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Un informe de la OMS aboga por un nuevo planteamiento para salvar las vidas de madres y niños

10,6 millones de niños mueren antes de los cinco años; medio millón de mujeres mueren durante el parto

Cientos de millones de mujeres y niños carecen de acceso a servicios de salud indispensables, lo que a menudo tiene resultados nefastos, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe publicado hoy. Según el informe, el número de defunciones que provoca esta situación podría reducirse drásticamente si se generalizara el uso de intervenciones básicas y un criterio de «continuidad asistencial» para la madre y el niño que comienza antes del embarazo y se prolonga durante el período del parto y a lo largo de la infancia.

Cada año, cerca de 530 000 mujeres mueren durante el embarazo o el parto; más de tres millones de niños nacen muertos; más de cuatro millones de recién nacidos mueren durante los primeros días o las primeras semanas de vida, y en total 10,6 millones de niños mueren antes de cumplir los cinco años, según las últimas cifras de la OMS.

En el Informe sobre la Salud en el Mundo 2005 – ¡Cada madre y cada niño contarán!, la OMS estima que de un total de 136 millones de nacimientos al año en todo el mundo, menos de dos terceras partes de las mujeres de los países menos desarrollados y sólo un tercio en los países menos adelantados reciben asistencia de personal capacitado cuando dan a luz. Según el informe, esto es lo que puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte para la madre y el niño en caso de que surjan complicaciones.

¡Cada madre y cada niño contarán! será lanzado el Día Mundial de la Salud, que tiene el mismo lema principal que el informe. El evento se celebrará en muchos países, con una ceremonia especial en Nueva Delhi (India).

De acuerdo con el informe, casi el 90% de las muertes de menores de cinco años pueden atribuirse a apenas seis afecciones: afecciones neonatales agudas, principalmente el nacimiento prematuro, la asfixia en el parto y las infecciones, responsables del 37% del total; las infecciones de las vías respiratorias inferiores, principalmente la neumonía (19%); la diarrea (18%); el paludismo (8%); el sarampión (4%), y el VIH/SIDA (3%). La mayor parte de esas muertes pueden evitarse mediante intervenciones conocidas, sencillas, asequibles y eficaces. Entre ellas figuran la terapia de rehidratación oral, los antibióticos, los fármacos antipalúdicos y los mosquiteros tratados con insecticida, la administración de vitamina A y otros micronutrientes, la promoción de la lactancia materna, la inmunización y la atención por personal adiestrado durante el embarazo y el parto. Para reducir la mortalidad, el informe aboga por un uso mucho mayor de estas intervenciones y por un criterio de «continuidad asistencial» para las madres y los niños, que debe comenzar antes del embarazo y prolongarse durante el parto y a lo largo de la infancia. A su vez, esto exige una enorme inversión en los sistemas de salud, en particular el despliegue de muchos más profesionales sanitarios, entre ellos médicos, parteras y personal de enfermería. Según el informe, para lograr un grado óptimo de seguridad, todas las mujeres sin excepción han de recibir atención profesional especializada durante el parto. El informe añade que una atención ininterrumpida del recién nacido durante las primeras semanas de vida es fundamental.

«Este planteamiento tiene el potencial de transformar la vida de millones de personas,» dice el Dr. LEE Jong-wook, Director General de la OMS. «Dar a las madres, los bebés y los niños la atención que necesitan es absolutamente imperativo.»

El informe presta particular atención a los países en desarrollo donde los avances en materia de salud maternoinfantil son lentos, están estancados o incluso han retrocedido durante los últimos años. En esos países, menos de la mitad de las madres y los recién nacidos reciben atención, pero en modo alguno toda la gama de servicios que precisan.

¡Cada madre y cada niño contarán! es un amplio estudio de los obstáculos para la salud a que se enfrentan las mujeres antes y durante el embarazo, durante el parto y en las semanas, meses y años que siguen para ellas y sus hijos. En él se presta particular atención a la crítica situación de los recién nacidos, cuyas necesidades específicas han quedado desatendidas por la falta de continuidad entre los programas de salud materna y salud infantil.

El informe se publica en un año clave en el camino hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas (ODM), dos de los cuales son mejorar drásticamente la salud de las madres y la de los niños antes de 2015. Los últimos datos disponibles muestran que el gasto total en salud pública en los 75 países con más problemas se eleva a US$ 97 000 millones al año. El informe calcula que esa cantidad ha de ser incrementada en un promedio de US$ 9 000 millones al año durante los próximos diez años para aumentar el acceso a la atención en esos países hasta un nivel que les permita avanzar hacia los ODM, e incluso superarlos.

La exclusión de los servicios de salud materna, neonatal e infantil es un factor clave de la inequidad, además de uno de los principales obstáculos para avanzar hacia los ODM, según el informe. La salud de las madres y los niños está «en el centro de la lucha contra la pobreza y la desigualdad, como una cuestión de derechos humanos».

La falta de acceso a atención profesional y a las principales intervenciones obstétricas es la razón primordial de que gran número de mujeres de las zonas rurales estén excluidas de una asistencia que les salvaría la vida durante el parto. Por ejemplo, en un estudio de 2,7 millones de partos en siete países en desarrollo, sólo el 32% de las mujeres que necesitaban una importante intervención de supervivencia la recibieron.

Todos los años más de 18 millones de abortos inducidos son realizados por personas que carecen de los conocimientos necesarios o en condiciones que incumplen las mínimas normas médicas, o ambas cosas, y conllevan por tanto un gran riesgo. Por esta causa mueren cada año 68 000 mujeres.

En numerosos países, muchas mujeres y muchos niños ni siquiera tienen acceso a las prestaciones sanitarias más básicas, es decir, las que son importantes para la mera supervivencia. En algunos países, generalmente los más pobres, predomina una privación masiva; sólo una pequeña minoría, que suele estar integrada por los ricos de las zonas urbanas, disfruta de un acceso razonable a la atención de salud, mientras que la inmensa mayoría de la población queda excluida.

Entre los que quedan al margen, las mujeres y los niños son los que más sufren. Según el informe, «Ser pobre o ser mujer es a menudo motivo de discriminación, y ésta puede derivar en malos tratos, abandono, tratamientos deficientes o explicaciones demasiado someras de las pruebas o intervenciones, todo ello agravado por el hecho de que los agentes de salud piensan a veces que las mujeres son ignorantes. La atención que se ofrece a las mujeres puede ser inoportuna, ineficaz, discriminatoria o indiferente a sus necesidades.»

El informe añade que la tarea prioritaria y más acuciante es disponer de la necesaria fuerza de trabajo sanitaria para lograr el acceso universal a los servicios de salud materna, neonatal e infantil. Los US$ 9 000 millones al año que se necesitan para mejorar la salud de madres, recién nacidos y niños incluyen US$ 3 500 millones en concepto de costos añadidos para recursos humanos. Paliar la abrumadora falta de profesionales de la salud y su desigual distribución en muchos países seguirá siendo uno de los grandes retos en los años venideros. Actualmente la OMS está evaluando la necesidad de aumentar masivamente en el decenio próximo el número de profesionales sanitarios de todas las categorías, no sólo para la atención de madres y niños. La crisis de recursos humanos no sólo se debe a la escasez de personas, sino también a cuestiones como la remuneración y las condiciones de trabajo. La OMS está elaborando una serie de medidas de política en relación con cada uno de los aspectos que se tratan en el informe y está alentando a los gobiernos y otros interesados directos para que introduzcan intervenciones y refuercen los programas de salud dirigidos a madres, recién nacidos y niños. La OMS seguirá de cerca y evaluará los progresos de esos programas.

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Informe sobre la Salud en el Mundo 2005

¡Cada madre y cada niño contarán!