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Esquistosomiasis

Nota descriptiva N°115
Actualización de enero de 2012


Datos y cifras

  • La esquistosomiasis es una enfermedad parasitaria crónica causada por gusanos.
  • Más de 230 millones de personas necesitan tratamiento contra la esquistosomiasis cada año.
  • El número de personas tratadas contra la esquistosomiasis aumentó de 12,4 millones en 2006 a 33,5 millones en 2010.
  • Corren el riesgo de contraer la infección las personas que realizan actividades agrícolas, domésticas o recreativas que las exponen a aguas infestadas.
  • La falta de higiene y las actividades lúdicas hacen que los niños sean especialmente vulnerables a la infección.
  • El agua potable y un saneamiento adecuado reducen el contacto con las aguas infestadas y la contaminación de las fuentes de agua.
  • El control de la esquistosomiasis se centra en reducir los casos de la enfermedad mediante el tratamiento periódico y focalizado con prazicuantel.

La esquistosomiasis es una enfermedad parasitaria crónica causada por duelas sanguíneas (trematodos) del género Schistosoma. Al menos 230 millones de personas necesitan tratamiento cada año. Hay constancia de la transmisión de esta enfermedad en 77 países, pero el mayor riesgo de infección se concentra en 52 países.

Transmisión

Las personas se infectan cuando las formas larvarias del parásito, liberadas por caracoles de agua dulce, penetran en la piel durante el contacto con aguas infestadas.

En el interior del organismo, las larvas se convierten en esquistosomas adultos, que viven en los vasos sanguíneos, donde las hembras ponen sus huevos. Algunos de esos huevos salen del organismo con las heces o la orina y continúan el ciclo vital del parásito. Otros quedan atrapados en los tejidos corporales, donde causan una reacción inmunitaria y un daño progresivo de los órganos.

Epidemiología

La esquistosomiasis es prevalente en las regiones tropicales y subtropicales, especialmente en las comunidades pobre sin acceso a agua de bebida salubre ni a saneamiento adecuado. Se estima que al menos un 90% de las personas que necesitan tratamiento contra la esquistosomiasis viven en África.

Hay dos formas principales de esquistosomiasis (intestinal y urogenital), causadas por las cinco grandes especies de duelas sanguíneas (véase la tabla).

Tabla: Especies de parásitos y distribución geográfica de la esquistosomiasis

Especies Distribución geográfica
Esquistosomiasis intestinal Schistosoma mansoni África, Oriente Medio, Caribe, Brasil, Suriname, Venezuela
Schistosoma japonicum China, Filipinas, Indonesia
Schistosoma mekongi Varios distritos de Cambodia y la República Democrática Popular Lao
Schistosoma intercalatum y su congénere S. guineansis Zonas de pluvisilva de África central
Esquistosomiasis urogenital Schistosoma haematobium África, Oriente Medio

La esquistosomiasis afecta especialmente a las poblaciones agrícolas y piscatorias. También están en riesgo las mujeres que realizan sus tareas domésticas, como el lavado de la ropa, en aguas infestadas. La falta de higiene y las actividades lúdicas hacen que los niños sean especialmente vulnerables a la infección.

En el nordeste del Brasil y en África, los movimientos de refugiados y la migración hacia las ciudades están introduciendo la enfermedad en nuevas zonas. El aumento de la población y las correspondientes necesidades de energía y agua generan a menudo planes de desarrollo y modificaciones ambientales que también contribuyen a aumentar la transmisión.

El aumento del ecoturismo y los viajes fuera de las rutas más trilladas están haciendo que aumente el número de turistas con esquistosomiasis. A veces los turistas presentan infecciones agudas graves y problemas poco habituales, como la parálisis.

La esquistosomiasis urogenital también se considera un factor de riesgo de infección por VIH, sobre todo en la mujer.

Síntomas

Los síntomas de la esquistosomiasis son causados por la reacción del organismo a los huevos del gusano, y no por el gusano en sí mismo.

La esquistosomiasis intestinal puede producir dolor abdominal, diarrea y sangre en las heces. En los casos avanzados es frecuente la hepatomegalia (aumento de tamaño del hígado), que se asocia frecuentemente a ascitis (acumulación de líquido en la cavidad peritoneal) e hipertensión portal (hipertensión en los vasos sanguíneos abdominales). En esos casos también puede haber esplenomegalia (aumento de tamaño del bazo).

El signo clásico de la esquistosomiasis urogenital es la hematuria (sangre en la orina). En los casos avanzados son frecuentes la fibrosis de la vejiga y los uréteres, así como las lesiones renales. El cáncer de la vejiga es otra posible complicación tardía. Las mujeres con esquistosomiasis urogenital pueden presentar lesiones genitales, hemorragias vaginales, dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) y nódulos vulvares. En el hombre puede ocasionar trastornos de la vesícula seminal, la próstata y otros órganos. La enfermedad también pueden tener otras consecuencias tardías irreversibles, tales como la infertilidad.

La esquistosomiasis tiene efectos económicos y sanitarios considerables. En los niños puede causar anemia, retraso de crecimiento y problemas de aprendizaje, aunque los efectos suelen ser reversibles con el tratamiento. La esquistosomiasis crónica puede afectar a la capacidad de trabajo y en algunos casos puede ser mortal. En el África subsahariana hay más de 200 000 muertes al año por esquistosomiasis.

Diagnóstico

La esquistosomiasis se diagnostica mediante la detección de huevos del parásito en muestras de heces u orina.

Para la esquistosomiasis urogenital, la técnica habitual consiste en pasar la orina por filtros de nailon, papel o policarbonato. Los niños infestados por S. haematobium tienen casi siempre microhematuria, que se puede detectar con tiras reactivas. Para identificar las comunidades con alto riesgo de infección, y por consiguiente las zonas de intervención prioritarias, puede ser útil preguntar a los niños si tienen antecedentes de hematuria.

En la esquistosomiasis intestinal los huevos pueden detectarse al microscopio en muestras de heces colocadas entre dos portaobjetos de cristal o entre un portaobjetos y papel de celofán empapado en glicerina con azul de metileno.

Las técnicas serológicas e inmunológicas pueden ser útiles para detectar la infección en personas residentes en zonas no endémicas o de baja transmisión.

Prevención y control

La prevención y el control de la esquistosomiasis se basan en la quimioprofilaxis, el control de los caracoles, la mejora del saneamiento y la educación sanitaria.

La estrategia de la OMS para controlar la esquistosomiasis se centra en la reducción de los casos de enfermedad mediante el tratamiento periódico y focalizado con prazicuantel Esto requiere un tratamiento periódico de todas las personas pertenecientes a grupos de riesgo. El tratamiento debe complementarse con educación sanitaria y con el acceso a agua salubre y un buen saneamiento.

Los grupos destinatarios del tratamiento son:

  • los niños en edad escolar de las zonas endémicas;
  • los adultos que se consideren en riesgo en las zonas endémicas, como las mujeres embarazadas y lactantes, las personas cuyos trabajos impliquen contacto con aguas infestadas, como la pesca, las labores agrícolas o la irrigación, y las mujeres cuyas tareas domésticas las ponen en contacto con aguas infestadas;
  • las comunidades enteras residentes en zonas endémicas.

La frecuencia del tratamiento depende de la prevalencia de la infección o de la hematuria visible (en el caso de la esquistosomiasis urogenital) en niños en edad escolar. En zonas con mucha transmisión, el tratamiento puede tener que repetirse anualmente durante varios años.

El objetivo es reducir la frecuencia de la enfermedad: el tratamiento periódico de las poblaciones en riesgo curará los síntomas leves y evitará que las personas infectadas sufran enfermedad crónica grave en sus fases tardías. Sin embargo, una de las grandes limitaciones del control de la esquistosomiasis es el acceso al prazicuantel. Los datos existentes revelan que el tratamiento solo llega a menos del 10% de las personas que lo necesitan.

El prazicuantel es el único tratamiento disponible contra todas las formas de esquistosomiasis. Es eficaz, seguro y de bajo costo. Aunque puede haber reinfección tras el tratamiento, el riesgo de padecer enfermedad grave disminuye, e incluso se revierte cuando el tratamiento se inicia en la infancia.

El prazicuantel se ha utilizado con éxito durante los últimos 20 años para controlar la esquistosomiasis en Arabia Saudita, el Brasil, Camboya, China, Egipto y Marruecos. Posteriormente, algunos países han conseguido interrumpir la transmisión de la esquistosomiasis.

Respuesta de la OMS

La labor de la OMS en relación con la esquistosomiasis forma parte de una estrategia integrada de control de las enfermedades tropicales desatendidas. Aunque son muy diversas desde el punto de vista médico, estas enfermedades tienen características comunes que hacen que persistan en condiciones de pobreza, en las que se suelen agregar y solapar.

La OMS coordina la estrategia de quimioprofilaxis en consulta con los centros colaboradores y los asociados de las instituciones académicas y de investigación, del sector privado, de las organizaciones no gubernamentales, de los organismos internacionales y de otras organizaciones de las Naciones Unidas. La OMS también elabora directrices técnicas e instrumentos para uso de los programas nacionales de control.

En colaboración con diversos asociados y con el sector privado, la OMS ha preconizado un mayor acceso al prazicuantel y a los recursos necesarios para aplicar la medida. Gracias a esos esfuerzos, al menos 28 países implantaron medidas de quimioterapia preventiva contra la esquistosomiasis en 2010. El número de personas tratadas contra esta enfermedad aumentó de 12,4 millones en 2006 a 33,5 millones en 2010.

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