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Equinococosis

Nota descriptiva
Marzo de 2017


Datos y cifras

  • La equinococosis humana es una enfermedad parasitaria provocada por cestodos del género Echinococcus.
  • Las dos formas más importantes de la enfermedad en el ser humano son la equinococosis quística (hidatidosis) y la equinococosis alveolar.
  • El ser humano se infecta por la ingestión de huevos de parásitos presentes en alimentos, agua o suelo contaminados, o por contacto directo con animales huéspedes.
  • El tratamiento de la equinococosis a menudo resulta caro y complicado, y puede que requiera cirugía y/o tratamiento farmacológico prolongado.
  • Los programas de prevención se centran en el tratamiento vermífugo de perros y ovejas, que son los huéspedes definitivos. En el caso de la equinococosis quística, las medidas de control también incluyen la mejora de la inspección de los alimentos, la higiene de los mataderos y las campañas de educación de la población. En la actualidad se está evaluando la vacunación del ganado ovino como intervención adicional.
  • En cualquier momento dado, hay más de 1 millón de personas afectadas por equinococosis.
  • La OMS está trabajando para validar estrategias eficaces de control de la equinococosis quística para 2020.

La equinococosis humana es una enfermedad zoonótica (enfermedad transmitida al ser humano por los animales) provocada por parásitos, a saber, los cestodos del género Echinococcus. La equinococosis se presenta en cuatro formas:

  • equinococosis quística, también conocida como hidatidosis, provocada por la infección por Echinococcus granulosus;
  • equinococosis alveolar, provocada por la infección por E. multilocularis;
  • equinococosis poliquística, provocada por la infección por E. vogeli;
  • equinococosis uniquística, provocada por la infección por E. oligarthrus.

Las dos formas más importantes, que tienen trascendencia médica y de salud pública para el ser humano, son la equinococosis quística y la equinococosis alveolar.

Transmisión

Varios animales herbívoros y omnívoros son huéspedes intermediarios de Echinococcus. Se infectan al ingerir huevos del parásito presentes en alimentos y aguas contaminadas, y después el parásito evoluciona hacia las fases larvarias en las vísceras.

Los carnívoros actúan como huéspedes finales del parásito, y albergan las tenias maduras en sus intestinos. Se infectan mediante el consumo de vísceras de huéspedes intermediarios que contienen el parásito.

Los humanos actúan como huéspedes intermediarios accidentales, así llamados porque adquieren la enfermedad del mismo modo que otros huéspedes intermediarios, aunque no participan en su transmisión a los huéspedes definitivos.

Hay varios genotipos distintos de E. granulosus, algunos con diferentes preferencias por huéspedes intermedios. Algunos genotipos se consideran especies distintas de E. granulosus. No todos los genotipos causan infección en el ser humano. El genotipo causante de la gran mayoría de los casos humanos de equinococosis quística se mantiene principalmente en un ciclo perro-oveja-perro, aunque también pueden verse implicados otros animales domésticos, como la cabra, el cerdo, la vaca, el camello o el yak.

La equinococosis alveolar se registra generalmente en un ciclo de vida silvestre entre zorros y otros carnívoros y pequeños mamíferos (principalmente roedores). También se pueden infectar los perros y gatos domésticos.

Signos y síntomas

Equinococosis quística o hidatidosis

La infección humana por E. granulosus conduce al desarrollo de uno o más quistes hidatídicos localizados con mayor frecuencia en el hígado y los pulmones, y con menor frecuencia en los huesos, riñones, bazo, músculos, sistema nervioso central y ojos.

El período asintomático de incubación de la enfermedad puede durar muchos años hasta que los quistes hidatídicos crecen hasta un punto que desencadenan signos clínicos. Sin embargo, aproximadamente la mitad de los pacientes que reciben tratamiento médico para la infección lo reciben pocos años después de ser infectados.

Con frecuencia se observan dolor abdominal, náuseas y vómitos cuando las hidátides se localizan en el hígado. Cuando afecta a los pulmones, los signos clínicos que aparecen son tos crónica, dolor torácico y disnea. Otros signos dependen de la localización de los quistes hidatídicos y la presión que ejercen sobre los tejidos circundantes. Entre los signos no específicos figuran anorexia, pérdida de peso y debilidad.

Equinococosis alveolar

La equinococosis alveolar se caracteriza por un período de incubación asintomático de 5 a 15 años y el lento desarrollo de una lesión primaria de carácter tumoral que normalmente se encuentra en el hígado. Los signos clínicos consisten en pérdida de peso, dolor abdominal, malestar general y signos de insuficiencia hepática.

Las metástasis larvarias pueden propagarse tanto a los órganos adyacentes al hígado (por ejemplo, el bazo) como a lugares distantes (como los pulmones o el cerebro) mediante la diseminación del parásito a través de la sangre y el sistema linfático. Si no se trata, la equinococosis alveolar es progresiva y mortal.

Distribución

La equinococosis quística está distribuida por todo el mundo y se encuentra en todos los continentes, excepto la Antártida. La equinococosis alveolar está confinada al hemisferio norte, en particular, a algunas zonas de China, de la Federación de Rusia y de los países de Europa continental y América del Norte.

En las regiones endémicas, las tasas de incidencia de la equinococosis quística en el ser humano pueden ascender a más de 50 por 100 000 personas-año, y la prevalencia puede alcanzar el 5-10% en algunas zonas de la Argentina, el Perú, África Oriental, Asia Central y China. En los animales de cría, la prevalencia de equinococosis quística que se observa en los mataderos de zonas hiperendémicas de América del Sur varía del 20% al 95% de los animales sacrificados.

Las prevalencias más altas se encuentran en las zonas rurales, donde se sacrifican animales más viejos. En función de las especies infectadas de que se trate, las pérdidas de producción ganadera atribuibles a la equinococosis quística se derivan de la declaración del hígado como no apto para el consumo y también pueden entrañar la reducción del peso en canal, la disminución del valor de la piel, la disminución de la producción de leche y la reducción de la fertilidad.

Diagnóstico

La ecografía es la técnica de elección para el diagnóstico de la equinococosis quística y la equinococosis alveolar en humanos. Generalmente se complementa o valida mediante tomografía computadorizada y/o resonancia magnética.

Los quistes pueden descubrirse casualmente mediante radiografía. Hay diferentes pruebas serológicas que detectan anticuerpos específicos y pueden apoyar el diagnóstico. También pueden llevarse a cabo biopsias y punciones guiadas por ecografía para el diagnóstico diferencial de los quistes respecto de tumores y abscesos.

Tratamiento

El tratamiento tanto de la equinococosis quística como de la equinococosis alveolar suele ser caro y complicado, y a veces requiere cirugía importante y/o tratamiento farmacológico prolongado.

Existen cuatro opciones para el tratamiento de la equinococosis quística:

  • tratamiento percutáneo de los quistes hidatídicos con la técnica PAIR (punción, aspiración, inyección, reaspiración);
  • cirugía;
  • tratamiento con medicamentos antiinfecciosos; y
  • "conducta expectante".

La elección debe basarse principalmente en las imágenes ecográficas del quiste, dependiendo de la fase específica en que se encuentre, así como de la infraestructura médica y los recursos humanos disponibles.

En la equinococosis alveolar, los elementos clave siguen siendo el diagnóstico precoz y la cirugía radical (similar a la de los tumores), seguida de profilaxis antiinfecciosa con albendazol. Si la lesión está confinada, la cirugía radical puede ser curativa. Desafortunadamente, en muchos pacientes la enfermedad se diagnostica en estadios avanzados, y entonces la cirugía paliativa sin tratamiento antiinfeccioso completo y eficaz se sigue de frecuentes recidivas.

Además de la evaluación de las opciones terapéuticas, sigue siendo necesaria la detección precoz de las infecciones por E. granulosus y E. multilocularis, sobre todo en entornos con escasos recursos. Se está realizando un ensayo en ovejas para evaluar mejor y determinar las posibilidades de comercialización de una vacuna con antígeno recombinante de la oncosfera (EG95) que permita evitar la infección de los corderos por E. granulosus. Esto podría complementar otras medidas de control, como el tratamiento de los perros y el sacrificio de las ovejas más viejas.

Carga de morbilidad y carga económica

Tanto la equinococosis quística como la equinococosis alveolar suponen una carga de morbilidad importante. A nivel mundial, puede haber más de un millón de personas que padecen estas enfermedades en un momento dado. Muchas de estas personas sufrirán síndromes clínicos graves que pueden producir la muerte si no se tratan. Incluso con tratamiento, a menudo sufren una merma de la calidad de vida.

En la equinococosis quística, la mortalidad posoperatoria media es del 2,2%, y aproximadamente un 6,5% de los casos recidivan tras una intervención, lo que conlleva prolongados periodos de recuperación.

El Grupo de Referencia sobre Epidemiología de la Carga de Morbilidad de Transmisión Alimentaria de 2015 estimó que la equinococosis causa cada año 19 300 muertes y la pérdida de 871 000 años de vida ajustados en función de la discapacidad1.

Los costos anuales asociados al tratamiento de los casos de equinococosis quística y las pérdidas que genera a la industria ganadera se estiman en US$ 3000 millones.

Vigilancia, prevención y control

Los datos de vigilancia fiables son fundamentales para determinar la carga de la enfermedad y evaluar los progresos y los éxitos de los programas de control. Sin embargo, como ocurre con otras enfermedades desatendidas que afectan principalmente a poblaciones desfavorecidas y a zonas remotas, los datos son particularmente escasos y habrá que prestar más atención a esta cuestión si se quieren poner en práctica programas de control y medir sus efectos.

Equinococosis quística o hidatidosis

La vigilancia de la equinococosis quística en animales es difícil, por cuanto la infección es asintomática en el ganado y los perros. Por consiguiente, las comunidades y los servicios veterinarios locales no reconocen ni dan prioridad a la vigilancia.

La equinococosis quística es una enfermedad prevenible, ya que los huéspedes definitivos e intermediarios son animales domésticos. El tratamiento vermífugo periódico de los perros, la mejora de la higiene en los mataderos (en particular la destrucción adecuada de los despojos infectados) y las campañas de educación pública reducen la transmisión (en los países de ingresos elevados la previenen) y alivian la carga de morbilidad humana.

La vacunación del ganado ovino con un antígeno recombinante de E. granulosus (EG95) ofrece perspectivas alentadoras de prevención y control. Los ensayos de vacunación a pequeña escala del ganado ovino con EG95 indican una eficacia y seguridad elevadas, ya que los animales vacunados no se infectan con E. granulosus.

Un programa que combine la vacunación del ganado ovino, el tratamiento vermífugo de los perros y el sacrificio selectivo de las ovejas más viejas podría llevar a la eliminación de la hidatidosis humana en menos de 10 años.

Equinococosis alveolar

La prevención y control de la equinococosis alveolar es más compleja, ya que en el ciclo intervienen animales salvajes como huéspedes intermediarios y definitivos. El tratamiento vermífugo periódico de los carnívoros domésticos que tienen acceso a roedores silvestres debería ayudar a reducir el riesgo de infección humana.

En estudios realizados en Europa y Japón, la desparasitación de los huéspedes definitivos salvajes y callejeros con cebos antihelmínticos ha producido reducciones significativas de la equinococosis alveolar. El sacrificio de los zorros y los perros callejeros sin dueño parece ser muy ineficiente. La sostenibilidad y la rentabilidad de esas campañas son controvertidas.

Respuesta de la OMS y los países

La OMS está ayudando a los países a elaborar y ejecutar proyectos piloto que permitan validar estrategias eficaces de control de la equinococosis quística para 2020. Asimismo, está colaborando con las autoridades veterinarias y las autoridades responsables de la inocuidad de los alimentos, así como con otros sectores, para lograr a largo plazo una reducción de la carga de la enfermedad y la salvaguardia del valor de los alimentos.

La OMS apoya la creación de capacidades mediante cursos de formación destinados al personal médico y paramédico sobre la atención clínica a la equinococosis quística en zonas rurales de los países afectados.

El Grupo de Trabajo Oficioso de la OMS sobre la Equinococosis sigue identificando las prioridades para formular orientaciones destinadas a mejorar la detección y a la gestión clínica de la equinococosis quística. El grupo está trabajando también en el fomento de la recopilación y cartografía de datos epidemiológicos.

Marruecos ha finalizado un proyecto destinado a descentralizar las técnicas diagnósticas y terapéuticas y a promover la estrategia PAIR (punción, aspiración, inyección, reaspiración) en las zonas rurales e hiperendémicas. De forma complementaria, hay que hacer hincapié en la prevención en los sectores animal y de la inocuidad de los alimentos.

Mongolia ha reconocido la importancia de la equinococosis como problema de salud pública y, a petición del Ministerio de Salud, la OMS realizó en 2013 un análisis inicial de la situación que se centró en la aplicación del diagnóstico precoz y la creación de un sistema de vigilancia básico de los humanos y los animales para conocer la carga real de la enfermedad. Los progresos programáticos se han estancado porque no se han hecho inversiones importantes en la equinococosis.

China está integrando la prevención, el control y el tratamiento de la equinococosis en sus planes económicos y de desarrollo para llamar la atención sobre la magnitud del problema en el país, en especial en el altiplano tibetano así como en las repúblicas de Asia Central.


1 Un AVAD (año de vida ajustado en función de la discapacidad) puede considerarse como un año de vida "saludable" perdido. La suma de estos AVAD en toda la población, o la carga de morbilidad, puede considerarse como una medida de la diferencia entre el estado de salud actual y una situación ideal de la salud en la que toda la población vive hasta una edad avanzada, sin estar enferma ni discapacitada.