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El número de defunciones y discapacidades puede reducirse en más del 50%

El número de personas expuestas es mayor de lo que se pensaba, particularmente en el mundo en desarrollo Los trastornos podrían controlarse rápidamente con intervenciones médicas y sociales

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el número de fallecimientos y discapacidades debidos a cardiopatías y accidentes cerebrovasculares que juntos ocasionan la muerte de más de 12 millones de personas anualmente en todo el mundo, puede decrecer en más del 50% mediante una combinación de esfuerzos nacionales sencillos y costoeficaces y medidas individuales encaminados a reducir los principales factores de riesgo como la hipertensión, la hipercolesterolemia, la obesidad y el hábito de fumar.

La mayoría de los beneficios de esas intervenciones combinadas se pueden alcanzar al cabo de cinco años, porque la progresión de las enfermedades cardiovasculares es relativamente fácil de detener. Si no se toman medidas para mejorar la salud cardiovascular y continúa la tendencia actual, la OMS estima que para 2020 se perderá en todo el mundo un 25% más de años de vida sana debido a las enfermedades cardiovasculares. La mayor parte de este aumento corresponderá a los países en desarrollo.

Estas conclusiones proceden del primer análisis jamás realizado a nivel mundial de la carga de morbilidad debida a los principales riesgos de enfermedades cardiovasculares, a saber, hipertensión, hipercolesterolemia, tabaquismo, obesidad, inactividad física y bajo consumo de frutas y hortalizas. Se recogen en el próximo Informe sobre la salud en el mundo 2002: reducir los riesgos y promover una vida sana, que se publicará a fines de este mes.

Una de las principales conclusiones del informe es que sólo la tensión arterial es causa de un 50% de las enfermedades cardiovasculares en todo el mundo. Al colesterol se atribuye una tercera parte de esas enfermedades. La falta de actividad física, el tabaquismo y el bajo consumo de frutas y hortalizas son responsables de un 20% cada uno. (Estos porcentajes superan el 100% porque algunos riesgos se superponen. Una persona podría estar expuesta únicamente por el colesterol, mientras que otra podría estarlo por el colesterol y la tensión arterial. 1)

Se estima que unos nueve millones de fallecimientos y más de 75 millones de años de vida sana perdidos anualmente se deben a niveles peligrosos de tensión arterial o colesterol.

En general, aproximadamente el 75% de las enfermedades cardiovasculares puede atribuirse a los riesgos establecidos que se evalúan en el informe, cifra muy superior a lo que comúnmente se piensa, a saber, entre un tercio y la mitad. La carga se reparte casi por igual entre hombres y mujeres.

En total, entre el 10% y el 30% de la población adulta de casi todos los países sufre de hipertensión, pero otro 50% a 60% gozaría de mejor salud si su tensión arterial fuera más baja. Incluso una pequeña disminución de la tensión arterial de esta «mayoría silenciosa» reduciría el riesgo de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular. Algo muy parecido ocurre con respecto al colesterol. 2

«La carga mundial de morbilidad debida a la tensión arterial es el doble de lo que se pensaba hasta ahora, afirma la Dra. Gro Harlem Brundtland, Directora General de la OMS. «Ello refleja comprobaciones recientes sobre lo estrecho que es el vínculo entre la tensión arterial y la enfermedad en muchas poblaciones distintas de todo el mundo y la toma de conciencia de que la mayoría de las personas tienen niveles inferiores a los óptimos.»

Las mejoras más inmediatas en la salud cardiovascular pueden conseguirse administrando diariamente a las personas con elevado riesgo de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular una combinación de medicamentos (estatinas para bajar el colesterol y pequeñas dosis de medicamentos comunes para bajar la tensión arterial, y aspirina). Esta eficacísima terapia combinada podría utilizarse mucho más en el mundo industrializado, y es cada vez más asequible en el mundo en desarrollo.

«Esta combinación de medicamentos podría reducir las tasas de mortalidad y discapacidad debidas a enfermedades cardiovasculares en más del 50% entre las personas que corren el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular», afirma el Dr. Christopher Murray, Director Ejecutivo del Grupo Orgánico de Pruebas Científicas e Información para las Políticas, de la OMS. «Más personas con alto riesgo de enfermedades cardiovasculares deberían comenzar a tomar ya la combinación medicamentosa, antes de sufrir un ataque cardiaco o un accidente cardiovascular.»

El costo de este tratamiento combinado sería inferior a US$ 14 por persona y por año. Si bien es un costo muy bajo, puede que sea prohibitivo para los países pobres que soportan las cargas tradicionales que entrañan las enfermedades transmisibles y la creciente carga de enfermedades no transmisibles y crónicas. Para aprovechar plenamente las oportunidades que ofrece esta combinación de medicamentos sería necesario encontrar nuevos recursos. La recientemente creada Comisión sobre Macroeconomía y Salud de la OMS destacó la necesidad de que los países de altos ingresos hagan nuevos aportes de recursos de considerable cuantía.

En el Informe sobre la salud en el mundo 2002 también se insta a los países a adoptar políticas y programas que fomenten intervenciones que abarquen a toda la población, por ejemplo, reducir la sal en los alimentos elaborados, reducir las grasas en la dieta y alentar el ejercicio y un mayor consumo de frutas y hortalizas, así como a reducir el consumo del tabaco.

El hecho de que la gran mayoría de los adultos de todo el mundo tengan niveles de tensión arterial y colesterol que no son óptimos para la salud, tiene repercusiones claras para los gobiernos, que pueden combatir las causas fundamentales de estos problemas con medidas enderezadas a toda la población. Estos esfuerzos requerirán también un mayor acceso a medicamentos costoeficaces de quienes están expuestos a altos riesgos.

«La prevención es la clave para reducir la carga mundial de morbilidad por ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares», dice la Dra. Brundtland. «La estrategia ideal para muchos países sería dedicar muchos más recursos para aplicar amplias medidas que beneficien a toda la población y, al mismo tiempo, facilitar a las personas expuestas a mayor riesgo la combinación medicamentosa.»

«Los resultados de nuestras nuevas investigaciones indican que muchos métodos establecidos para reducir los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares son muy poco costosos, de manera que incluso los países con limitados presupuestos de salud pueden aplicarlos y reducir su tasa de enfermedades cardiovasculares en un 50%», dice el Dr. Derek Yach, Director Ejecutivo del Grupo Orgánico de Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental. «Además, los tratamientos medicamentosos establecidos son cada vez más asequibles para los países de medianos y bajos ingresos, a medida que aparecen medicamentos eficaces exentos de patente.»

La OMS ha creado un sistema sin precedentes para identificar e informar sobre intervenciones sanitarias costoeficaces coherentes en todos los entornos, denominado OPCIÓN. Varias de las opciones figuran en una nueva base de datos estadísticos que también forma parte del Informe sobre la salud en el mundo 2002. Esas intervenciones pueden realizarse de acuerdo con una lista de opciones, según las circunstancias particulares de cada país.

Las enfermedades cardiovasculares no son más un problema «occidental»

En el Informe se señala por primera vez que la mayor parte de la carga mundial debida a riesgos cardiovasculares la soporta el mundo en desarrollo. Ello es consecuencia de los ya altos y crecientes niveles de los factores de riesgo (p. ej., hipercolesterolemia) y del gran tamaño y el envejecimiento de las poblaciones. El tabaco, la tensión arterial y el colesterol son los principales riesgos en los países industrializados, y en conjunto son responsables de más de una cuarta parte de la pérdida de años de vida sana. Pero también ocupan un lugar prominente entre los mayores riesgos en los países de ingresos medios y están comenzando a figurar entre los principales riesgos en los países en desarrollo más pobres.

«Observamos que en los países en desarrollo, trastornos como la hipertensión y la hipercolesterolemia son mucho más importantes de lo que se pensaba hasta ahora y contribuyen de manera significativa a la carga de morbilidad general de esos países», dice el Dr. Anthony Rodgers, de la Universidad de Auckland (Nueva Zelandia), consultor de la OMS y uno de los principales redactores del informe. «El mundo pensó en un momento que las enfermedades cardiovasculares eran un problema occidental, pero está claro que no es así. Ya no podemos clasificar las enfermedades según el lugar donde ocurren, sino más bien según su frecuencia en una población determinada.»

«La necesidad de luchar contra las enfermedades cardiovasculares es especialmente importante en los países pobres, porque éstas imponen una doble carga a los sistemas nacionales de salud, que deben simultáneamente tratar las enfermedades infecciosas que afectan primordialmente esos países así como los nuevos trastornos cardiovasculares», dice la Dra. Brundtland. «En las nuevas megalópolis del mundo en desarrollo, vemos cantidad de enfermedades debidas a la desnutrición junto con enfermedades cardiovasculares.»

La tendencia al aumento de las enfermedades cardiovasculares en los países en desarrollo puede ser particularmente peligrosa para el extremo inferior del espectro socioeconómico. En los países industrializados, las enfermedades cardiovasculares afectaron en su momento en forma desproporcionada a la población de mayores recursos. Sin embargo, al disponerse de más conocimientos sobre esas enfermedades, se pudo reducir la frecuencia con que esa población padecía tales afecciones, mientras que la incidencia de las enfermedades cardiovasculares iba en aumento entre los pobres y las minorías. Si esa tendencia se repite en los países en desarrollo, los más pobres de los pobres del mundo serán los más expuestos a riesgo.

Debería darse prioridad a las intervenciones destinadas a la población en su conjunto

Aunque la combinación de medicamentos sea muy eficaz, no puede considerase por sí sola el medio exclusivo, ni siquiera principal para reducir los riesgos cardiovasculares. Las intervenciones destinadas a la población en su conjunto son los métodos más costoeficaces de reducir el riesgo en una población completa. Deberían ser el primer recurso en todas las circunstancias.

En muchos países se atribuye demasiada importancia a las intervenciones individuales destinadas a personas expuestas a un riesgo moderado de cardiopatía, dice el Dr. Murray. Se aprovecharían mucho mejor los recursos concentrándose en las personas expuestas a riesgo elevado y utilizando otros recursos para comenzar a realizar actividades que abarquen a toda la población a fin de reducir los factores de riesgo mediante múltiples políticas y programas económicos y educativos.

En el informe de la OMS también se ponen en tela de juicio las denominaciones comúnmente aceptadas, como «hipertensión», que aluden a umbrales. Se señala en el informe que hay indicios cada vez más claros de que los riesgos para la salud no se limitan a los que se corren por encima de esos umbrales. Más bien, la inmensa mayoría de la población se vería beneficiada si sus niveles fueran más bajos, ya que los riesgos son continuos. En realidad, los valores del colesterol y la tensión arterial que se consideran «promedio» son por lo general demasiado altos para una buena salud. 3

«Los riesgos de enfermedades cardiovasculares suelen distribuirse formando una curva acampanada normal; la gran mayoría de la población presenta un grado de riesgo algo elevado, mientras que sólo unos pocos presentan un riesgo muy alto o muy bajo», dice el Dr. Rodgers. «El medio menos costoso de reducir las enfermedades cardiovasculares en un país determinado es desplazar a la totalidad de la población a una zona de riesgo inferior mediante intervenciones de educación pública llevadas a cabo por las autoridades. Esto vale especialmente para los países pobres que pueden tener mayor dificultad para dispensar tratamientos médicos generalizados, a pesar de la disminución de sus costos.»

Las condiciones de la vida moderna con frecuencia hacen que los individuos, particularmente los pobres en las ciudades del mundo en desarrollo, tengan a menudo escaso control de los principales factores de riesgo. Por ejemplo, los pobres de las zonas urbanas generalmente pueden comprar sólo alimentos elaborados muy grasos y salados. Muchos alimentos elaborados (pan, sopas, carnes, etc.) tienen concentraciones de sal que se aproximan o incluso exceden de las del agua del mar.

Por ejemplo, en comparación con el agua del mar, que tiene 1 g de sodio por cada 100 g el contenido de sodio:

  • del pan y las galletas es de un de 50%;
  • el de los copos de maíz del 100%;
  • el de las sopas del 300%
  • el de las salchichas del 50% al 150%.

En consecuencia, la ingesta de sal suele ser muy alta, y en los países industrializados, más del 75% proviene generalmente de los alimentos elaborados.

Las intervenciones médicas selectivas son poco costosas y sin embargo potentes

El «método de riesgo absoluto» para vigilar la tensión arterial y el colesterol también es muy costoeficaz en todas las regiones y posiblemente permita reducir de manera espectacular la morbilidad por cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares. Esto supone dispensar a las personas que corren un riesgo elevado de enfermedad vascular un «tratamiento combinado de dosis bajas» consistente en una combinación de múltiples medicamentos, incluidas pastillas para bajar la tensión, estatinas y aspirina. Esto es producto de las pruebas recientes de que este tipo de terapias beneficia a todos los grupos de riesgo elevado, incluso a aquellos cuya tensión arterial o colesterol muestra valores promedios o inferiores al promedio.

Esos medicamentos tienen efectos secundarios, pero menores de lo que generalmente se cree; esos efectos pueden reducirse al mínimo si se administran combinaciones de dosis baja. Los beneficios superan con creces cualquier daño en aquellas personas que corren un riesgo elevado de morbilidad cardiovascular.

Es probable que este informe cuestione las prioridades actuales de los sistemas de salud de muchos países:

  • Pocos gobiernos han entablado una colaboración fructífera con la industria alimentaria para que se reduzcan el contenido de sal y el alto porcentaje de grasas de los alimentos elaborados.
  • En el informe se piden nuevas estrategias y una nueva reflexión. Está cada vez más claro que las personas de riesgo elevado se benefician del tratamiento combinado multimodal, independientemente en gran medida de las causas iniciales del riesgo elevado y de cuáles sean sus niveles actuales de factores de riesgo. Esto supone un cambio de paradigma para muchos médicos.
  • La OMS también propone que se reduzca la gran cantidad de recursos destinados actualmente a detectar, tratar y vigilar a las personas que corren un riesgo comparativamente bajo de enfermedades cardiacas o accidentes cardiovasculares, y se destinen en cambio más recursos a aquellas con múltiples factores de riesgo, cuyo riesgo es más alto y que suelen recibir un tratamiento insuficiente.

OPCIÓN: Encontrar el método más costoeficaz

El proyecto OPCIÓN OMS indica que varios métodos establecidos de gestión de los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares cumplen cabalmente las normas internacionales en lo que respecta a la eficacia en función del costo, incluso en los países más pobres del mundo.

«Tomemos, por ejemplo, los impuestos al tabaco», dice el Dr. Murray. «Los países que aumentan drásticamente sus impuestos al tabaco observan una reducción casi inmediata del consumo de tabaco y experimentan muy rápidamente las correspondientes mejoras en la salud cardiovascular. Un paquete de cigarrillos a siete dólares será muy eficaz para persuadir a los fumadores de que abandonen el hábito y a los no fumadores de que no lo contraigan».

Los gobiernos, la industria y la sociedad civil pueden colaborar para posibilitar los cambios de comportamiento necesarios para reducir el riesgo en poblaciones enteras. Los mejores enfoques diferirán de un país a otro, y son muchas las lecciones que se pueden aprender de la experiencia adquirida. Entre los éxitos logrados cabe señalar:

  • En el Reino Unido, un programa promovido por el Gobierno junto con la industria de elaboración de alimentos y bebidas consiguió reducir el contenido de sal en casi una cuarta parte de los alimentos manufacturados. Esto ocurrió gradualmente a lo largo de varios años; entre los ejemplos pueden mencionarse un acuerdo entre los miembros de la Federación de Panaderos y reducciones en los productos elaborados por varias cadenas de grandes supermercados.
  • En Mauricio se consiguió reducir el colesterol en gran medida gracias a la acción emprendida por el Gobierno para sustituir el aceite de palma por el de soja como principal aceite de cocina.
  • Corea ha procurado mantener los componentes de la dieta tradicional. Gracias a iniciativas de la sociedad civil y el Gobierno se han realizado campañas en los medios de comunicación, por ejemplo programas de televisión para promover el consumo de alimentos locales, los métodos de cocina tradicionales y la necesidad de apoyar a los agricultores locales.
  • En el Japón, mediante campañas de educación pública conducidas por el Gobierno y el aumento del tratamiento de la presión arterial, se ha conseguido reducir la hipertensión en la población y las tasas de accidentes cardiovasculares han disminuido en más del 70%.
  • En Finlandia, gracias a intervenciones basadas en la comunidad, en particular la educación sanitaria y el etiquetado de los alimentos, se han conseguido reducciones del colesterol y muchos otros riesgos en la población en general, seguidas de un rápido descenso en las enfermedades cardiacas. 4
  • En los Estados Unidos de América, con la disminución de la ingesta de grasas saturadas a fines del decenio de 1960 comenzó la gran reducción de las defunciones por cardiopatía coronaria observada en los últimos decenios de ese país.
  • En Nueva Zelandia, al comenzar a utilizarse un logotipo fácil de reconocer para el etiquetado de los alimentos más sanos, muchas empresas procedieron a reformular sus productos. Uno de los beneficios resultantes ha sido la disminución del contenido de sal de los alimentos elaborados.

En el Reino Unido, un programa promovido por el Gobierno junto con la industria de elaboración de alimentos y bebidas consiguió reducir el contenido de sal en casi una cuarta parte de los alimentos manufacturados. Esto ocurrió gradualmente a lo largo de varios años; entre los ejemplos pueden mencionarse un acuerdo entre los miembros de la Federación de Panaderos y reducciones en los productos elaborados por varias cadenas de grandes supermercados.

En Mauricio se consiguió reducir el colesterol en gran medida gracias a la acción emprendida por el Gobierno para sustituir el aceite de palma por el de soja como principal aceite de cocina.

Corea ha procurado mantener los componentes de la dieta tradicional. Gracias a iniciativas de la sociedad civil y el Gobierno se han realizado campañas en los medios de comunicación, por ejemplo programas de televisión para promover el consumo de alimentos locales, los métodos de cocina tradicionales y la necesidad de apoyar a los agricultores locales.

«Si consideramos la espectacular mejora de la salud cardiovascular que, por ejemplo, han experimentado los japoneses y los finlandeses en los últimos decenios, podemos ver que poblaciones enteras han podido mejorar significativamente su situación sin ningún cambio en su dotación génica», dice el Dr. Murray. Está claro que los factores más importantes que hay que tener en cuenta son el régimen alimentario, el ejercicio y la reducción del consumo de tabaco y de la ingesta de alcohol.»

El Informe sobre la salud en el mundo 2002 gira en torno a los riesgos para la salud. En el informe se presentará una escala de los principales factores de riesgo mundiales y medidas costoeficaces para reducirlos, señalándose en detalle la reducción de la mortalidad y de la discapacidad que puede resultar de un enfoque de los problemas de salud centrado en el riesgo. El informe se hará público el 30 de octubre.

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1. Véase el gráfico titulado «Tensión arterial, colesterol y enfermedades cardiovasculares» para tener una representación visual de este concepto.

2. Véase el gráfico titulado «Distribución de la tensión arterial y el colesterol atribuibles a los niveles de exposición» para tener una representación visual de este concepto

3. Véase el gráfico titulado «Riesgo continuo: tensión arterial, colesterol y riesgo de cardiopatía coronaria», donde figuran ejemplos de cómo el riesgo de enfermedades cardiovasculares sigue reduciéndose espectacularmente incluso por debajo de los umbrales estándar.

4. Véase el gráfico titulado «Estudios de casos de cambio de distribución y morbilidad cardiovascular en Finlandia y el Japón», donde se muestra cómo el Japón y Finlandia han bajado sus riesgos en poblaciones concretas.

Para obtener más información técnica se puede tomar contacto con los siguientes expertos de la OMS:

Dr. Christopher Murray, Director Ejecutivo, Pruebas Científicas e Información para las Políticas, OMS; móvil: (+41 79) 217 3462; tel. oficina (+41 22) 791 2418; e-mail: murrayc@who.int.

Dr. Anthony Rodgers, Consultor de la OMS, móvil: (+64) 21 677 486; tel. particular (+64) 9 6233 792; tel. oficina (+64) 9 3737 599, ext. 4716.

Dr. Alan Lopez, móvil (+41 79) 217 3448; tel. oficina (+41 22) 791 2374; tel. particular (+41 22) 362 4274.

Dr. Majid Ezzati, tel. (+1) 202 328 5004.

Dr. David Evans, móvil (+41 79) 217 3447; tel. oficina (+41 22) 366 4272.

Los periodistas también pueden llamar a los oficiales de prensa de la OMS en Ginebra:

Thomson Prentice, Gestión y Difusión de la Información Sanitaria, tel. (+41 22) 791 4224 ó (+41 79) 244 6030, e-mail: prenticet@who.int;

o Melinda Henry, Oficial de Información, Oficina de la Directora General, tel. (+41 22) 791 2535 ó (+41 79) 477 1738, e-mail.: henrym@who.int.

En los Estados Unidos, se puede contactar

a Ian Larsen o a Marshall Hoffman, tel. (+1) 703 820 2244.

En el Canadá,

a Terry Collins, tel. (+1) 416 538 8712.

En el Reino Unido,

a Juliet Heller, tel. (+44) 7946 616150.

NOTA:

Se pueden obtener por correo electrónico o en Internet gráficos suplementarios, inclusive aquellos a que se hace referencia en las notas de pie de página de este documento. Sírvase dirigir el navegador a www.hoffmanpr.com o contactar a ian@hoffmanpr.com

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