Una vez que se detecta un brote hay que centrarse en el tratamiento y las medidas de control.
La estrategia de intervención habitual en los brotes consiste en reducir las muertes asegurando el acceso rápido al tratamiento y el control de la propagación de la enfermedad mediante el suministro de agua salubre, el saneamiento adecuado y la educación sanitaria para mejorar las prácticas higiénicas y la manipulación de los alimentos entre la población.
