamos nos hicieron saber cuáles eran sus problemas, necesidades y preocupaciones. Sobre esta base actuamos. Cuando el Ministro de Salud anunció que iba a visitar la zona, le pedimos que ayudara a las familias de pacientes de ebola facilitándoles teléfonos, viajes gratuitos en taxi y, para aquellas familias cuyos sostenedores estaban hospitalizados, alimentos. El Ministro anunció estas medidas durante su visita y se proporcionó esa ayuda a las familias.

Gueckedou fue una de las primeras zonas de Guinea en ser declarada libre del ebola. Cristiana regresó a Guinea más tarde durante el brote, esta vez a la capital (Conakry), para aplicar allí su experiencia sobre el terreno. Cuando el brote se desplazó a Baisse Guinea, se implantó allí una versión más amplia del método de involucración de sabios: se habían creado ‘comités de vigilancia’, esto es, grupos de personas de la comunidad que trabajaban para la comunidad. El concepto era el mismo: vencer la reticencia a través de las personas en las que confía la población.