Recomendaciones
Reforzar la respuesta del sector salud
Recomendación 10
Desarrollar una respuesta global del sector salud sobre los efectos de la violencia contra la mujer.
Muchos dispensadores de atención sanitaria ven y tratan (sabiéndolo o no) a millones de mujeres que son víctimas de violencia en sus relaciones personales. Es crucial que el sector sanitario desarrolle una respuesta global a los distintos efectos de la violencia contra la mujer, aunque también es necesario que los diferentes servicios de atención para la salud adopten medidas específicas. En lo que se refiere a la planificación, será necesario que las autoridades de salud identifiquen las ventajas concretas del sector, en el marco de una respuesta multisectorial más amplia, para fomentar la prevención y prestar servicios dirigidos a las mujeres que han sido víctimas de violencia. Concretamente, es importante abordar la reticencia mostrada por las mujeres maltratadas a la hora de buscar ayuda. En lo que se refiere a los servicios, las respuestas a la violencia contra la mujer deberán integrarse en todos los ámbitos de la atención (los servicios de emergencia, los servicios de salud reproductiva como la atención prenatal, la planificación familiar y la atención postaborto, los servicios de salud mental y los servicios relacionados con el VIH y el SIDA). Es necesario mejorar el acceso a los servicios de salud mental que no estigmaticen a las mujeres y que sean capaces de reconocer los vínculos existentes entre violencia y salud mental, en particular la depresión y los pensamientos suicidas. Estos servicios han de proporcionar seguridad a las mujeres que deben hacer frente a la violencia y evitar respuestas médicas excesivas al problema.
Los profesionales de la salud que ven y atienden a mujeres maltratadas necesitarán coordinarse y trabajar con otros sectores, en particular con la policía y los servicios sociales. Ello no debería hacerse de forma aislada, sino que exigir la creación de procedimientos y protocolos oficiales de derivación de casos.
Además de fomentar la sensibilización sobre este asunto, el sector salud ha de buscar formas de convencer a las mujeres de que: (a) no hay nada de malo en buscar ayuda en instituciones de salud cuando hayan experimentado actos violentos, (b) si lo hacen, recibirán una atención médica apropiada y otros tipos de asistencia, y (c) se garantizará su confidencialidad y seguridad. Entre otras cosas, la formación debería tener por objeto garantizar que los profesionales estén sensibilizados con respecto a las cuestiones relacionadas con la violencia, que traten a las mujeres con respeto, que mantengan la confidencialidad, que no refuercen sus sentimientos de estigma y de culpa, y que sean capaces de prestar una atención adecuada o derivar los casos cuando sea necesario.
Recomendación 11
Utilizar el potencial de los servicios de salud reproductiva como punto de acceso para localizar y apoyar a las mujeres que son víctimas de violencia infligida por su pareja, y derivarlas a otros servicios de apoyo.
La disponibilidad y el uso extendido de los servicios de salud reproductiva (incluida la atención prenatal, la planificación familiar, la atención postaborto y los servicios sobre infecciones de transmisión sexual) en la mayoría de los países les dan una ventaja potencial para localizar a las mujeres maltratadas y derivarlas a otros servicios de apoyo. No obstante, a menos que los dispensadores de servicios de salud sean conscientes y estén dispuestos a tratar la violencia y la coacción, éstos no podrán promover eficazmente la salud sexual y reproductiva de la mujer.
Conviene sensibilizar a los dispensadores de servicios de salud reproductiva y proporcionarles formación para que aprendan a reconocer la violencia y responder a ella, en particular durante y después del embarazo. No obstante, reconociendo que no basta la localización, deberían establecerse protocolos y sistemas de derivación de casos para garantizar la atención, el seguimiento y el apoyo requerido en tales casos. En lugares con escasos recursos y donde no es posible la derivación de casos, el personal sanitario debería como mínimo ser consciente del problema y ofrecer información sobre las opciones legales y de asesoramiento existentes, así como mensajes de apoyo que destaquen que la violencia es algo negativo y que se trata de un problema extendido. Garantizar la confidencialidad y la seguridad de las mujeres ha de ser prioritario. En aquellos lugares donde en los servicios prenatales participen las parejas en clases de preparación al parto y otras actividades similares, añadir un componente “antiviolencia” a dichas actividades puede constituir una vía para tratar de cambiar actitudes machistas y prevenir la violencia.