Proteger la salud después del maremoto asiático
Antecedentes
Los terremotos y maremotos que azotaron a 12 países el pasado 26 de diciembre, desde Asia Sudoriental hasta el Cuerno de África, han provocado uno de los mayores desastres naturales de la historia moderna y han causado directamente más de 150 000 muertes y dejado al menos medio millón de heridos y cinco millones de personas sin hogar o sin acceso suficiente a agua potable, alimentos o servicios de salud.
La prioridad: salvar vidas
La respuesta a cualquier desastre debe centrarse ante todo en lograr que las personas afectadas conserven la vida, apoyándoles y facilitándoles nuevamente medios de subsistencia.
El sector de la salud debe intervenir desde el comienzo mismo de la respuesta:
- Gran parte del sufrimiento y de las muertes pueden evitarse abordando los problemas de salud en las primeras fases de la respuesta.
- Los indicadores sanitarios - en particular los datos de incidencia de enfermedades - son un barómetro de esa respuesta, una medida temprana y sensible de la eficacia de la acción humanitaria.
- Unos servicios de salud operativos, fiables y accesibles - que responden a las necesidades de todos los afectados - son un signo crucial de que la recuperación ha dado comienzo. Al igual que unas escuelas operativas y que los medios necesarios para garantizar la seguridad y el imperio de la ley, los servicios de salud son un elemento fundamental de la recuperación de una sociedad.
Los indicadores sanitarios proporcionan una medida extremamente sensible de la eficacia de la respuesta y la rehabilitación. Si la recuperación de los servicios de salud locales se retrasa o es ineficaz, enfermedades infecciosas como el cólera, diarreas, hepatitis y neumonía vendrán a engrosar el gravoso tributo que se ha cobrado ya la catástrofe. Los riesgos son especialmente importantes para los niños muy pequeños y las personas de edad alojadas en cobijos provisionales. Los desplazamientos y las condiciones de hacinamiento también pueden agravar los riesgos de aparición de sarampión, gripe, meningitis, infecciones respiratorias y tuberculosis. Enfermedades crónicas preexistentes y eventos tales como un parto pueden convertirse en amenazas para la vida si no se atienden. Las enfermedades de transmisión vectorial, como la malaria y el dengue, constituyen con frecuencia una amenaza importante durante semanas y meses después de este tipo de desastres, sobre todo cuando se descuidan las necesidades ambientales.
Los sistemas locales y nacionales han demostrado una notable capacidad de afrontamiento, asegurando que se llevaran a cabo las operaciones de rescate, las evaluaciones y las medidas vitales de socorro necesarias durante la primera semana. Antes de esta catástrofe, los sistemas de salud de los países afectados presentaban muchos puntos fuertes y estaban contribuyendo a los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Apoyados por instituciones fuertes, por la sociedad civil y por ONG, esos sistemas han participado activamente en las medidas y la coordinación sanitarias desde las primeras horas. Es lo adecuado que se pongan a la cabeza de las actividades de socorro y rehabilitación.
La acción sanitaria en la crisis
En los días que siguieron inmediatamente al maremoto, fueron los servicios de salud locales y nacionales los que asumieron el liderazgo de la respuesta a las dificultades de la población. En su respaldo se produjo una extraordinaria movilización de los propios habitantes, de grupos de la sociedad civil y de organizaciones no gubernamentales de las comunidades afectadas. Esos mismos grupos están tomando la iniciativa para reparar los daños sufridos por los sistemas de abastecimiento de agua, saneamiento y salud - son los héroes de estas horas difíciles - y serán quienes impulsen la rehabilitación. Las necesidades más acuciantes para proteger la vida de la gente son ahora mismo el suministro de alimentos inocuos y de agua potable, el saneamiento y la higiene, el cobijo para las personas desplazadas, y detalles básicos como jabón, utensilios para cocinar y protección frente a los vectores de enfermedades. Quienes proporcionan asistencia deben atenerse a las respuestas de los servicios de salud en su quehacer, esto es, deben reparar los daños conociendo bien las necesidades, la capacidad disponible y el apoyo potencial. Cuando ello ha sido posible, la OMS ha procurado orientar esa asistencia, ya fuera de los gobiernos, de actores privados, de ONG o de asociados de las Naciones Unidas.
La OMS se ha centrado en las cinco esferas siguientes:
- Vigilancia de las enfermedades: velar por que las autoridades nacionales sean capaces de garantizar una pronta alarma ante las amenazas sanitarias que surjan, de verificarlas y de poner en marcha rápidamente la respuesta adecuada. Se ha procedido a desplegar a equipos de expertos en los países a través de la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) de la OMS, actualizándose diariamente los datos epidemiológicos.
- Acceso a los servicios de atención de salud esenciales, mediante la evaluación de las necesidades y la respuesta consiguiente: reunir información a partir de las evaluaciones de los daños sufridos por la infraestructura de los servicios de salud, así como de las necesidades sanitarias de las poblaciones afectadas, analizando los resultados junto con los ministerios de salud lo antes posible y poniéndolos a disposición de todos cuantos intentan salvar vidas y contribuir a la recuperación.
- Salud pública esencial: la OMS proporciona orientación técnica a las autoridades nacionales, ONG y otros actores humanitarios acerca de las políticas sanitarias, en relación entre otras cosas con el manejo de los cadáveres, la respuesta a los brotes epidémicos, el mantenimiento de la calidad del agua, la eliminación de las excretas, el problema de las aguas residuales y los peligros químicos, el manejo de las enfermedades crónicas, los programas de vacunación y la protección de la salud mental.
- Fortalecimiento de los sistemas de suministro: garantizar el suministro de medicamentos, equipo, medios de transporte y otros bienes vitales, para que todos los necesitados puedan acceder a los servicios que requieran (reposición inmediata de los productos médicos perdidos, suministro de botiquines médicos de emergencia, vacunas indispensables); muchos de esos productos se pueden conseguir a nivel local, pero las donaciones externas, si se consigue adaptarlas cuidadosamente a las condiciones locales, pueden suponer una contribución decisiva. La OMS se ha centrado en capacitar a los grupos sanitarios que actúan a nivel nacional para que adquieran ellos mismos esos productos.
- Coordinación de la respuesta sanitaria internacional: las tareas de coordinación deben propiciar una respuesta eficaz del sector de la salud, un uso apropiado de los agentes de salud voluntarios, y la máxima implicación de las comunidades locales (en particular de las organizaciones de mujeres). La OMS ayuda a coordinar y gestionar la asistencia y a buscar las soluciones óptimas mediante reuniones de información de los donantes y apoyo técnico, incluidos sistemas de abastecimiento logístico corrientes empleados por el sistema de las Naciones Unidas y por las ONG.
Gran parte estas actividades se han llevado a cabo en colaboración con los ministerios de salud y con otros asociados clave de la respuesta humanitaria.
La acción sanitaria en la rehabilitación
La conservación de la salud de las poblaciones es fundamental para la urdimbre social y económica de las comunidades. De ahí que la adopción de medidas satisfactorias de protección de la salud sea un punto de partida fundamental para el desarrollo sostenible. No hay que olvidar nunca que la población pobre, así como las personas que sufren discapacidades y enfermedades crónicas, siguen siendo vulnerables aun después de iniciados los esfuerzos a largo plazo. Por ello, la respuesta de la OMS en la fase de rehabilitación se centrará en los siguientes aspectos:
- Planificación de los sistemas y los servicios de salud. Sobre la base de las evaluaciones de las necesidades sanitarias y de la capacidad de la infraestructura asistencial, la OMS ayudará a los gobiernos a planificar la rehabilitación de los servicios de salud. En muchas zonas los agentes de salud han fallecido o se han visto desplazados, de modo que también habrá que abordar urgentemente el problema de las necesidades de recursos humanos. La OMS proporciona apoyo técnico a los ministerios de salud para que los donantes e instituciones financieras interesadas ejecuten planes que reflejen las necesidades a largo plazo de toda la población, en consonancia con las metas nacionales (en particular con los ODM).
- Orientación normativa. La amplia experiencia sanitaria de la OMS, difundida bajo la orientación de sus Estados Miembros en el marco de las Naciones Unidas y de otros mecanismos de coordinación internacional, es utilizada por las comunidades afectadas para encauzar la asistencia sanitaria internacional global. Todos los organismos internacionales están aplicando las lecciones derivadas de crisis anteriores para apoyar la recuperación: un requisito crítico en estos momentos es que como parte de la rehabilitación se cree capacidad local para evaluar los riesgos de futuras catástrofes, prepararse para hacerles frente y responder a ellas. Ello incluye iniciativas destinadas a mitigar los daños producidos por los desastres en establecimientos de salud cruciales. Estas cuestiones serán abordadas en la próxima Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre Reducción de los Desastres, que se celebrará en Kobe.
Conclusión
Esta crisis constituye en sí misma una tragedia, pero además es un serio revés para los progresos sociales y económicos y las mejoras del desarrollo sanitario conseguidas en los últimos años en la región. La OMS está centrando sus actividades en las necesidades sanitarias de los supervivientes y la reconstrucción y rehabilitación de los sistemas de salud. Hay que abordar ya esos dos aspectos, y empezar a diseñar una estrategia a largo plazo orientada a reducir la vulnerabilidad a futuros desastres. Es imprescindible que el apoyo internacional sea suficiente, eficaz y sostenido. Y ese apoyo ha de estar dirigido por los países, centrado en los países y coordinado por los países.