Recomendaciones
Promover respuestas de prevención primaria
Recomendación 5
Desarrollar, ejecutar y evaluar programas destinados a la prevención primaria de la violencia y de la violencia sexual infligida por la pareja.
La prevención de la violencia infligida por la pareja exige cambiar las actitudes, creencias y los valores relacionados con el papel de los sexos tanto de las mujeres como de los hombres, en el ámbito de la sociedad y del individuo. Por tanto, los esfuerzos de prevención deberían abarcar actividades multimedia y otras actividades de sensibilización pública para desafiar la subordinacin de la mujer y contrarrestar las actitudes, creencias y valores, sobre todo entre hombres, que consideran la violencia de la pareja como algo normal.
Los medios específicos y los mensajes clave deberán basarse en un proceso de investigación y consulta. Uno de los principales objetivos será eliminar las barreras que impiden a las mujeres hablar sobre el problema y utilizar los servicios de ayuda disponibles. Para ello, es necesario reducir el estigma, la vergüenza y el rechazo que existe sobre la violencia contra la mujer infligida por su pareja y reforzar las redes de apoyo informales animando a los miembros de las familias y comunidades a ayudar y apoyar a las mujeres que conviven con la violencia.
Deberían realizarse esfuerzos específicos para implicar a los hombres. Las estrategias mediáticas que animan a los hombres no violentos a rechazar abiertamente la violencia y a desafiar su aceptación contribuirán a refutar la idea de que todos los hombres aprueban la violencia. También sirven para ofrecer modelos alternativos de comportamiento masculino frente a los que se describen normalmente en los medios de comunicación.
Deberían realizarse esfuerzos específicos en centros de salud, escuelas, lugares de trabajo y dentro de las distintas profesiones y sectores. Deberían estudiarse otras estrategias de comunicación, como los enfoques de base comunitaria (por ejemplo, programas de alfabetización en leyes, movilización comunitaria sobre el VIH/SIDA, iniciativas mediáticas locales) y otras actividades destinadas a factores de riesgo específicos para la existencia de violencia como el consumo de alcohol. Concretamente, debe promoverse el diálogo sobre la violencia de la pareja en las comunidades y desafiar su aceptación. Sobre todo, es necesario intensificar los esfuerzos en el ámbito de la prevención primaria.2
Recomendación 6
Dar prioridad a la prevención de los abusos sexuales de menores.
Es extremadamente preocupante el alto índice registrado en el Estudio de abusos sexuales infligidos a menores. Dichos actos constituyen una grave violación de los derechos básicos y de la integridad física de una niña o adolescente, y pueden tener profundas consecuencias para su salud, de forma inmediata y a largo plazo. Así pues, los esfuerzos para combatir los abusos sexuales de menores (tanto niñas como niños) deberían ser un asunto prioritario en la planificación de la salud pública, así como en las respuestas de otros sectores como el judicial, la educación y los servicios sociales.
Los dirigentes y otras figuras de prestigio pueden contribuir a “romper el silencio” y a crear un espacio social para que se debata el problema dentro de las familias y de las comunidades.
Los sectores de la salud y la educación han de ser capaces de identificar y tratar el problema del abuso sexual de menores. Deberían establecerse protocolos y proporcionarse recursos y formación a los profesionales de la salud.
Igualmente, los profesores y demás profesionales de la educación necesitan recibir una formación que les permita reconocer la existencia de abusos sexuales, así como protocolos y políticas para la derivación de casos a los servicios médicos o sociales. Las escuelas deberían también desarrollar programas preventivos y de asesoramiento cuando los medios lo permitan.
Recomendación 7
Integrar las respuestas a la violencia contra la mujer en programas existentes para la prevención del VIH y el SIDA, así como para la promoción de la salud de los adolescentes.
Las conclusiones del Estudio demuestran que existen altos niveles de violencia sexual contra las mujeres y las niñas y concuerdan con otros estudios que sugieren que la violencia contribuye a la vulnerabilidad de las mujeres frente a la infección del VIH. La prevención de la violencia contra la mujer contribuirá a mejorar la eficacia de los programas de VIH y SIDA. Por tanto, los programas sobre la prevención del VIH deberían abarcar actividades para sensibilizar a la opinión pública y fomentar la prevención de la violencia sexual y de la violencia infligida por la pareja, reconocer en qué medida se obliga a tener relaciones sexuales y abordar explícitamente temas como el consentimiento y la coacción. Deben desarrollarse estrategias para responder a la situación de mujeres que están sufriendo o temen sufrir actos violentos y que acuden a los servicios de lucha contra el VIH, de planificación familiar u otros servicios de salud sexual y reproductiva. Los programas de salud sexual y reproductiva, así como aquellos que se centran en fomentar la salud de los adolescentes, deben abordar asimismo la violencia infligida por la pareja, la coacción y el sexo forzado.
Recomendación 8
Convertir los espacios físicos en lugares más seguros para la mujer.
Las medidas que se adopten a fin de que los núcleos urbanos sean más seguros para la mujer pueden contribuir a la prevención primaria. Esas medidas deberían implantarse de forma sistemática: primero, identificando los lugares donde ocurren normalmente los actos violentos contra la mujer y, luego, analizando los motivos por los que suceden.
Dependiendo de los factores de riesgo que se identifiquen y de los recursos disponibles, la seguridad podrá reforzarse mediante medidas concretas. Estas medidas comprenden mejorar la iluminación, aumentar la presencia policial y otras medidas de vigilancia, concretamente en zonas donde se consuma alcohol u otras drogas, y abrir “puntos ocultos” donde se podrían producir agresiones sin ser vistos u oídos.
2La Campaña Mundial de Prevención de la Violencia de la OMS tiene como objetivo que exista una mayor sensibilización sobre el problema de la violencia, destacar la importante función que puede desempeñar la salud pública a la hora de abordar sus causas y consecuencias, y promover que se adopten medidas en todos los ámbitos de la sociedad. Para obtener más información visite www.who.int/violence_injury_prevention/violence/en/