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Los mayores exterminadores de los jóvenes

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Iniciativa: La Organización Mundial de la Salud



Actualmente, una crisis de proporciones mundiales provocada por las enfermedades infecciosas amenaza ganancias duramente obtenidas en la salud y la esperanza de vida. Las enfermedades infecciosas son ahora los mayores exterminadores de niños y de adultos jóvenes del mundo. Producen más de 13 millones de defunciones al año, una de cada dos defunciones en los países en desarrollo.

Sólo en la próxima hora, 1500 personas morirán de una enfermedad infecciosa, teniendo más de la mitad menos de cinco años de edad. Del resto, la mayoría serán adultos en edad laboral, siendo muchos de ellos el sostén de la familia y padres. Ambos son grupos plenos de vida cuya pérdida difícilmente pueden permitirse los países.

La mayor parte de las defunciones por enfermedades infecciosas se producen en los países en desarrollo, los países con menos dinero para gastar en atención de salud. En los países en desarrollo, la tercera parte aproximadamente de la población - 1300 millones de habitantes - viven con ingresos inferiores a $ 1 por día. Casi uno de cada tres niños está malnutrido. Uno de cada cinco no está totalmente inmunizado en su primer cumpleaños. Además, más de la tercera parte de la población mundial carece de acceso a los medicamentos esenciales. Frente a ese telón de fondo de pobreza y descuido no es sorprendente que se haya permitido ganar terreno a enfermedades infecciosas mortales. Actualmente, algunos de los países más pobres están pagando un elevado precio por la complacencia y el olvido del mundo.

Todo ello ha empeorado por el enorme aumento de los movimientos masivos de población en el último decenio. En 1996, hasta 50 millones de personas - 1% de la población mundial - ha sufrido el desarraigo de sus hogares. No sólo los refugiados y las personas desplazadas son especialmente vulnerables a las enfermedades infecciosas; su movimiento puede ayudar a difundir las enfermedades infecciosas a nuevas zonas.

Mientras tanto, el crecimiento de ciudades densamente pobladas, con agua insalubre, mal saneamiento y difundida pobreza, ha creado el terreno de cultivo perfecto para los brotes de enfermedades. En los barrios miserables de las ciudades es poco probable que los niños estén vacunados contra las enfermedades causantes de mortandad y que los padres sean capaces de pagar la atención de salud cuando caen enfermos. En esas circunstancias, enfermedades que estuvieron controladas en otros tiempos pueden rápidamente ganar pie y establecerse de nuevo.

Además, muchas enfermedades que antes se consideraban sin relación con las enfermedades infecciosas, en particular el cáncer, se sabe ahora que son el resultado de infecciones crónicas. El cáncer cervicouterino, por ejemplo, uno de los cánceres más corrientes en las mujeres del mundo en desarrollo, está asociado a la infección por el papilomavirus humano, según los conocimientos actuales. Mientras tanto, las hepatitis B y C infecciosas crónicas pueden producir el cáncer de hígado, estimándose que está expuesta más del 6% de la población mundial. Además, el cáncer de vejiga puede ser el resultado de la infección crónica por esquistosomiasis.

Sin embargo, las enfermedades infecciosas no son sólo un problema de los países en desarrollo. A no ser que quede controlada, la crisis amenaza también a los países industrializados. Antiguos azotes, como la tuberculosis y la difteria, han aparecido en forma de epidemias explosivas en Europa y otros países industrializados. El brote de poliomielitis que se produjo en 1996 en Albania, Grecia y la República Federal de Yugoslavia mostró con qué facilidad puede reintroducirse una enfermedad en países que estaban exentos de la misma si se permite que baje la cobertura de la inmunización. El rápido aumento de los viajes aéreos significa que las enfermedades pueden ahora ser transportadas de un continente a otro en cuestión de horas. Actualmente, ningún país está a salvo de la amenaza de las enfermedades infecciosas.

Esto sucede en un momento en que el arsenal de medicamentos disponibles para tratar las enfermedades infecciosas se está agotando progresivamente debido a la creciente resistencia de los microbios a los medicamentos antimicrobianos.

Teniendo en cuenta que la escala y la complejidad de la crisis de las enfermedades infecciosas son tan grandes y que las causas están tan estrechamente ligadas a la pobreza, existe la tendencia a cierto fatalismo respecto a la situación. Ahora bien, la situación está lejos de ser desesperada. Los esfuerzos destinados a prevenir y controlar esas enfermedades figuran entre los modos más factibles y asequibles de aliviar la pobreza e impulsar el desarrollo económico y social.

En el presente informe se considera que disponemos de oportunidades abiertas para efectuar avances teatrales frente a enfermedades antiguas y para establecer un sistema de advertencia precoz que nos proteja de enfermedades nuevas e inesperadas. Si fallamos, el aumento de la resistencia a los medicamentos y la aparición de nuevas bacterias y virus amenazan con hacer improbable el control de las enfermedades infecciosas desde los puntos de vista científico y económico.

© OMS
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