Discurso de la Sra. Ministra de Sanidad y Consumo de España en su Calidad de Presidenta de la 58 Asamblea Mundial de la Salud
Señor Director General de la Organización Mundial de la Salud, Honorables Ministros, Excelencias, distinguidos Delegados e Invitados, Señoras y Señores,
Permítanme, en primer lugar, expresarles mi gratitud a todos ustedes por haberme elegido presidenta de la quincuagésimo-octava Asamblea Mundial de la Salud. Es un honor para mí, para España, mi país - que nunca antes había presidido esta magna asamblea - y para la región europea de la OMS.
Quiero felicitar, en primer término, al Dr. Muhammad Nasir Khan, Ministro de Salud de Pakistán, por su excelente presidencia de la quincuagésimo-séptima Asamblea.
Hace ahora seis años desde que otra mujer, la Dra. M. de Belem Roseira, Ministra de Salud de Portugal, presidió la Asamblea Mundial de la Salud. En las 57 ocasiones precedentes tan solo cuatro mujeres han sido elegidas para ocupar este puesto.
Permítanme que como mujer, como madre, y como ministra del primer gobierno paritario de la historia de mi país, destaque este hecho. En particular al iniciarse una Asamblea que se reúne bajo un lema que tiene mucho que ver con las mujeres, el lema: “¡Cada madre y cada niño cuentan!”
La salud de las mujeres significa más de la mitad de la salud del mundo. Ellas representan algo más de la mitad de la población mundial. En la mayor parte de los países constituyen la mayor parte de la fuerza de trabajo del sector de la salud. Y en casi todas partes, incluidos los países desarrollados, las madres, las esposas y las hijas prestan cuidados de salud en el seno de las familias que, en el mejor de los casos, complementan - cuando no sustituyen - las carencias de los sistemas formales de salud.
En muchos países, entre ellos el mío, las mujeres viven, en promedio, más años que los hombres, pero se quejan de vivirlos con peor salud. Hasta hace poco los parámetros de normalidad fisiológica se referían sólo a lo que es normal en los varones. Y todavía hoy muchas situaciones de salud que son frecuentes en las mujeres reciben poca o ninguna atención.
No se trata de “medicalizar” más allá de lo razonable las que pueden considerarse situaciones fisiológicas normales de la vida de las mujeres. Se trata de prestar adecuada atención a problemas de salud que son más frecuentes en las mujeres, de estudiar más y mejor las situaciones de salud por las que las mujeres atraviesan; cuadros de malestar que, siendo todavía mal conocidos, se etiquetan a menudo como “difusos” o “funcionales”.
Empecemos por lo más evidente: todos los años se producen 529.000 defunciones maternas en el mundo. Al mismo tiempo que 3,3 millones de niños nacen muertos, más de 4 millones fallecen dentro de los primeros 28 días de vida y 10,6 millones mueren antes de cumplir los cinco años.
Es decir, vivimos en un mundo donde cada minuto una mujer pierde la vida por complicaciones del embarazo y el parto, en su gran mayoría evitables. La prueba de ello es que, mientras en amplias zonas desfavorecidas del mundo una mujer de cada 16 muere por esta causa, en las más desarrolladas sólo fallece una de cada 2.800. Se estima que hasta 100.000 muertes maternas podrían evitarse cada año si aquellas mujeres que no desean tener un hijo dispusieran de métodos contraceptivos eficaces.
Vivimos en un mundo donde el acceso de las mujeres a cuidados profesionales durante el embarazo ha aumentado un 20% durante la última década, pero donde todavía hay muchos países en que estos cuidados alcanzan solamente al 35% de las mujeres que los necesitan.
Donde se mutila genitalmente a miles de niñas, se las obliga casarse con hombres que no quieren, y sufren violencia y a veces la muerte si se niegan. Donde muchas mujeres sufren maltrato y explotación sexual, y también coacción y violencia en el hogar.
Un mundo donde la mortalidad de los niños menores de cinco años es dieciséis veces superior en unas zonas que en otras.
Donde la gran mayoría de las causas más frecuentes de enfermedad y muerte son evitables, y se sabe cómo evitarlas. En la mayor parte del mundo, estas causas tienen relación estrecha con el subdesarrollo, y sus secuelas de desigualdad, pobreza e ignorancia.
Un mundo donde la brecha entre los que tienen y los que no tienen - también en el terreno de la salud - no disminuye y, en ocasiones, tiende a agrandarse.
Nos hallamos ante una profunda brecha entre los países de renta alta y los de renta baja. Y, también, ante manifiestas desigualdades en salud en el interior de los países, sean éstos ricos o pobres.
El gran reto del nuevo siglo es evitar que esta brecha se siga ampliando. Antes bien, deberíamos reducirla. Las políticas de salud, de atención en salud y de investigación en salud deberían tener en cuanta esta realidad. La solidaridad en salud no debe ser retórica sino práctica.
Para hacer llegar a todas las mujeres embarazadas y a los niños un conjunto básico de intervenciones de salud en los 75 países donde se concentra la mayor parte de la mortalidad materna e infantil se necesitan 52.400 millones de USD adicionales a lo largo de los próximos diez años. Es decir, 5.200 millones de USD anuales.
Ese dinero no es un gasto, es una inversión. Probablemente, la mejor inversión. Como también lo es el invertir en agua potable, en vacunas, en mejorar la nutrición del lactante y del niño pequeño. En preparar la respuesta a una eventual pandemia de gripe y combatir la resistencia a los antimicrobianos. En prevenir y controlar la tuberculosis, el paludismo y el cáncer. En frenar el consumo de alcohol. En fortalecer la capacidad de respuesta frente a los desastres y desarrollar los sistemas de seguro social de enfermedad. En fomentar las estrategias de envejecimiento activo o la investigación en salud.
Todos estos temas, y algunos otros, están en la agenda de esta Asamblea. También lo está el seguimiento de la aplicación de resoluciones de anteriores Asambleas, algunas de ellas de gran relevancia.
Permítanme, sin embargo, referirme brevemente ahora a tres asuntos incluidos en el orden del día de esta 58 Asamblea y que, sin duda, atraerán nuestra atención a lo largo de las próximas jornadas.
El primero se refiere a la consecución de los Objetivos del Milenio relacionados con la salud.
La Declaración del Milenio fue firmada solemnemente por 189 Jefes de Estado y de Gobierno en la sede de las Naciones Unidas, en septiembre del año 2000.
La Declaración representa un consenso sin precedentes, y una oportunidad única, para impulsar una visión global del desarrollo basada en valores de libertad, equidad, solidaridad, tolerancia, respeto por la naturaleza y responsabilidad compartida.
Ante esta Asamblea se presenta una primera evaluación del grado de logro de los objetivos de salud incluidos en la Declaración. De nuestras discusiones sobre ella deberemos extraer conclusiones que nos permitan lograr las metas de salud propuestas para el año 2015. O antes, si es posible.
Hay mucha gente pendiente de esta evaluación y de este esfuerzo. No deberíamos defraudarles.
El segundo asunto que me gustaría destacar es el proyecto de Reglamento Sanitario Internacional.
Se trata de un tema de la mayor importancia. El proyecto de Reglamento que se nos ha distribuido lleva dos años discutiéndose y está llamado a sustituir al Reglamento Sanitario Internacional, aprobado en 1969, y que aún sigue vigente.
Mucho ha cambiado el mundo desde 1969. Como también han cambiado los retos de la salud pública, tanto en el plano nacional como en el internacional. Parece, por tanto, necesario dotarse de un instrumento adaptado a las circunstancias presentes. Un instrumento eficaz, que sea de todos, y que nos proporcione a todos, ciudadanos y Estados, seguridad y confianza.
El proyecto de Reglamento Sanitario Internacional que se somete a discusión probablemente representa el mas completo compromiso que hoy es posible sobre este tema. En España tenemos un refrán que dice: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”. De nosotros depende que este Proyecto de Reglamento Sanitario adquiera la condición que le falta para ser eficaz. Y es que sea adoptado, y se pueda aplicar, cuanto antes.
Este es otro asunto sobre el que existe una lógica expectación que tampoco convendría defraudar.
El tercero de los asuntos a los que deseo referirme es el proyecto de Presupuesto de la Organización.
En los últimos años los temas de salud han ido adquiriendo cada vez más relevancia, sobre todo desde que la salud se ha reconocido como un derecho humano básico, y la protección y el fomento de la salud se consideran un componente esencial del desarrollo humano.
Acontecimientos recientes que están en la mente de todos, como los terremotos y maremotos ocurridos en Asia Meridional el pasado diciembre, han puesto aún más de relieve si cabe, la necesidad de que existan mecanismos internacionales de respuesta rápida ante situaciones extremas causadas por la naturaleza o por el hombre. Estos mecanismos han de incluir, necesariamente, un importante componente sanitario.
La Organización Mundial de la Salud es la agencia especializada de las Naciones Unidas en temas de salud. A lo largo de sus casi sesenta años de historia, la Organización ha atendido múltiples demandas y afrontado una gran variedad de retos. Lo ha hecho, y lo sigue haciendo, con los medios que los Estados Miembros y otros contribuyentes voluntarios ponen a su disposición. Y en el caso del tsunami su actuación ha sido ejemplar y eficiente.
La OMS es una organización que hace de la transparencia, la rendición de cuentas, y el establecimiento de alianzas, sus normas básicas de actuación. Podríamos decir que es una organización que puso en práctica los principios del “buen gobierno corporativo” antes incluso de que la noción, como tal, fuera acuñada.
El equipo dirigido por el Dr. Lee ha continuado y fortalecido ese estilo de gobierno en la Organización.
Sin embargo, durante los últimos 12 años, la OMS ha visto cómo su presupuesto ordinario se elaboraba siguiendo el estricto criterio de “crecimiento nominal cero” Lo que, bienio a bienio, se traducía en una reducción real del presupuesto.
Sin desconocer las razones que condujeron a la aplicación de aquella política, no cabe duda de que, de mantenerse indefinidamente, “el crecimiento nominal cero” podía acabar comprometiendo tanto la independencia como la propia capacidad de obrar de la Organización.
Ante esta Asamblea se presenta un proyecto de presupuesto para el bienio 2006 -2007 que, por vez primera desde el bienio 1994 -1995, modifica esta situación.
Espero que nuestros debates sobre este tema sean fructíferos y que envíen a la comunidad internacional una clara señal de que la salud importa. Y que, en consecuencia, se debe poder contar con los recursos necesarios para mejorar los instrumentos encargados de protegerla y fomentarla.
La OMS es uno de los instrumentos más valiosos con que contamos.
Esta Asamblea es un foro donde se expresa la gran diversidad de nuestro mundo. Y, también, los logros, los anhelos y las preocupaciones de quienes lo habitamos.
Hoy, más que nunca, nuestro mundo es un solo mundo. Y si hay un ámbito donde esta afirmación resulta evidente es el de la salud.
El mundo necesita más que nunca puentes que unan. Grandes alianzas a favor de la vida, de la convivencia entre civilizaciones y culturas. Foros donde el debate sea franco y constructivo. Soluciones compartidas.
Esta Asamblea es uno de esos foros. Durante el año transcurrido desde el final de la 57 Asamblea, el Director General y todo su equipo han estado trabajando para que la 58 Asamblea sea un éxito.
Ese esfuerzo va a facilitar sin duda alguna el trabajo de la Asamblea que, con el concurso de los intérpretes y el resto del personal de apoyo, nos van a permitir una Asamblea fructífera, por lo que quiero darles las gracias anticipadamente.
Estoy segura de que los debates que tendremos durante los próximos días, así como las resoluciones que adoptaremos, nos permitirán avanzar en la dirección de conseguir una mejor salud para todos.
Al hacerlo, estaremos contribuyendo a construir un mundo más sano, más justo y más vivible.
Muchas gracias.