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La OMS descubre una estatua conmemorativa del 30.º aniversario de la erradicación de la viruela

Nota para los medios de información

La Dra. Margaret Chan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud, descubrirá hoy una estatua conmemorativa del 30.º aniversario de la erradicación de la viruela frente a la sede de la OMS.

Antes de la erradicación, las epidemias de viruela eran comunes en muchos países, y dejaban tras de sí muerte, ceguera y desfiguración. La erradicación de esa enfermedad infecciosa devastadora se ha considerado uno de los mayores logros de salud pública.

«La erradicación de la viruela demuestra que con una determinación mutua firme, espíritu de equipo y de solidaridad internacional, se pueden alcanzar ambiciosos objetivos de salud pública», dice la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS.

Esta estatua nos recuerda la importancia de ese logro y testimonia el poder de la cooperación internacional en materia de salud para conseguir beneficios enormes y duraderos.

La pieza moldeada en bronce y piedra muestra cuatro personas, una de ellas una niña a punto de ser vacunada en el brazo. La estatua rinde homenaje a aquellos que participaron en las campañas de erradicación, incluidos gobiernos, trabajadores sanitarios, organismos donantes, organizaciones no gubernamentales, empresas comerciales y líderes comunitarios que prestaron su apoyo a las campañas de vacunación de sus comunidades y suministraron alimentos y alojamiento en muchas ocasiones a los equipos de vacunación.

Las placas colocadas al pie de la estatua, escritas en los seis idiomas oficiales de la OMS, declaran que esa victoria fue posible gracias al trabajo conjunto de todas las naciones.

La erradicación de la viruela «nos alienta a todos a reflexionar no sólo sobre la erradicación de una enfermedad, sino sobre la manera en que esa experiencia nos puede ayudar a afrontar más eficazmente otros problemas sanitarios con el mismo entusiasmo, optimismo y denuedo que caracterizó la fructífera cruzada contra la viruela», escribió en 1980 el Dr. Halfdan Mahler, ex Director General, con ocasión de la firma del documento en el que se declaró erradicada la viruela.

«El foco de atención de la obra es la mano del agente de salud que está vacunando con la entonces recientemente inventada aguja bifurcada. Los agentes de vacunación y sobre el terreno fueron la base del programa», dijo el Dr. Donald A. Henderson, Distinguished Scholar, Profesor de medicina y salud pública, University of Pittsburgh Medical Center, y Distinguished Professor, Johns Hopkins School of Public Health.

En una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud (WHA33.3), adoptada el 8 de mayo de 1980, se declaró que el objetivo mundial de erradicación de la viruela había sido alcanzado. El último caso surgido naturalmente en todo el mundo se detectó el 26 de octubre de 1977 en Somalia; a ello siguieron dos años de activas búsquedas a fin de descartar la existencia de casos y verificar que la transmisión del virus se había detenido.

A raíz de la erradicación mundial de la viruela, cesaron las actividades de vacunación y las medidas de cuarentena ya no fueron necesarias. Las economías anuales se estiman en más de US$ 1000 millones, además del alivio de una carga terrible de mortalidad y discapacidad. Según estimaciones, el costo total del programa para el periodo 1967-1980 fue de unos US$ 300 millones, de los cuales dos terceras partes fueron sufragados por los países en los que la enfermedad era endémica.

A la ceremonia asistieron el ex Director General de la OMS, Dr. Halfdan Mahler; el ex Director del Programa de Erradicación de la Viruela en la OMS, Dr. Donald A. Henderson; miembros del antiguo Comité de Erradicación de la Viruela; personal de la sede de la OMS y de sus oficinas regionales; donantes de la estatua; y particulares que participaron en campañas de vacunación antivariólica sobre el terreno.

El diseñador y realizador de la estatua es el Sr. Martin Williams, de Swansea, Gales (Reino Unido).

Información general

Durante siglos, la viruela fue para la humanidad una de las enfermedades más temidas y mortíferas con una historia que comienza por lo menos hace 3500 años. La enfermedad se propagó por todo el mundo matando tanto a reyes como a campesinos. En muchos países, los pueblos rindieron culto a determinadas deidades para que les protegieran de la viruela. Una tercera parte o más de las personas infectadas fallecían, pues apenas se podía hacer nada por ellas.

La primera vacuna

En 1796 surgió una esperanza de protección contra la enfermedad. Un médico inglés, el Dr. Edward Jenner, descubrió que la viruela podía prevenirse inoculando a una persona pústulas variólicas de una vaca. La persona vacunada desarrollaba anticuerpos que la protegían tanto contra la viruela de las vacas como contra el virus, estrechamente emparentado, que provocaba la enfermedad en el hombre. Fue la primera vacuna del mundo.

Durante casi un siglo, el virus de la vacuna (llamado vaccinia), se fue traspasando de una persona a otra, de un brazo a otro. El problema consistía en descubrir la forma de producir grandes cantidades de vacuna. Finalmente, el problema se resolvió haciendo proliferar el virus de la vacuna en la ijada de las vacas.

La práctica de la vacuna se propagó, pero su eficacia era mucho menor en los países tropicales, pues la vacuna se deterioraba rápidamente con el calor. Por fin, en la década de 1950, el científico inglés Leslie Collier descubrió un método para producir una vacuna termoestable eficaz que se pudiera utilizar en todo el mundo.

Este fue un acontecimiento crucial en los fructíferos esfuerzos destinados a erradicar la enfermedad, porque permitió superar los problemas logísticos asociados al mantenimiento de la cadena de frío de las vacunas antivariólicas líquidas utilizadas hasta ese momento. Los agentes de salud podían transportar las vacunas liofilizadas durante 30 días en sus bolsas sin que perdieran eficacia.

La aguja bifurcada (con dos puntas), inventada por un científico del laboratorio Wyeth, permitió desarrollar un nuevo método de vacunación conocido como «escarificación múltiple». Su aplicación era sencilla y exigía sólo una cuarta parte de la cantidad de vacuna respecto de la utilizada con otros métodos. Rápidamente, ese método reemplazó a todas las demás técnicas de vacunación.

Historia del programa de erradicación mundial

Desde su establecimiento, la Asamblea Mundial de la Salud se ha preocupado por combatir la viruela. En 1948, en su primera reunión, se decidió establecer un grupo de estudio conjunto sobre la viruela. En los años subsiguientes, el grupo apoyó las investigaciones orientadas a comparar los efectos de diferentes cepas de vacunas antivariólicas y fomentó las actividades de mejora de los métodos de producción de vacunas. En 1955, la Séptima Asamblea Mundial de la Salud decidió proporcionar ayuda presupuestaria a algunos gobiernos y solicitó donaciones de vacunas. Entre 1959 y 1966, numerosos países proporcionaron suministros de vacunas y, en ese contexto, la URSS donó más de 400 millones de dosis. Sin embargo, los progresos fueron lentos y regularmente se producían situaciones de escasez de vacuna.

En 1966, la 19.ª Asamblea Mundial de la Salud adoptó la crucial decisión de poner en marcha un programa mundial de erradicación de la viruela, establecido inicialmente por el mismo órgano en 1959. En el informe del Director General a la 19.ª Asamblea Mundial de la Salud, se proponía y se aceptaba una nueva estrategia para la cual se autorizaba la asignación de fondos especiales. En enero de 1967 comenzaron los esfuerzos intensificados por erradicar la enfermedad. Ese año, se registraron más de 10 millones de casos y 2 millones de defunciones en 43 países.

La estratégica básica constaba de dos componentes, a saber: programas de vacunación masiva con un seguimiento minucioso con el objetivo de inmunizar al 80% de la población, y un nuevo enfoque de prevención, vigilancia y contención de la enfermedad. Esto exigía que todas las unidades sanitarias presentaran informes semanales de los casos de viruela y que equipos especiales investigaran rápidamente los casos y los brotes.

A medida que el programa fue avanzando, la viruela se eliminó, primeramente en América del Sur, África occidental y central, posteriormente en Asia y finalmente en África oriental. La erradicación mundial de la viruela se alcanzó finalmente tras el último caso de infección natural en todo el mundo, registrado el 26 de octubre de 1977 en Somalia. Durante dos años prosiguieron en todo el mundo programas especiales de detección a fin de verificar la interrupción de la transmisión. Una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud (WHA33.3), adoptada el 8 de mayo de 1980, declaraba que se había alcanzado el objetivo mundial de erradicación de la viruela.

Claves del éxito

La continuación de las actividades de investigación, innovación técnica y adaptación de la estrategia del programa a las circunstancias locales fueron factores decisivos para el éxito de los esfuerzos de erradicación. Las innovaciones introducidas por el personal del programa que influyeron en la política del programa mundial incluyeron cambios progresivos de la estrategia de vigilancia y contención, el uso de estampas de identificación de la viruela para los mercados y búsquedas especiales casa por casa, así como técnicas para aislar a los pacientes en sus hogares, aldeas o centros especiales.

Estudios epidemiológicos realizados por personal sobre el terreno demostraron que la viruela no se propagaba tan rápidamente como sugerían los libros de texto. Por ello, las estrategias de vigilancia y contención fueron más eficaces de lo previsto. La inmunidad conferida por la vacuna resultó ser lo suficientemente duradera como para no tener que repetir las vacunaciones durante el resto del programa.

Para mayor información, sírvase contactar:

Peter Carrasco
Asesor sobre Políticas del Departamento de Inmunización, Vacunas y Productos Biológicos
OMS, Ginebra
Teléfono: +41 22 791 1512
E-mail: carrascop@who.int

Fadéla Chaib
Responsable de Comunicación
OMS, Ginebra
Teléfono: + 41 22 791 32 28
Móvil: + 41 79 475 55 56
E-mail: chaibf@who.int

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