Nueva respuesta para el control de vectores: se vaticina un cambio en las reglas del juego

Junio de 2017

En mayo de 2016, la Directora General de la OMS hizo un llamamiento para que se redoblaran los esfuerzos destinados a combatir la propagación mundial de las enfermedades transmitidas por vectores.

Un empleado equipado con protección se dispone a rociar con insecticida una casa en Kisumu, Kenya
Hacen falta conocimientos especializados para saber dónde y cuándo aplicar medidas de control vectorial, que pueden consistir, por ejemplo, en rociar el interior de las viviendas con insecticida para así matar a los mosquitos.
OMS/S. Torfinn

«Lo que estamos viendo en la actualidad se parece cada vez más a una extraordinaria reaparición de la amenaza del surgimiento y resurgimiento de enfermedades infecciosas», advirtió la Dra. Margaret Chan a los Estados Miembros reunidos en la 69.ª Asamblea Mundial de la Salud. «El mundo no está preparado para afrontarlas».

La Dra. Chan señaló asimismo que la propagación de la enfermedad por el virus de Zika, la reaparición del dengue y la incipiente amenaza de la fiebre chikungunya se deben a la debilidad de las políticas de control de mosquitos a partir de los años setenta, década durante la cual se redujeron drásticamente los fondos y medidas destinados a la lucha antivectorial.

«El control de vectores no se consideraba prioritario»

La Dra. Ana Carolina Silva Santelli vivió todo esto en primera persona. Durante los 13 años en que ocupó dentro del Ministerio de Salud del Brasil el cargo de jefa del programa de lucha contra el paludismo, el dengue, el zika y la fiebre chikungunya, pudo ver cómo se iban desvaneciendo los esfuerzos de control antivectorial.

Ni el equipo (por ejemplo, máquinas rociadoras), ni el material de suministro (por ejemplo, insecticidas), ni el personal (por ejemplo, entomólogos) se sustituían según iba siendo necesario. «El control de vectores no se consideraba prioritario», añade.

Hoy por hoy, más del 80% de la población mundial corre el riesgo de contraer al menos una enfermedad de transmisión vectorial, y un 50% de contraer dos o más. Los mosquitos pueden transmitir, entre otras enfermedades, el paludismo, la filariasis linfática, la encefalitis japonesa y la fiebre del Nilo Occidental; las moscas pueden transmitir la oncocercosis, la leishmaniasis y la tripanosomiasis africana humana (también llamada enfermedad del sueño); y los chinches o las garrapatas pueden transmitir la enfermedad de Chagas, la enfermedad de Lyme y la encefalitis.

Tomadas conjuntamente, las principales enfermedades de transmisión vectorial se cobran cada año la vida de más de 700 000 personas, siendo las poblaciones pobres de las zonas tropicales y subtropicales las que mayor riesgo corren. Otras enfermedades, como la encefalitis transmitida por garrapatas, son causa de una preocupación cada vez mayor en las regiones templadas.

La rápida urbanización no planificada, el enorme aumento del comercio y los viajes internacionales, la modificación de las prácticas agrícolas y otros cambios con repercusiones ambientales están impulsando la propagación de vectores en el mundo entero, poniendo a cada vez más personas en situación de riesgo. Las más vulnerables son las que padecen malnutrición y ya han visto debilitado su sistema inmunitario.

Adopción de un nuevo enfoque

Durante el pasado año, la OMS encabezó una nueva iniciativa estratégica para volver a dar prioridad al control de vectores. El Programa Mundial sobre Malaria y el Departamento de Control de las Enfermedades Tropicales Desatendidas llevaron a cabo, junto con el Programa Especial de Investigaciones y Enseñanzas sobre Enfermedades Tropicales, una consulta de amplio alcance con el propósito de aprovechar la experiencia de los ministerios de salud y los expertos técnicos.

El proceso, que estuvo dirigido por un grupo de eminentes científicos y expertos en salud pública encabezado por la Dra. Santelli y el Profesor Thomas Scott del Departamento de Entomología y Nematología en la Universidad de California en Davis (UCD), desembocó en la elaboración de la Respuesta mundial para el control de vectores 2017-2030.

En su 70.ª sesión, la Asamblea Mundial de la Salud acogió con unánime beneplácito este proyecto de respuesta. En el documento se describen sucintamente cuatro áreas de acción clave que van a cambiar radicalmente el modo de abordar el control de las enfermedades transmitidas por vectores:

  • coordinación de las actividades de todos los sectores pertinentes, entendiendo que el control vectorial va más allá de la fumigación de insecticidas o la distribución de mosquiteros (esto podría requerir, por ejemplo, que los ministerios de salud trabajen mano a mano con los responsables de urbanismo en la eliminación de criaderos de mosquitos);
  • implicación y movilización de las comunidades, con miras a asegurar que estas se protejan debidamente y refuercen su resiliencia frente a futuros brotes epidémicos;
  • mejora de la vigilancia, para poder responder rápidamente ante un aumento de las tasas de morbilidad o un crecimiento de las poblaciones de vectores y determinar si las intervenciones están reportando los resultados esperados y, cuando no sea así, analizar las causas subyacentes; y
  • expansión del uso de instrumentos de control vectorial, y empleo combinado de los mismos, tratando de maximizar su impacto en las tasas de morbilidad, minimizando al mismo tiempo sus repercusiones en el medio ambiente.

Más concretamente, el nuevo enfoque integrado aboga por que los programas nacionales sean realineados de tal modo que los especialistas en salud pública puedan centrarse en el espectro completo de vectores y controlar así todas las enfermedades causadas por estos.

La eficacia de las medidas de respuesta –entendiendo que estas deberán adaptarse a las necesidades locales y ser sostenibles– dependerá de la capacidad de los países para fortalecer sus programas de control vectorial con los recursos financieros y humanos requeridos en cada caso.

La clave está en la búsqueda tenaz de intervenciones novedosas

El proyecto de respuesta subraya también la necesidad de buscar tenazmente intervenciones novedosas y prometedoras, entre otras cosas, mediante la formulación de nuevos insecticidas; el desarrollo de repelentes ambientales y atrapainsectos con cebos aromáticos; la mejora de los sistemas de aislamiento de las casas; el desarrollo de una bacteria común que detenga la replicación viral dentro de los mosquitos; y la modificación de los genes de los mosquitos macho con el fin de asegurar que sus crías mueran cuanto antes.

El desarrollo económico también aporta soluciones. «Si la gente viviera en casas construidas sobre sólidos cimientos y con mallas antiinsectos en puertas y ventanas, o con aire acondicionado, no habría necesidad de colocar mosquiteros», apunta el Profesor Scott. «En otras palabras: si mejorara el nivel de vida de las personas afectadas, ello nos ayudaría a reducir considerablemente la prevalencia de estas enfermedades».

Un entomólogo realiza un bioensayo con un cono de uso habitual en estos casos. Al cabo de 30 minutos, podrá comprobar cuántos mosquitos han muerto, lo que le permitirá determinar si el insecticida se ha pulverizado correctamente sobre las paredes. Esto es un ejemplo entre muchos de monitoreo de las intervenciones.
Un entomólogo realiza un bioensayo con un cono de uso habitual en estos casos. Al cabo de 30 minutos, podrá comprobar cuántos mosquitos han muerto, lo que le permitirá determinar si el insecticida se ha pulverizado correctamente sobre las paredes. Esto es un ejemplo entre muchos de monitoreo de las intervenciones.
OMS/S. Torfinn

Este llamamiento en favor de la adopción de un enfoque coherente e integral para el control de vectores no resta importancia a los notables avances logrados en la lucha contra una serie de enfermedades concretas de transmisión vectorial.

Un excelente ejemplo de ello es el paludismo. En los últimos 15 años, su incidencia en el África subsahariana se ha reducido en un 45%, gracias principalmente a la generalización del uso de mosquiteros tratados con insecticida y al rociado del interior de las viviendas con insecticidas de acción residual.

Pero esta historia de éxito también tiene una cara amarga.

«Curiosamente, nuestras medidas de control han sido tan exitosas, en cierto sentido, que se ha acabado por reducir el número de entomólogos en salud pública, que son las personas capaces de ocuparse con solvencia de estas cuestiones», observa el Profesor Steve Lindsay, especialista en entomología de la Universidad de Durham (Gran Bretaña). «Podría decirse que somos una especie en extinción».

En la Respuesta mundial para el control de vectores se insta a los países a que inviertan en la consolidación de un cuerpo de especialistas en control vectorial debidamente formados en entomología aplicada a la salud pública y capaces de formular intervenciones de atención sanitaria.

«Lo que se impone ahora es un control más matizado; debemos dejar a un lado las soluciones de talla única y adaptar las intervenciones de control a las condiciones imperantes en cada lugar», observa el Profesor Lindsay. «Esto es necesario no solo para la lucha contra enfermedades nuevas y emergentes sino también para el logro de avances en la eliminación de otras enfermedades como el paludismo», añade.

Según el Dr. Lindsay, el nuevo enfoque estratégico contribuirá a que determinadas enfermedades como el zika, el dengue o la fiebre chikungunya dejen de percibirse como amenazas aisladas. «En realidad no estamos hablando de tres enfermedades diferentes, sino de una única especie de mosquito, llamada Aedes aegypti», insiste el Profesor Lindsay.

Concordancia entre el proyecto de respuesta y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La Respuesta mundial para el control de vectores también ayudará a los países a alcanzar al menos 6 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Revisten un interés directo el Objetivo 3 (salud y bienestar), el Objetivo 6 (agua limpia y saneamiento) y el Objetivo 11 (ciudades y comunidades sostenibles).

Con todo, los objetivos del proyecto de respuesta son más ambiciosos que los ODS, pues prevén reducir, para 2030, la mortalidad atribuible a las enfermedades de transmisión vectorial en al menos un 75% y su incidencia en al menos un 60%, y prevenir las epidemias en todos los países.

El gasto anual en personal y actividades de coordinación y vigilancia asciende a US$ 330 millones, lo que vienen siendo unos US$ 5 centavos por persona. Esta inversión adicional es modesta si la comparamos con el costo de la distribución de mosquiteros tratados con insecticida, la fumigación de interiores y las actividades de base comunitaria, que suele ser superior a US$ 1 por persona protegida al año.

También representa menos del 10% de lo que se está gastando anualmente ya solo en estrategias de control de vectores transmisores del paludismo, el dengue y la enfermedad de Chagas. A la larga, este cambio de enfoque a favor de un control vectorial integrado y localmente adaptado permitirá ahorrar dinero.

«Un llamamiento a la acción»

La Dra. Santelli dice confiar en que la nueva respuesta ayudará a los ministerios de salud del mundo entero a granjearse el apoyo de sus gobiernos para volver a dar prioridad al control de vectores.

«Por encima de todo, este documento pretende ser una llamada a la acción», observa la Dra. Santelli, que actualmente ocupa el cargo de Directora Adjunta de Epidemiología en la oficina de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Brasilia.

«No va a ser tarea fácil», predice. Las actividades destinadas a integrar las intervenciones de control de vectores para una amplia variedad de enfermedades requerirán mejoras en materia de equipo, más recursos humanos y una mayor financiación, así como un cambio de mentalidad.

«Pero es más arriesgado quedarse de brazos cruzados, si tenemos en cuenta el creciente número de enfermedades emergentes», opina la Dra. Santelli. El impacto de la nueva respuesta puede ser enorme, si logra su propósito de implantar nuevas estrategias que permitan reducir la carga de morbilidad general y, en algunos lugares, incluso eliminar para siempre algunas enfermedades de transmisión vectorial.