Género y salud de la mujer

Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer


Prólogo

Cada cultura tiene sus dichos y canciones sobre la importancia del hogar, así como la comodidad y la seguridad que encontramos en él. Sin embargo, para muchas mujeres, el hogar es un lugar de dolor y humillación.

Como demuestra sobradamente este informe, la violencia contra la mujer infligida por su pareja es común, se halla generalizada y sus repercusiones son de gran alcance. Esta violencia, que con demasiada frecuencia se ha ocultado detrás de puertas cerradas y se ha evitado en los discursos públicos, no puede negarse por más tiempo ya que forma parte de la vida cotidiana de millones de mujeres.

El Estudio que se presenta en este informe reafirma los mensajes clave del Informe mundial sobre la violencia y la salud (2002) de la OMS, desafiando la noción de que los actos violentos son asunto de la privacidad familiar, elecciones particulares o facetas inevitables de la vida. Los datos recopilados en 10 países por la OMS y distintos grupos de investigadores confirman que la violencia ejercida contra la mujer constituye un problema social fundamental. Dicha violencia es un importante factor de riesgo para la mala salud de las mujeres y debería prestarse más atención a este asunto.

La experiencia, fundamentalmente en los países industrializados, ha demostrado que los enfoques de salud pública pueden influir en esta cuestión. El sector salud posee un potencial único para tratar la violencia ejercida contra la mujer, en particular a través de los servicios de salud reproductiva, a los que acuden la mayoría de las mujeres en algún momento de su vida. El Estudio indica, sin embargo, que este potencial está todavía lejos de lograrse. Ello se debe en parte a que el estigma y el miedo provocan que numerosas mujeres se muestren reacias a revelar sus sufrimientos. Pero también se debe a que muy pocos médicos, enfermeras y demás personal de salud cuentan con la sensibilidad y la formación necesarias para reconocer la violencia como la causa subyacente de los problemas de salud de las mujeres, o pueden prestarles ayuda, en particular en lugares donde no existen servicios de protección o de seguimiento posterior. Evidentemente, el sector salud no puede llevar a cabo estos cambios por sí solo, pero debería hacer realidad este potencial y desempeñar una función destacada en la prevención de la violencia.

La violencia ejercida contra la mujer es tanto la consecuencia como la causa de la desigualdad de género. Los programas de prevención primaria, donde se abordan las desigualdades de género y las numerosas causas de la violencia, se introducen cambios en las legislaciones y se prestan servicios a las mujeres maltratadas, son todos ellos esenciales en este sentido. El Objetivo de Desarrollo del Milenio sobre la educación de las niñas, la igualdad de género y la potenciación de la capacidad de acción de la mujer es un reflejo del reconocimiento de la comunidad internacional de que la salud y las cuestiones de género y desarrollo están estrechamente conectadas entre sí.

La OMS considera la prevención de la violencia en general, y la violencia contra la mujer en particular, como una importante prioridad. Ofrece conocimientos técnicos especializados a países que desean combatir la violencia, e insta a los donantes internacionales a que apoyen esta labor. La OMS continúa subrayando la importancia de que se realicen estudios orientados hacia la acción y basados en guías éticas, como este Estudio, para que comprendamos mejor el problema y sepamos cómo actuar. También insta encarecidamente al sector y a los servicios de salud a que asuman una función más destacada a la hora de responder a las necesidades de las muchas mujeres que viven relaciones violentas.

Joy Phumaphi
Subdirector General, Salud de la Familia y la Comunidad, OMS

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