Diario del ebola: detección de la enfermedad a una escala sin precedentes

Jim Strong y Allen Grolla

En junio de 2014, Jim Strong y Allen Grolla, científicos de laboratorio de la Agencia de Salud Pública del Canadá, se trasladaron a Guinea y Sierra Leona para colaborar con la OMS a través de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN). Ambos habían adquirido experiencia en actividades relacionadas con anteriores brotes de fiebre hemorrágica en Angola, Kenya, la República del Congo y la R. D. del Congo. Cuando comenzaron a recibir y analizar las muestras se dieron cuenta de que estaban en medio de algo mucho más grande que cualquiera de los brotes que habían conocido anteriormente.

OMS/C. Salvi

Llegamos a Conakry (Guinea) a fines de junio de 2014 con muchísimo equipo de laboratorio, en medio de un brote que se estaba extendiendo muy rápidamente. La identificación del mejor lugar para establecer nuestro laboratorio requirió varios días de conversaciones.

Cuando llegamos por primera vez a Conakry no vimos muchos casos. Se pensaba que el ebola era prevalente en los alrededores de Guéckedou. La mayor parte de los informes indicaban que el brote se contendría porque en ese punto la respuesta era razonablemente buena. Nadie predijo realmente que el brote se extendería y que íbamos muy rezagados. Sin embargo, a fines de junio y julio los niveles de preocupación comenzaron a aumentar realmente, cuando se hizo evidente que había muchos casos en Liberia y Sierra Leona. Comenzamos a verlo más tarde, cuando fuimos a Guéckedou, e incluso más en Kailahun (Sierra Leona).

En un principio pasamos de Conakry a Guéckedou, y luego, a través del río Mano, al distrito de Kailahun (Sierra Leona), que en ese momento era el nuevo epicentro. Viajamos con unas 16 cajas y estuches de equipo médico y de diagnóstico danto saltos en la parte trasera de los camiones.

Instalación del primer laboratorio en Kailahun

Nuestro viaje a Kailahun comenzó por la mañana temprano. Bajamos por una carretera muy irregular hacia el cruce del río. Las fronteras aún no estaban cerradas y mucha gente seguía atravesándolas con productos, en particular motocicletas y enormes cargamentos de mandioca. El responsable de logística de la OMS tramitó nuestro paso ante las autoridades aduaneras. Cargamos todos nuestros equipos en canoas y partimos.

En Kailahun la gente fue muy amable. Deseaban sentarse junto a nosotros, escuchar nuestro relato y saber exactamente qué estaba pasando.

En ese momento no había pruebas de laboratorio en Kailahun. Médicos Sin Fronteras acababa de establecer un centro para el tratamiento del ebola en las afueras de la ciudad y comenzaba a admitir pacientes. Instalamos nuestro laboratorio justo frente a la salida del personal médico de las salas, en la zona de bajo riesgo del centro de tratamiento.

Un brote cuya magnitud superó todas las predicciones

Agencia de Salud Pública del Canadá

Cuando establecimos nuestro laboratorio en Kailahun, el número de muestras positivas superaba el de todos los brotes en los que habíamos intervenido. El lugar de MSF solo recibía una parte de los casos del distrito, por lo que comprendimos que esto era algo mucho mayor que cualquier otra situación en la que hubiésemos participado anteriormente. La diferencia era la magnitud y la rapidez de la propagación geográfica.

Las proyecciones y el número real de casos estaban superando nuestras previsiones. Esto era muy diferente de los brotes anteriores. Generalmente, el brote se centra en una única zona, un pueblo pequeño o una aldea donde existe un centro hospitalario. Pero esta vez se produjo en muchas ciudades, en muchas ciudades grandes y, finalmente, en las capitales, y se propagó con mucha rapidez.

Análisis de hasta 40 muestras por día

Trabajábamos en el laboratorio desde las 08.00 h, cuando llegaba el primer envío de muestras, hasta las 18.00 h. Recibíamos un segundo envío por la tarde, incluidas muestras obtenidas con hisopo, las analizábamos y teníamos los resultados unas 2 o 3 horas más tarde. Así era un día corriente.

Siempre estábamos disponibles por si llegaban ambulancias. Era necesario analizar los casos prioritarios, con frecuencia profesionales sanitarios, cuyos resultados se debían conocer muy rápidamente, dado que ello conllevaba numerosas consecuencias para el hospital. Por lo general, el número de muestras variaba entre 10, en un día de poca actividad, y 35 o 40 en algunos días.

Las cifras empezaron a aumentar cuando hubo más muestras de cadáveres en la comunidad. Llegamos a un máximo de 80 muestras en un día. Posteriormente, establecimos otro laboratorio en Magbaraka (Sierra Leona), otra zona crítica. Durante varios meses tuvimos dos laboratorios en funcionamiento, con similares números de casos.

Problemas con la dotación de personal para un brote prolongado

Debido a la amplia magnitud de este brote tuvimos que recurrir a funcionarios que nunca antes habían trabajado sobre el terreno en un brote. Antes del despliegue les impartimos la capacitación necesaria para que se sintieran cómodos y competentes en el trabajo.

Se trabaja con muestras positivas y, en esas circunstancias, es necesario tener la disposición y sentirse cómodo para hacerlo. Este brote exigió el despliegue de algunas personas en múltiples oportunidades, y el miedo a lo desconocido en esta situación sin precedentes la hizo especialmente difícil.

En general, el desafío en lo concerniente a los recursos humanos fue uno de los más difíciles de afrontar. A cambio, disponemos ahora de un sólido grupo de personas con experiencia en el despliegue para este tipo de brotes.