Cada vez hay menos armas para luchar contra la farmacorresistencia.
A la par de la pérdida de eficacia de los antimicrobianos existentes, hay una reducción del desarrollo de nuevos antimicrobianos. Las investigaciones sobre nuevas pruebas diagnósticas para detectar los microorganismos resistentes son insuficientes, y lo mismo ocurre con la vacunas para prevenir y controlar las infecciones. Si no se cambia esta tendencia, las armas para luchar contra los microorganismos resistentes se agotarán pronto.
