Cambio climático y salud humana

Lograr un futuro más limpio, más sostenible y más sano

Dra. Margaret Chan
Directora General de la Organización Mundial de la Salud

Comentario al informe 2015 de la Comisión Lancet sobre Salud y Cambio Climático
29 de junio de 2015

Un agente de la OMS visitando a una familia en África
OMS/Marko Kokic

En 2009, cuando los países se preparaban para negociar un tratado mundial sobre clima en Copenhague (Dinamarca), la portada de la primera Comisión Lancet sobre Salud y Cambio Climático lanzaba una seria advertencia: «El cambio climático es la mayor amenaza para la salud del siglo XXI».

Esta advertencia no fue escuchada: el acuerdo general no alcanzó el grado de ambición necesario, y el tema de la salud brilló por su ausencia en las negociaciones. Sin embargo, a más largo plazo, la Comisión dejó su impronta y contribuyó a un compromiso gradual pero creciente de la comunidad sanitaria.

Ahora que los países se preparan de nuevo para alcanzar un acuerdo mundial sobre cambio climático en diciembre de 2015 en París (Francia), nuestros colegas que dirigen las negociaciones tienen en cuenta cada vez más y de manera más clara y contundente la cuestión de la salud.

Por tanto, la segunda Comisión Lancet se publica en un momento muy oportuno, no solo porque en ella se ofrece un resumen de las pruebas, sino también por su enfoque más amplio que permite establecer conexiones entre el clima, la salud, la economía y las decisiones en materia energética. Felicito también a la Comisión por formular un conjunto de recomendaciones exhaustivas, ambiciosas y vanguardistas, y animo a los ministerios de salud de los países y a todos los profesionales de la salud a que examinen detenidamente cada una de estas recomendaciones. Me gustaría destacar tres de ellas, a cuya aplicación la OMS contribuirá de forma directa y específica.

La primera recomendación es la de aumentar la financiación para crear sistemas de salud resilientes al clima en todo el mundo. Teniendo en cuenta solo algunos de los riesgos conexos para la salud y dando por hecho que el crecimiento económico se mantendrá y que se avanzará en la protección de la salud, la OMS estima que el cambio climático probablemente causará unas 250000 muertes adicionales al año de aquí al decenio de 2030.

La mejor defensa es la misma que nos protegerá de los brotes de enfermedades infecciosas y de la creciente carga de enfermedades no transmisibles: contar con sistemas sanitarios sólidos, flexibles y resilientes.

En febrero de este año, el Consejo Ejecutivo de la OMS aprobó un nuevo plan de trabajo sobre cambio climático y salud. Un objetivo central es adoptar un enfoque sistemático y amplio del fortalecimiento de los sistemas de salud para incluir medidas específicas destinadas a facilitar la adaptación al cambio climático, como sistemas de alerta temprana para hacer frente a olas de calor más frecuentes y severas, y la protección de los servicios de abastecimiento de agua, saneamiento e higiene frente a inundaciones y sequías.

Como esto requerirá recursos adicionales, los mecanismos internacionales de financiación existentes relacionados con el cambio climático han de prestar un apoyo adecuado a la cuestión de la salud, lo que todavía no ha sucedido.

El segundo ámbito es el conjunto de recomendaciones sobre la evaluación de las repercusiones sanitarias de los sistemas energéticos, que deben ser tenidas en cuenta en las políticas públicas generales.

El pasado año, la OMS documentó que más de siete millones de muertes al año se deben a la contaminación del aire, que se convierte así en uno de los principales factores de riesgo para la salud en todo el mundo —comparable al consumo de tabaco— y en la principal causa de muerte en algunos países. El 88% de la población mundial respira un aire que no cumple las directrices de la OMS sobre la calidad del aire.

Esto se debe en parte a la pobreza y a la falta de acceso a energías limpias, pero también a determinadas decisiones en materia de políticas. Los efectos de la contaminación del aire sobre la salud no están reflejados en el precio de los combustibles que los provocan; en cambio, ese costo se traduce en pérdida de vidas y en gastos para los sistemas sanitarios.

Según un informe reciente elaborado por investigadores del Fondo Monetario Internacional, la omisión de los daños para la salud provocados por los combustibles contaminantes constituye la principal subvención brindada a la producción y el consumo energéticos a nivel mundial, que ascenderá en total a US$5,3 billones en 2015. Esta cifra es superior al gasto sanitario total de todos los gobiernos del mundo.

Me complace informar de que en mayo de este año la Asamblea Mundial de la Salud aprobó su primera resolución sobre la contaminación del aire. En ella se pide a los países y a la Secretaría de la OMS que intensifiquen su respuesta a esta cuestión sanitaria primordial aumentando el grado de contribución del sector de la salud a la adopción de decisiones en todos los sectores y a nivel local y nacional con el fin de limpiar el aire y maximizar los beneficios para la salud.

También se subrayan las oportunidades existentes para obtener beneficios indirectos de las medidas destinadas a reducir las emisiones de los contaminantes que alteran el clima por calentamiento y al mismo tiempo mejorar la salud. Efectivamente, abordaremos el problema de la contaminación del aire y ayudaremos a guiar a los países a que, siempre que sea posible, adopten decisiones que también contribuyan a lograr los objetivos relacionados con el cambio climático.

En tercer lugar, la Comisión destaca la necesidad de vigilar y evaluar los progresos, al igual que en el marco de la iniciativa Cuenta regresiva para 2015, que ha permitido impulsar los progresos en la reducción de la mortalidad materna e infantil. Esto es esencial: lo que se puede medir, se puede hacer.

El pasado año, en la primera Conferencia mundial de la OMS sobre salud y clima, la Secretaria Ejecutiva de la Secretaría de la CMNUCC y yo misma nos comprometimos a elaborar perfiles específicos de cada país sobre salud y cambio climático en preparación de la conferencia sobre cambio climático de París. En los perfiles se recopilan las mejores pruebas disponibles sobre los riesgos del clima para la salud, sobre las oportunidades para mejorar la salud al tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, y sobre la situación de las políticas nacionales. También pueden servir de referencia para monitorear los progresos futuros.

Por último, pongo énfasis en el mensaje de la Comisión de que la comunidad sanitaria tiene un papel fundamental que desempeñar en la aceleración de los progresos para atajar el cambio climático. En palabras de Ban Ki-Moon, Secretario General de las Naciones Unidas: «No hay un plan B; no existe un planeta B».

Los profesionales de la salud han estado en la vanguardia de los cambios sociales, como los que han logrado gradualmente que el consumo de tabaco sea cada vez menos aceptable y que las tasas de consumo se hayan reducido, lo que ha salvado muchas vidas. Me sumo al llamamiento realizado a la comunidad sanitaria para que apoye el movimiento creciente a favor de un futuro más limpio, más sostenible y más sano.