Pese a abrumadoras dificultades, Papua Nueva Guinea ha realizado grandes progresos en la lucha contra el paludismo

Abril de 2017

Pese a una estación lluviosa que nunca termina, una infraestructura limitada y una geografía casi inaccesible, Papua Nueva Guinea ha realizado grandes progresos en la lucha contra el paludismo. Los responsables de estos avances son los instrumentos de prevención, como los mosquiteros.

Una niña pequeña se lleva a su casa un mosquitero que recibió durante una distribución en la provincia de Oro.
Una niña pequeña se lleva a su casa un mosquitero que recibió durante una distribución en la provincia de Oro.
Rotarians Against Malaria

Sería difícil encontrar mejor lugar que Papua Nueva Guinea para la propagación del paludismo. «Este país tiene una geografía muy, muy difícil y poca infraestructura», dice Tim Freeman, logista de la Asociación Rotaria Internacional contra el Paludismo. A sus 61 años, Freeman ha pasado más de la mitad de su vida luchando contra el paludismo. Es el tipo de persona que te gustaría tener cerca cuando el coche se te atasca en el barro, cosa que le ha sucedido muchas veces mientras supervisaba la distribución de más de 5 millones de mosquiteros tratados con insecticida en Papua Nueva Guinea. En el país hay zonas tan remotas que hasta los años 90 se seguían descubriendo tribus que nunca habían tenido contacto con el exterior.

Incluso ahora, algunos pueblos no tienen carreteras. Para distribuir los mosquiteros pueden ser necesarios aviones, helicópteros, barcos, camiones y días enteros de marcha, a menudo bajo la lluvia. «Siempre estamos en la estación lluviosa, y a veces en la más que lluviosa», dice Freeman. Sus equipos distribuyen mosquiteros por los 20 000 pueblos de Papua Nueva Guinea y mantienen un registro de su trabajo. «Podríamos contar la historia de los mosquiteros en cada uno de los pueblos», añade.

Ha sido un esfuerzo colectivo. Un asesor sobre paludismo de la oficina de la OMS en el país trabaja con los equipos de Freeman, ayudando a determinar cuántos mosquiteros son necesarios y proporcionando orientaciones técnicas. La OMS también es la encargada de establecer las políticas y las metas mundiales, y ayuda a convertirlas en planes específicos para cada país.

Australia ha aportado recursos económicos, y PSI (Population Services International), una organización no gubernamental con base en los Estados Unidos de América, ha enviado a personal que enseña sobre el terreno cómo utilizar los mosquiteros de forma sistemática y correcta, y cómo identificar los síntomas del paludismo para buscar tratamiento con rapidez. Tanto la Asociación Rotaria Internacional contra el Paludismo como PSI realizan sus actividades de lucha contra el paludismo con el apoyo del Fondo Mundial para la Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria.

La incidencia del paludismo se ha reducido a la mitad desde 2004

Los esfuerzos han dado frutos. «El paludismo ha caído como una piedra», dice Freeman.

«Ha habido una enorme disminución de la incidencia», coincide el Dr. Manuel Hetzel, epidemiólogo que evaluó el programa de control del paludismo entre 2008 y 2012, mientras trabajaba para el Instituto de Investigaciones Médicas en Papua Nueva Guinea.

Dos son los avances responsables de los progresos realizados en Papua Nueva Guinea: la distribución prácticamente universal de mosquiteros tratados con insecticidas de acción prolongada y la inyección de dinero para el diagnóstico y el tratamiento del paludismo.

«Cuanto menor es la carga de la enfermedad, más difícil les resulta a los programas de lucha contra el paludismo convencer a los gobiernos de la necesidad de seguir aportando fondos».

Dr. Jan Kolaczinski, Coordinador de la Unidad de Entomología y Control de Vectores del Programa Mundial de la OMS sobre Malaria

Dotada en 2009 de una subvención de US$ 109 millones del Fondo Mundial y orientada por las recomendaciones técnicas de la OMS, Papua Nueva Guinea distribuyó más de 7,5 millones de mosquiteros en los 6 años siguientes.

Estos esfuerzos han reducido la incidencia del paludismo en Papua Nueva Guinea a 200 por 100 000 habitantes, frente a los 400 por 100 000 que había en 2004.

Entre 2009 y 2015, la incidencia de ingresos por paludismo en centros sanitarios públicos ha disminuido en un 83%, y la tasa de mortalidad por esta causa en centros sanitarios lo ha hecho en un 76%.

Los mosquiteros no son los únicos responsables de estos avances; la vigilancia, el diagnóstico y el tratamiento también tienen su papel en la prevención, según dice el Dr. Rabi Abeyasinghe, que coordina las actividades relacionadas con el paludismo en la Región del Pacífico Occidental, donde la enfermedad es endémica en 10 de 37 países.

La vigilancia ayuda a los planificadores a identificar los lugares donde hay que distribuir mosquiteros, y el tratamiento de los casos evita que se produzcan nuevos casos, dice. «Si hay personas infectadas por el parásito, los mosquitos se infectarán y lo transmitirán a otras personas», añade.

Los recortes de la financiación ponen en peligro los avances

Pero los progresos realizados están en peligro.

Como los donantes procuran que sus intervenciones tengan el máximo impacto y se centran en los países que más apoyo necesitan, las inversiones están disminuyendo en los países de ingresos medios con una carga de enfermedad baja a moderada. Los programas de lucha contra el paludismo de estos países tienen que explorar otros arreglos de financiación, en particular mediante el aumento de los recursos nacionales.

Por ejemplo, el Fondo Mundial, que aporta aproximadamente el 80% de la financiación de los programas de lucha contra el paludismo, ha recortado su financiación a Papua Nueva Guinea en cerca de un 50%.

«Los donantes están interesados en los países que tienen una gran carga de paludismo e ingresos bajos», dice Stefan Stojanovik, del Fondo Mundial. «Papua Nueva Guinea es ahora un país de ingresos medios-bajos».

El Fondo Mundial y otros donantes soportan gran parte de la carga financiera, pero los gobiernos tienen que aportar más recursos propios si quieren controlar el paludismo de forma sostenible, dice el Dr. Jan Kolaczinski, que se ha trasladado este año del Fondo Mundial a la OMS.

«Cuanto menor es la carga de la enfermedad, más difícil les resulta a los programas de lucha contra el paludismo convencer a los gobiernos de la necesidad de seguir aportando fondos, pues los ministros dedicarán su atención a enfermedades que supongan un problema de salud pública más manifiesto», añade.