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Chernóbil: la verdadera escala del accidente

Veinte años después, un informe de las Naciones Unidas da respuestas definitivas y formula sugerencias para reparar las vidas dañadas

Comunicado conjunto OMS/OIEA/PNUD

En total, hasta cuatro mil personas podrían morir a causa de la radiación a la que se vieron expuestas a raíz del accidente ocurrido en la central nuclear de Chernóbil hace casi 20 años, según las conclusiones a que ha llegado un equipo internacional integrado por más de 100 científicos.

A mediados del año 2005, sin embargo, no llegan a 50 las defunciones atribuidas directamente a la radiación liberada por el desastre; casi todas esas muertes fueron de trabajadores de servicios de emergencia que sufrieron una exposición intensa y fallecieron a los pocos meses del accidente, pero otras se produjeron más tarde, algunas incluso en 2004.

Las nuevas cifras se presentan en un informe que marca un hito histórico, titulado “Chernobyl’s Legacy: Health, Environmental and Socio-Economic Impacts” (La herencia de Chernóbil: repercusiones sanitarias, ambientales y socioeconómicas), que acaba de publicar el Foro de las Naciones Unidas sobre Chernóbil. En el informe, que resume un documento de 600 páginas publicado en tres volúmenes y recoge el trabajo de centenares de científicos, economistas y expertos del sector de la salud, se evalúan los efectos producidos en 20 años por el mayor accidente nuclear de la historia. El Foro está integrado por ocho organismos especializados de las Naciones Unidas, a saber, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCAH-NU), el Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR) y el Banco Mundial, así como por los Gobiernos de Belarús, Rusia y Ucrania.

“Esta recopilación de las investigaciones más recientes puede ayudar a responder a las preguntas pendientes sobre cuántas muertes, enfermedades y consecuencias económicas realmente produjo el accidente de Chernóbil”, explica el Dr. Burton Bennett, presidente el Foro sobre Chernóbil y autoridad en materia de efectos de las radiaciones. “Los Gobiernos de los tres países más afectados se han dado cuenta de que deben encontrar una manera clara de avanzar, y de que para ello necesitan un firme consenso acerca de las consecuencias ambientales, sanitarias y económicas, así como buenos consejos y apoyo de la comunidad internacional.”

“Fue un accidente muy grave, con importantes consecuencias para la salud, especialmente para los miles de trabajadores que estuvieron expuestos en los primeros días a dosis muy altas de radiación, y los otros miles de personas que contrajeron un cáncer de tiroides. En general, sin embargo, no hemos encontrado efectos negativos profundos en la salud del resto de la población de las zonas circundantes, ni tampoco una contaminación generalizada que siga suponiendo una amenaza sustancial para la vida humana, salvo en algunas zonas excepcionales y restringidas”, añade el Dr. Bennett.

El informe del Foro se propone ayudar a los países afectados a entender la verdadera escala de las consecuencias del accidente, y formula también sugerencias sobre las formas en que los Gobiernos de Belarús, Ucrania y Rusia podrían abordar los principales problemas económicos y sociales. Los miembros del Foro, incluidos representantes de los tres Gobiernos, se reunirán en Viena los días 6 y 7 de septiembre en un encuentro sin precedentes de los expertos del mundo en el accidente de Chernóbil, los efectos de la radiación y la protección radiológica, para examinar esas conclusiones y recomendaciones.

Principales conclusiones del estudio

En el voluminoso informe figuran decenas de conclusiones importantes:

  • Aproximadamente 1 000 personas, entre los empleados del reactor que se encontraban en el emplazamiento y los trabajadores de servicios de emergencia, sufrieron una exposición intensa a altos niveles de radiación el primer día del accidente; de los más de 200 000 trabajadores de servicios de emergencia y de operaciones de recuperación que estuvieron expuestos a la radiación durante el período 1986-1987, se estima que unos 2 200 morirán por una causa relacionada con esa exposición.
  • Según las estimaciones, cinco millones de personas viven actualmente en zonas de Belarús, Rusia y Ucrania que están contaminadas con radionucleidos debido al accidente; unas 100 000 de ellas se encuentran en zonas que en el pasado fueron clasificadas por las autoridades gubernamentales como “zonas de control estricto”. Las actuales definiciones de las zonas deben revisarse y ajustarse a la luz de las nuevas conclusiones.
  • La contaminación provocada por el accidente ha causado alrededor de 4 000 casos de cáncer de tiroides, principalmente en personas que eran niños o adolescentes en el momento del accidente, y al menos nueve niños han muerto de cáncer de tiroides; con todo, la tasa de supervivencia entre las víctimas del cáncer, a juzgar por la experiencia en Belarús, ha sido de casi el 99%.
  • La mayoría de los trabajadores de servicios de emergencia y de los habitantes de zonas contaminadas recibieron dosis de irradiación corporal relativamente bajas, comparables a los niveles de fondo naturales. Por consiguiente, no se han encontrado pruebas de una disminución de la fecundidad en la población afectada, ni parece probable que se produzca; tampoco se han encontrado pruebas de un aumento de las malformaciones congénitas que pueda atribuirse a la exposición a la radiación.
  • La pobreza, las enfermedades asociadas con el “modo de vida” que ahora proliferan en la antigua Unión Soviética y los problemas de salud mental representan para las comunidades locales una amenaza mucho mayor que la exposición a la radiación.
  • El traslado a otras zonas fue una “experiencia profundamente traumática” para las 350 000 personas que fueron sacadas de las zonas afectadas. Aunque 116 000 fueron evacuadas de la parte más gravemente afectada inmediatamente después del accidente, los traslados posteriores no sirvieron para reducir significativamente la exposición a la radiación.
  • Los mitos y las ideas equivocadas que aún persisten sobre la amenaza de la radiación han generado un “fatalismo paralizador” entre los residentes en las zonas afectadas.
  • Los ambiciosos programas de rehabilitación y prestaciones sociales iniciados por la antigua Unión Soviética y continuados por Belarús, Rusia y Ucrania deben reformularse para tener en cuenta los cambios en la situación de la radiación, las deficiencias en la selección de los beneficiarios y la escasez de fondos.
  • Los elementos estructurales del sarcófago construido en torno al reactor dañado se han deteriorado, con el consiguiente riesgo de hundimiento y liberación de polvo radiactivo.
  • Aún no se ha definido un plan completo para deshacerse, respetando las normas de seguridad vigentes, de las toneladas de desechos radiactivos de actividad alta que se encuentran dentro y alrededor del emplazamiento de la central nuclear de Chernóbil.

Junto con las defunciones y enfermedades causadas por la radiación, el informe define los efectos de Chernóbil en la salud mental como “el mayor problema de salud pública creado por el accidente”, y atribuye este perjudicial efecto psicológico en parte a la falta de información exacta. Estos problemas se manifiestan en evaluaciones negativas de la propia salud, en la convicción de tener una esperanza de vida menor, en la falta de iniciativa y en la dependencia de la asistencia del Estado.

“Dos decenios después del accidente de Chernóbil, los residentes en las zonas afectadas todavía no cuentan con la información que necesitan para llevar la vida sana y productiva que podrían llevar”, explica Louisa Vinton, coordinadora de los asuntos relativos a Chernóbil en el PNUD. “Hemos advertido a nuestros asociados gubernamentales que deben hacer llegar a la gente información exacta, no sólo sobre cómo vivir sin peligro en las regiones de baja contaminación, sino también sobre cómo adoptar modos de vida sanos y crear nuevos medios de subsistencia.” Sin embargo, como dice el Dr. Michael Repacholi, responsable del Programa de Radiación de la OMS, “en su conjunto el mensaje del Foro sobre Chernóbil es tranquilizador”.

El Dr. Repacholi explica que ha habido 4 000 casos de cáncer de tiroides, en su mayor parte en niños, pero que, salvo nueve que fallecieron, todos los demás se han recuperado. “Aparte de eso, el equipo de expertos internacionales no encontró pruebas de un aumento de la incidencia de la leucemia y el cáncer entre los residentes afectados.”

Los expertos internacionales han estimado que la radiación podría causar en total hasta 4 000 muertes entre los grupos de población más expuestos en Chernóbil, es decir, entre los trabajadores de servicios de emergencia que intervinieron en 1986 y 1987, los evacuados y los residentes en las zonas más contaminadas. Esta cifra comprende los casos conocidos de defunción por cáncer y leucemia provocados por la radiación y una previsión estadística basada en estimaciones de las dosis de radiación recibidas por esos grupos de población. Puesto que alrededor de una cuarta parte de las personas mueren por cánceres espontáneos no causados por la radiación de Chernóbil, el aumento de tan sólo un 3% aproximadamente provocado por la radiación será difícil de observar. Sin embargo, en las cohortes más expuestas de los trabajadores de servicios de emergencia y de operaciones de recuperación ya se ha observado cierto aumento de algunas formas de cáncer (por ejemplo, de la leucemia) en determinados períodos de tiempo. Las previsiones se basan en seis decenios de experiencia científica en los efectos de esas dosis, explica el Dr. Repacholi.

Como conclusión, el Dr. Repacholi añade que “los efectos sanitarios del accidente podrían haber sido espantosos, pero una evaluación final basada en las conclusiones validadas del trabajo científico más serio indica que los efectos en la salud pública no fueron ni con mucho tan graves como se temió en un principio”.

La estimación de la cifra final de defunciones que se da en el informe es muy inferior a las especulaciones que se venían haciendo y difundiendo sobre las decenas de miles de muertes que causaría la exposición a la radiación. Pero la cifra de 4 000 no difiere mucho de las estimaciones que hicieron en 1986 los científicos soviéticos, según el Dr. Mikhail Balonov, experto en radiaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica de Viena, que en la época del accidente trabajaba como científico en la antigua Unión Soviética.

En cuanto a los efectos en el medio ambiente, el informe también es tranquilizador: las evaluaciones científicas indican que, salvo en la zona incluida en un radio de 30 km del reactor, que está muy contaminada, y en algunos lagos cerrados y bosques de acceso restringido, los niveles de radiación han vuelto a situarse, en su mayor parte, en valores aceptables. “En la mayoría de las zonas los problemas son de índole económica y psicológica, no sanitaria o ambiental”, señala el Dr. Balonov, secretario científico del Foro sobre Chernóbil, que ha participado en la recuperación de Chernóbil desde que ocurrió el accidente.

Recomendaciones

En las recomendaciones se pide que la labor de asistencia se centre en las zonas muy contaminadas y que los programas gubernamentales se reformulen para ayudar a quienes realmente lo necesitan. Los cambios que se recomiendan apuntan a eliminar los programas que promueven la “dependencia” y la mentalidad “victimista” y a sustituirlos por iniciativas que creen oportunidades, respalden el desarrollo local e infundan confianza en el futuro.

En el sector de la salud, el informe del Foro pide que se siga sometiendo a un control riguroso a los trabajadores que se han recuperado del síndrome de irradiación aguda (SIA) y a los otros agentes de servicios de emergencia que estuvieron muy expuestos a la radiación. También pide que se realicen controles selectivos de los niños expuestos al yodo radiactivo para detectar el cáncer de tiroides, y de los trabajadores que realizaron el trabajo de limpieza y estuvieron expuestos a dosis altas, para detectar otros tipos de cáncer. Sin embargo, debería evaluarse si los programas de detección existentes son eficaces en relación con el costo, ya que la incidencia del cáncer de tiroides espontáneo está aumentando significativamente a medida que la población estudiada envejece. Además, para mantener una alta calidad, los registros sobre el cáncer necesitan el apoyo continuo de los gobiernos.

En relación con el medio ambiente, el informe pide una vigilancia a largo plazo de los radionucleidos de cesio y estroncio para evaluar la exposición humana y la contaminación de los alimentos y analizar los efectos de las medidas correctivas y de las contramedidas para reducir la radiación. Debe informarse mejor al público sobre la persistencia de la contaminación radiactiva en determinados productos alimenticios y sobre los métodos de preparación de alimentos que reducen la ingesta de radionucleidos. En algunas zonas es necesario todavía restringir la recolección de ciertos alimentos silvestres.

También en lo que respecta a la protección del medio ambiente, el informe aboga por el establecimiento de un “programa integrado de gestión de desechos para el sarcófago, el emplazamiento de la central nuclear de Chernóbil y la zona de exclusión”, a fin de establecer una forma de gestión y una capacidad sistemáticas para todos los tipos de desecho radiactivo. Según el informe, el almacenamiento y la eliminación de los desechos deben tratarse de manera integrada en toda la zona de exclusión.

En las zonas en que la exposición humana no es alta, no se requieren medidas de reparación, señala el Dr. Balonov. “Si no prevemos que vaya a haber efectos en la salud o en el medio ambiente, no debemos malgastar recursos y esfuerzos en las zonas de baja contaminación y, por lo tanto, de baja prioridad”, explica. “Tenemos que concentrar los esfuerzos y los recursos en los problemas reales.”

Una recomendación fundamental aborda el hecho de que gran parte de la población, especialmente en las zonas rurales, aún carece de información exacta, y subraya la necesidad de encontrar mejores maneras de informar al público y de subsanar la falta de credibilidad que ha obstaculizado los esfuerzos anteriores. Según el informe, aunque se dispone de información exacta desde hace años, esa información no ha llegado a quienes la necesitan, o bien, cuando ha llegado, la población no ha confiado en ella, no la ha aceptado y no ha actuado en consecuencia.

Esta recomendación pide que se proporcione información adaptada a los distintos públicos, tales como los dirigentes comunitarios y los agentes de salud, y que se adopte al mismo tiempo una estrategia más amplia que promueva modos de vida sanos y que informe sobre cómo reducir la exposición a la radiación interna y externa y hacer frente a las principales causas de enfermedad y mortalidad.

En la esfera socioeconómica, el informe recomienda que se adopte un nuevo enfoque del desarrollo que ayude “a las personas a asumir el control de su vida, y a las comunidades, a tomar las riendas de su futuro”. Los Gobiernos, según el informe, deben racionalizar y reorientar sus programas relativos a Chernóbil mediante una mejor selección de los beneficiarios de las prestaciones, la eliminación de las prestaciones innecesarias en las zonas menos contaminadas, la mejora de la atención primaria de salud, el apoyo a las técnicas inocuas de producción de alimentos y el estímulo de la inversión y del desarrollo del sector privado, incluidas las pequeñas y medianas empresas.

Como señala Louisa Vinton, “lo que más se necesita es información exacta sobre los modos de vida sanos, junto con mejores normas para promover las pequeñas empresas rurales. El verdadero peligro es la pobreza. Tenemos que adoptar medidas para dar poderes efectivos a las personas.”

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Para más información puede ponerse en contacto con:

Mr Gregory Hartl
Asesor de Comunicación, Desarrollo Sostenible y Ambientes Saludables
OMS/Ginebra
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