Género y salud de la mujer

Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer


Antecedentes

Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los gobiernos y responsables de la formulación de políticas consideraba la violencia contra la mujer como un problema social de importancia relativamente menor, sobre todo en lo que se refiere a la violencia “doméstica” infligida por el marido o la pareja.1 Sin embargo, desde la década de los noventa, los esfuerzos emprendidos por las organizaciones de mujeres, los y las expertos y algunos gobiernos comprometidos con esta cuestión han supuesto una profunda transformación de la sensibilización pública con respecto a este problema. Así pues, actualmente es una cuestión ampliamente reconocida que dicha violencia constituye un grave problema de derechos humanos y salud pública que afecta a todos los sectores de la sociedad (1).

Según las investigaciones internacionales que se han llevado a cabo, la violencia contra la mujer es un problema mucho más grave y generalizado de lo que se había sospechado hasta el momento. Tras examinar una serie de estudios realizados antes del año 1999 en 35 países, se comprobó que entre el 10% y el 52% de las mujeres había sufrido maltrato físico por parte de su pareja en algún momento de su vida, y entre el 10% y el 30% había sido víctima de violencia sexual por parte de su pareja. Entre el 10% y el 27% de las mujeres declaró haber sido objeto de abusos sexuales, siendo niñas o adultas (2, 3). No obstante, los datos de los países en desarrollo eran, por lo general, escasos.

Asimismo, a medida que fue creciendo el volumen de resultados de los estudios, se puso de manifiesto que los niveles de violencia variaban considerablemente de un entorno a otro, tanto entre los distintos países como dentro de cada país. Ello planteó numerosas preguntas, no sólo en lo que se refiere a los factores que contribuyen a estas diferencias, sino también a los métodos utilizados para investigar la violencia en los distintos pases. Las numerosas diferencias observadas en los métodos utilizados en los distintos estudios para definir y medir la violencia dificultaron la realización de comparaciones significativas entre estudios o de cálculos fiables en los distintos entornos (3). Además de investigar la prevalencia de la violencia, se prestó cada vez más atención a sus consecuencias para la salud, en particular atendiendo a los resultados de los estudios realizados en América del Norte (4-6).

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas, celebrada en 1995, incluyó la violencia contra la mujer entre los temas preocupantes que requieren atención, y en su Plataforma de Acción (7) señala que:

“La falta de suficientes estadísticas y datos desglosados por sexo sobre el alcance de la violencia dificulta la elaboración de programas y la vigilancia de los cambios.” (apartado 120).

Además, recomienda, entre otras cosas, promover la “investigación, recoger datos y elaborar estadísticas, especialmente en lo concerniente a la violencia en el hogar, relacionadas con la frecuencia de las distintas formas de violencia contra la mujer, y fomentar las investigaciones sobre las causas, la naturaleza, la gravedad y las consecuencias de esta violencia...” (apartado 129a).

En el año 1996, la OMS celebró una reunión consultiva de expertos en violencia contra la mujer que congregó a investigadores, dispensadores de atención para la salud y promotores de la salud de las mujeres procedentes de diversos países. Los participantes recomendaron que la OMS apoyara investigaciones internacionales a fin de explorar el alcance, las consecuencias para la salud y los factores de riesgo de la violencia contra la mujer. En 1997, la OMS puso en marcha el Estudio multipas sobre salud de la mujer y violencia doméstica contra la mujer (en adelante denominado “Estudio de la OMS”).


1El término “violencia doméstica” está siendo sustituido actualmente por “violencia infligida por la pareja”.

Compartir