Centro de prensa

Cada muerte a causa del tabaco es una tragedia que se hubiera podido evitar. Es momento de poner fin a esta epidemia.

Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS

Comentario
7 de noviembre de 2016

El consumo de tabaco, que es la principal causa de defunción por enfermedades no transmisibles como las cardiopatías, las neumopatías y el cáncer, se lleva la vida de 6 millones de personas cada año. A partir del próximo lunes, los países se reunirán en Delhi (India) para celebrar la séptima reunión de la Conferencia de las Partes en el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, un tratado que ha originado una acción a escala mundial para detener esta epidemia.

Este tratado es uno de los que ha concitado más adhesiones en la historia de las Naciones Unidas. Uno de mis logros al frente de la Organización Mundial de la Salud del que me siento más orgullosa es haber recabado esfuerzos a escala mundial para reducir el consumo de tabaco. Me complace decir que, tras la adopción del acuerdo, varios gobiernos han adoptado medidas contundentes no solo para que disminuya el consumo de este producto, sino para enfrentarse a las multinacionales tabacaleras que ponen palos en las ruedas de los progresos obtenidos en todo el mundo.

Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud
Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud
OMS

La tendencia observada hasta ahora se está empezando a invertir. Tras décadas de expansión de las grandes tabacaleras en los países de ingresos medios y bajos y de años en que han obtenido incrementos ininterrumpidos de las ventas, se observan signos de que estas están descendiendo. Los países están aprobando leyes impensables hace pocos años para imponer más restricciones a estos productos y reducir así la demanda, y las empresas tabacaleras están perdiendo las batallas judiciales que libran contra estas medidas.

De Uruguay a Australia, varios países grandes y pequeños han desafiado a la industria tabacalera al introducir el empaquetado neutro y etiquetas de grandes dimensiones con advertencias sanitarias gráficas. Allí donde las empresas tabacaleras han tratado de amenazar e intimidar a los países, los gobiernos correspondientes han respondido con medidas firmes para proteger la salud pública.

Sin embargo, a pesar de estos signos evidentes de progreso, la industria tabacalera se ha reafirmado claramente en su intención de mantener un modelo de negocio que se basa en incitar a millones de nuevos usuarios (especialmente a los jóvenes) a consumir sus mortíferos productos.

El impulso en todo el mundo del movimiento antitabaco no debe decaer. Ahora más que nunca, los países deben actuar con decisión y aprovechar esta inercia para proteger a sus ciudadanos. Con medidas como el aumento de los impuestos sobre los productos de tabaco, la exigencia de etiquetas gráficas de advertencia, la puesta en marcha de campañas mediáticas contundentes y la prohibición de la mercadotecnia y la publicidad de estos productos, los países pueden mejorar la salud de sus ciudadanos, contener el gasto sanitario y evitar que una nueva generación de niños, engañada por la industria tabacalera, caiga en esta adicción.

El comercio ilícito de tabaco, al ofrecer productos baratos y no regulados, pone en peligro los progresos de la lucha contra el tabaquismo que han logrado los gobiernos. Me complace constatar que los países se están implicando cada vez más y se convierten en Partes en el nuevo tratado internacional para eliminar el comercio ilícito de estos productos.

«Invito encarecidamente a los dirigentes mundiales que se reunirán en la India a aprovechar esta ocasión para cambiar el rumbo de la historia de la salud pública».

Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS

Debemos trabajar codo a codo como aliados en pro de la salud pública para proteger a nuestras poblaciones de los peligros que entraña el tabaco. Una de las razones por las que nombré a Michael Bloomberg embajador mundial de la OMS para las enfermedades no transmisibles es su trayectoria de lucha contra el tabaquismo y el apoyo que, en este contexto, ha prestado durante más 10 años a países de ingresos bajos y medianos. Tanto él como las demás personas que abanderan esta causa respaldan a la OMS en su labor de apoyo a los gobiernos para combatir el tabaquismo.

Me siento también esperanzada por los progresos realizados en la adopción del empaquetado neutro (estandarizado), una medida introducida por el tratado y aplicada por primera vez en Australia, donde las tasas de tabaquismo han caído hasta mínimos históricos. Los primeros resultados de la experiencia australiana muestran que el empaquetado neutro, como parte de un enfoque integral de control del tabaco, reduce el atractivo de estos productos, refuerza la eficacia de las advertencias sanitarias y alerta a los consumidores para que no se lleven a engaño. Francia y el Reino Unido han empezado a aplicar leyes sobre el empaquetado neutro, y Nueva Zelanda y Hungría también han aprobado recientemente legislación a este respecto. Por su parte, muchos otros países están ultimando medidas similares.

Hemos logrado grandes progresos, pero queda mucho por hacer. El consumo de tabaco sigue siendo uno de los problemas más acuciantes para la salud pública mundial.

Invito encarecidamente a los dirigentes mundiales que se reunirán en la India a aprovechar esta ocasión para cambiar el rumbo de la historia de la salud pública y a comprometerse a regresar a sus países con ánimos renovados para aplicar plenamente el Convenio Marco de la OMS. Para que esta reunión dé los frutos esperados, es fundamental que los gobiernos reconozcan el conflicto inherente entre la salud pública y los intereses de la industria tabacalera, cuya representación en las delegaciones gubernamentales debería vetarse por completo.

Cada muerte a causa del tabaco es una tragedia que se hubiera podido evitar. Tenemos la responsabilidad de revertir esta tendencia y de conseguir que empiecen a disminuir de forma irreversible el número de fallecimientos por esta causa.

Debemos interpretar este momento de la historia de la epidemia como un punto de inflexión definitivo. Sabemos cuál es nuestra misión y también cómo cumplirla. Hemos de asegurarnos de que todos los países dan pasos adelante y de que ninguno se queda atrás. Las futuras generaciones dependen de que hagamos este esfuerzo.