Los haitianos prestan atención de salud a los mismos haitianos: galería de fotos
Por Nyka Alexander
Responsable de comunicación de la OMS
16 de marzo del 2010
Mucho se ha escrito acerca de la respuesta internacional al terremoto que asoló a Haití el 12 de enero del 2010, pero la respuesta principal a la emergencia, en especial la que guarda relación con la salud, provino de los haitianos mismos.
Los vecinos han venido ayudando a los vecinos, las familias del campo han alojado a víctimas desplazadas de la ciudad, mientras que las comunidades están elaborando nuevas estrategias para adaptarse a las condiciones que han cambiado drásticamente.
El reportaje siguiente describe diferentes tipos de servicios que fueron establecidos por y para el pueblo haitiano. Se han abierto tres consultorios que ofrecen tratamientos para una gama amplia de trastornos de salud, que van desde la curación de las heridas físicas hasta la ayuda para tratar las cicatrices mentales que son menos visibles.
El edificio de techo verde, sede del Ministerio de Salud Pública, se derrumbó debido al terremoto, pero se cree que no murió ninguno de sus empleados. De los 80 hospitales y centros de atención de salud importantes de Puerto Príncipe, cuarenta y nueve sufrieron daños. Contra este telón de fondo de infraestructura destruida, en muchos casos los médicos y las enfermeras de Haití superaron las dificultades para prestar atención inmediata de nuevas maneras.
La doctora Jocelyne Marhône Pierre, empleada del Ministerio de Salud Pública haitiano y a cargo del programa nacional de alimentos y nutrición, perdió su casa en el terremoto. Se refugió en el patio de una iglesia derrumbada, la iglesia de San Luis Rey de Francia, pero muy pronto empezó a ayudar a cientos de sus vecinos que necesitaban ayuda. Con todo lo que estaba a mano —papel higiénico y telas para vendas, agua y jabón para limpieza— ella y sus colegas médicos empezaron a atender a los heridos. Sentado detrás de ella se encuentra el doctor Childerick Dorvilus, un antiguo estudiante de la doctora Marhône, cuya casa también quedó destruida. Él y la doctora Marhône fueron los dos primeros médicos que trataron a los pacientes.
Más de dos meses después del terremoto, el consultorio sigue atendiendo a un promedio de 140 pacientes por día y trata una gama amplia de problemas, desde heridas hasta enfermedades crónicas. Algunos procedimientos de urgencia también se hacen durante la noche. El consultorio ofrece vacunaciones, rehabilitación para los heridos y hospitalización para los que necesitan atención por más largo tiempo. Todos estos servicios se están ofreciendo en tiendas de campaña y toldos instalados al aire libre.
La doctora Marhône habla con Montse Escruela Cabrera, experta en nutrición, que trabaja en la oficina de la OPS/OMS en Haití. Por muchos meses, habían trabajado juntas en la formulación de directrices nutricionales para Haití. Inmediatamente después del desastre, la OPS/OMS entregó medicamentos básicos que se encontraban en el depósito de PROMESS, el Programa de Medicamentos Esenciales que la OPS/OMS ha apoyado en Haití desde 1992. PROMESS suministra medicamentos esenciales a las instituciones de salud pública de Haití, a los centros privados y sin fines de lucro de atención de salud y a los centros administrados por organizaciones no gubernamentales. Desde el terremoto, PROMESS ha sido un centro de distribución de los medicamentos donados y ha suministrado otros productos farmacéuticos gratuitos a sus clientes habituales, así como a los consultorios móviles.
Los consultorios móviles similares a este surgieron poco después del terremoto como una forma de llevar servicios de salud directamente a quienes los necesitaban. Este funciona cinco días a la semana en un asentamiento temporal de 2.800 personas ubicado en una escuela secundaria de Toussaint que sufrió daños. Los médicos y las enfermeras trabajan desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde y en un día ven de 70 a 100 personas, de las que 30% son niños.
Mirlene Cherelus llevó a su hijo, Jeffrey, de 7 años al consultorio después de que tuvo una reacción alérgica en el cuero cabelludo. La reacción había empezado antes del terremoto, pero el costo de ir a un médico era demasiado alto: el equivalente de cerca de tres días de sueldo. El Gobierno decretó que, por el momento, las consultas y los medicamentos serán gratuitos en los consultorios móviles. Los donantes y asociados internacionales, entre otros la OPS/OMS, están colaborando con el Gobierno para formular un plan de reconstrucción para el sector de atención de salud que satisfaga las necesidades de la comunidad en cuanto a la atención de salud más accesible y asequible. Es probable que los consultorios móviles se integren en el nuevo plan.
La salud mental es otra área donde la comunidad haitiana ha creado servicios. Esta niña asiste a las clases diurnas que se dan en autobuses escolares estacionados cerca del asentamiento Champ-de-Mars. La escuela temporal, llamada Plas Timoune (que significa "el lugar de los niños") recibe a 420 niños por día, distribuidos en tres horarios y por grupos de edad. Los autobuses fueron donados por la República Dominicana y llevados por tierra a Puerto Príncipe. Cuba donó los libros y los juguetes.
Jenny Seneque ha sido directora del centro de juegos desde su inicio en marzo del 2010 como una iniciativa de la Primera Dama, Elizabeth Préval. Jenny era estudiante de mercadotecnia antes de que el terremoto destruyera su escuela. Los niños acuden al centro por períodos de dos horas, tres días a la semana, para jugar, pintar, practicar deportes, escuchar música y hacer cerámica. Jenny dice que el centro busca ayudar a los niños a que superen el traumatismo del terremoto y vuelvan a ser niños. Los maestros y otras personas que trabajan en el centro dicen que esta actividad también los ha ayudado a sentirse útiles de nuevo. El centro remite a los niños sumamente traumatizados —los que parecen estar encerrados en sí mismos y no logran hablar— a psicólogos capacitados.
Cuando los niños llegaron por primera vez al centro, con frecuencia hablaban del terremoto y recordaban lo que les había sucedido a ellos mismos y a sus familiares. Pero, después de unos pocos días, dice la directora del centro, empezaron a hablar más de los juegos que estaban jugando y a interesarse por los otros niños. Ayudar a los niños a que recuperen una rutina y una sensación de normalidad es una de las mejores maneras de apoyarlos después del desastre natural.