Diario del Ebola: dotarse de medios para comprender las claves de un brote epidémico

Mikiko Senga

A principios de junio de 2014, Mikiko Senga, una epidemióloga de la OMS especializada en enfermedades emergentes, fue enviada a Kenema (Sierra Leona) para recopilar datos sobre el brote de ebola. Una vez allí, trató de comprender la información que recibía de distintas fuentes - trozos de papel, muestras de sangre, registros hospitalarios - y pronto se dio cuenta de que se encontraba ante un brote que estaba a punto de incendiar la región. Pidió ayuda y, junto con los colegas que fueron a apoyarla, empezó a dotarse de medios para documentar y comprender la envergadura y la naturaleza del brote de ebola, que se propagaba como la pólvora por todo el distrito. Esta es su historia.

Mikiko Senga, una epidemióloga de la OMS
OMS

"Algunos días después de mi llegada a Kenema, se produjeron los tres primeros casos de infección entre el personal sanitario de un hospital. En ese momento el epicentro del brote se encontraba en el distrito vecino de Kailahun, así que, en Kenema, recibíamos muchos pacientes de esa zona. Pero cuando se declara un caso en un entorno hospitalario - y se trataba de profesionales sanitarios que no trabajaban en una unidad de tratamiento del ebola – se sabe que algo está pasando. No sabíamos cómo se habían infectado, pues no había una cadena de transmisión establecida. Más tarde averiguamos que uno de los tres profesionales de la salud era un conductor de ambulancia que ayudaba en entierros e inhumaciones.

Petición de ayuda

Al analizar los datos y conceptualizar lo que podría estar ocurriendo en las comunidades, pedí ayuda. Me dirigí a la oficina en el país y avisé a la Sede en Ginebra. También teníamos un equipo en Kailahun, pero estaba a horas de distancia y tampoco contaban con muchos recursos. Menos de una semana después de mi petición, por medio de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN), que respondió rápidamente, enviaron a Kenema a un epidemiólogo de Public Health England con experiencia: Chris Lane. Chris ya se había enfrentado a un brote de ebola en Gulu (Uganda) y sabía exactamente lo que había que hacer en lo que respecta a la investigación de casos y localización de contactos.

La OMS también envió al Dr. David Brett-Major para que ayudara con el creciente número de pacientes de ebola que llegaba al centro de tratamiento. Un equipo de la Universidad de Tulane y un investigador de la empresa Metabiota que trabajaba en un laboratorio ya estaban en la zona, donde llevaban años investigando la fiebre de Lassa. El hecho de que ya estuvieran allí fue de gran ayuda, sobre todo porque la población ya les conocía. Ello facilitó la investigación de casos y la localización de contactos.

Hacía falta algo más que un nombre

Una de las mayores dificultades a que tuve que enfrentarme fue la falta de formularios normalizados para la recogida de datos. El número de casos iba en aumento y, sin embargo, no disponíamos de formularios adecuados para anotar los datos que necesitábamos registrar. Teníamos un trozo de papel que venía con el nombre del paciente, nada más. Tampoco contábamos con un mecanismo de vigilancia eficaz.

"Para resolver el problema de los datos, sobre todo desde el punto de vista de la vigilancia, tuvimos que elaborar y utilizar un formulario normalizado para la investigación de casos. Al principio, gestionar los datos era una verdadera pesadilla porque llegaban en formas muy diversas."

Mikiko Senga, OMS (Sierra Leona)

Lo ideal es elaborar un formulario para la recogida de datos, sabiendo de antemano cuáles son las variables que se desea registrar. La persona que se ocupe de cumplimentar el formulario, ya se trate de alguien encargado de la investigación de casos o de un responsable de la vigilancia – debe cumplimentar todo el formulario. Eso no era lo que estaba pasando, en parte, debido al abrumador número de casos; así que no solo no disponíamos de formularios adecuados, sino que además tuvimos que hacernos cargo de la formación y cerciorarnos de que el trabajo se llevase a cabo correctamente. Lo ideal es disponer de información sobre lo que llamamos identificadores del paciente, es decir, quiénes son y de dónde proceden, de forma que se pueda localizar a las personas con quienes han estado en contacto, si se consideran casos sospechosos. Es esencial identificar correctamente los síntomas, pues hay que saber si realmente el paciente presenta los síntomas que responden a la definición de caso.

Por último, es necesario conocer todos los demás factores de riesgo y posibles exposiciones, a fin de localizar a las personas que hubieran podido tener contacto con el virus del ebola e investigar al respecto a posteriori. Pero, a menudo, carecíamos de toda esa información y únicamente contábamos con el nombre del paciente. Además, es preciso tener una muestra de sangre para terminar de cumplimentar el formulario. A veces teníamos una muestra de sangre sin saber de quién era; o bien, teníamos un pedazo de papel, pero sin muestra de sangre que lo acompañara. Cuando esas dos cosas no se pueden emparejar, se producen errores al presentar la información. La falta de información esencial repercutió en las intervenciones emprendidas con posterioridad, así como en nuestra capacidad para localizar con eficacia a las personas que habían tenido contacto con los pacientes.

Resolver el problema de los datos

Para resolver el problema de los datos, sobre todo desde el punto de vista de la vigilancia, tuvimos que elaborar y utilizar un formulario normalizado para la investigación de casos. Al principio, gestionar los datos era una verdadera pesadilla, porque llegaban en formas muy diversas. Además, también elaboramos un formulario para la localización de contactos, que sigue utilizándose en Sierra Leona. Si las personas encargadas de localizar los contactos no saben qué tipo de síntomas tienen que buscar, entonces, esa labor no se desempeñará con eficacia. Así pues, las cosas mejoraron. Colaboré en la elaboración de métodos normalizados de recogida de datos. Los informes de situación diarios de Sierra Leona se actualizaban de forma manual, pero yo automaticé ese procedimiento mediante una hoja de cálculo de Excel.

¿Debería haber hecho las cosas de otra manera? Creo que debería haber gritado más; debería haber hablado más alto y haber pedido más ayuda. En un momento dado sabíamos que en Freetown se habían declarado algunos casos. Se trasladaron a Kenema porque en aquel momento no había un centro de tratamiento del ebola, ni existían medios para tratar a ningún paciente en Freetown. Había un miedo atroz a que hubiera casos en la capital; la idea producía una gran alarma. Tuvimos cinco casos procedentes de Freetown pero no parecía haber ninguna relación clara entre ellos, lo que era muy preocupante. Cuando eso pasa en la capital, hay que pedir ayuda alto y claro. Pero cuando uno está solo, no hay mucho más que se pueda hacer: pedir ayuda desesperadamente y confiar en que te escuchen.”